12.Horrocrux destruido

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El animal vino hacia mí, con la hermosa cabeza en alto, y distinguí sus enormes ojos de largas pestañas. Jamás había admirado tanto el patronus de Cloe.

Miré a la criatura maravillado, el impulso de llamar a gritos a Hermione, tan fuerte un instante antes, desapareció.

Nos miramos el uno al otro largamente, y luego el patronus dio media vuelta y se alejó.

Yo:Cloe, no te vayas -supliqué con la voz ronca después de tanto rato sin hablar-. ¡Vuelve!

La criatura continuó alejándose entre los árboles, y los troncos dibujaron gruesas franjas negras sobre el resplandor. Tembloroso, decidí seguir a la cierva.
La nieve crujía bajo mis pies, pero el patronus no hacía ruido alguno al pasar entre los árboles, porque sólo era luz. Fui adentrándome en el bosque, y aceleré el paso, convencido de que cuando el animal se detuviera, me permitiría acercarme a ella.
Por fin la criatura se detuvo. Giró una vez más su hermosa cabeza hacia mi, que eché a correr hacia ella. El patronus se desvaneció y todo quedó oscuro.

Yo:¡Lumos! -susurré, y el extremo de la varita se iluminó.

Algo centelleó iluminado por mi varita, y me volví rápidamente, esperando con ansias la presencia de mi hermana, pero lo único que vi fue una pