Capítulo 87

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Liam apoyó el mentón sobre sus nudillos entrelazados. Con los codos clavados en su sillón de cuero de su despacho y la mirada perdida.

-Entonces... -se hizo ver el hombre frente a él, esperando su atención- ¿qué debo hacer?

Volviendo a los negocios, Liam se incorporó para mirar al ejecutivo frente a él. Para todos en esa empresa era el hijo del jefe y no podía permitirse distracciones. Ni aunque fuera un moreno de largas piernas y sonrisa hipnótica que lo hacía obsesionarse con él noche y día. Aunque él se viera de lo más feliz con otro hombre.

No podía juzgarlo. Solo los había visto irse juntos en su auto. Además, Zayn se suponía que estaba con Niall ¿No? Ese era el motivo por el que Liam se había alejado de él. Para que pudiera ser feliz junto a su verdadero amor. Y si no estaban juntos... Entonces él solo habría sido un imbécil que había dejado el campo libre a otros más inteligentes. Y no dudaba de que Michael hubiera aprovechado la oportunidad. Nunca le había gustado ese tipo.

-Déjame tu propuesta y la estudiaré -aseguró Liam con un tono de autoridad que esperaba que fuera convincente.

-Yo desearía explicarle más detenidamente algunos detalles

Y él desearía saber de lo que estaba hablando. Pero era incapaz de concentrarse en lo que ese hombre le estaba contando. Así que la mejor opción era largarlo de su despacho

- Tengo muchos asuntos que atender -dijo Liam, ignorando una risa sardónica de su secretario- Déjamela y mañana te daré una respuesta.

Una vez que el hombre dejó la carpeta sobre la mesa y salió por la puerta, Zack se sentó sobre la esquina más cercana a él y lo miró atentamente

- ¿Asuntos que atender? -se burló el chico colocando sus manos sobre sus caderas - ¿Como escabullirte para ir a espiar a un chico de enormes ojos avellana?

A Liam no le agradaba que lo conociera tan bien. Y aún menos que le recordara los bellos ojos de Zayn. Así que se limitó a gruñirle y poner toda su atención sobre la carpeta en sus manos.

-¡Oh, no! Eso ya lo has hecho. Ahora es cuando te pasas el resto del día lamentándote por lo que crees haber visto –se burló Zack, muy serio.

-Tengo mucho trabajo que hacer y tú también -protestó Liam, dirigiendo toda su furia hacia el chico.

-Sí, sí. Lo que tú digas. Tú eres mi jefe y yo te obedezco.

Liam puso los ojos en blanco ante el sarcasmo. Lo último que esperaba era que su cuñado le obedeciera en algo. No conocía a un hombre más independiente que él. No seguía órdenes de nadie y siempre hacía lo que creía más correcto, aunque eso perjudicara a otra persona. Nunca se arrepentía de nada de lo que hacía porque decía que si lo había hecho era porque lo creía correcto y arrepentirse de hacer las cosas bien era una estupidez. Si no favorecía a otra persona se limitaba a encogerse de hombros y decir que el mundo no era perfecto y continuaba con otra cosa ¡Aún no entendía como el cabeza loca de su hermano había conseguido a tal hombre! Estaba claro que Justin tenía una buena excusa para querer sentar cabeza. Zack era un chico increíble. Pero la relación de su cuñado y su hermano le parecía algo desequilibrada.

-El día que eso pase le daré gracias a Dios y recuperaré la fe -replicó Liam, regresando a la conversación, más relajado.

-¡Oh, mala persona! Pareces un ser humano gracias a mis atenciones y en lugar de agradecérmelo me has gruñido toda la mañana ¡Podrías dar las gracias! O recompensarme -repuso con una sonrisa pícara el chico.

-¡Ni hablar! ¡No te pienso invitar a cenar! -exclamó el hombre viendo por donde iba su secretario.

-¡Malo! -protestó el chico haciendo pucheros.

-Prefiero ser malo que acabar en la ruina. No sé cómo puedes comer tanto y caber en ese ajustado pantalón –afirmó con expresión sorprendida, el muchacho.

-¡Es elástico! -explicó Zack, pellizcando un trozo de tela de su muslo y estirándolo para demostrarlo, con una sonrisa infantil.

Tenía que admitir que tenía el poder de hacerlo reír en los peores momentos. Eso bien merecía una cena. Además, ambos sabían que acabarían pidiendo comida para llevar y se sentarían durante horas mientras Liam le contaba lo que había visto esa tarde.

-Si quieres podemos pedir comida en el chino de abajo de casa -sugirió Liam levantándose.

-¿No habías dicho que tenías mucho que trabajar? -le recordó con una sonrisa burlona- Lo que tú quieres es hacer que me sangren los oídos con tu cháchara de siempre, de lo mucho que lo amas y lo imposible que es su amor- suspiró Zack antes de sonreír ante una idea- ¿Chino? Podemos pedir unos tallarines fritos, un pan de gambas, un pollo con almendras y un par de rollitos de primavera ¡Oh, y algo para ti también!

Liam quiso replicar, pero se limitó a agarrar a su cuñado que daba saltos de alegría ¡Aún le sorprendía lo feliz que se ponía ese hombre cuando escuchaba hablar de comida! Empezaba a pensar que no tenía fondo.

Acabó desilusionándolo, al tener que atender a un cliente de última hora. Le prometió llevar la cena a casa y así opacar un poco su furia. Era más que consciente de que si no quería perder una extremidad era mejor que se dejara el sueldo en esa comida. Pediría todo lo que hubiera en la carta y así no tendría que temer mientras dormía.

Como muchas veces pasaba, se citó con un cliente para tratar sus asuntos mientras tomaban una copa. Para desgracia de él, el lugar elegido estaba justo enfrente del local en el que trabajaba Zayn. Tenía la esperanza de que al no ser fin de semana Zayn no trabajara. Pese a haberlo visto esa mañana allí.

No tuvo suerte. Y tras terminar apresuradamente su reunión, acabó encontrándoselo en el aparcamiento.

Zayn no estaba seguro si la alucinación de esa tarde había aumentado o verdaderamente Liam estaba frente a él. Sin pensar caminó hasta él como un autómata. Con el ceño fruncido, examinó cada detalle de él. Tenía el pelo más largo, aunque parecía que intentaba domar su cabello, no lo conseguía del todo. Estaba bien afeitado aunque era ya evidente una sombra en su viril mentón, que marcaba sus facciones cansadas. Era tan atractivo y masculino como lo recordaba. Y más. No lo ayudaba en lo absoluto, el verlo vestido de traje de chaqueta.

Un escalofrío recorrió su columna vertebral al deslizar la mirada por la cara ropa que se amoldaba al apuesto hombre como un guante. Verse así tenía que ser ilegal, seguro.

Liam se quedó rígido al verlo. Fue incapaz de dar un paso al darse cuenta de que Zayn lo había reconocido. Y su cuerpo se tensó aún más al verlo acercársele. La rigidez fue aún peor en su entrepierna al pasear la mirada por la ceñida ropa que traía puesta, que le recordaba cada parte de su cuerpo que había podido saborear en tantas ocasiones. Y que tanto añoraba. Y deseaba ¡Se veía perfecto! Tanto que no supo cómo fue capaz de estar allí quieto y mirarlo en lugar de correr para abrazarlo.

Zayn continuó contoneando su espectacular cuerpo hasta él. Al principio más tímidamente, indeciso, puede que sorprendido. Después apareció un brillo en sus ojos y una sonrisa pícara en su rostro que le decía que había recuperado el control de sus movimientos y se acercaba voluntario y sensualmente a él.

- Hola Liam...

Más Que Amigos, Menos Que amantes. Ziam¡Lee esta historia GRATIS!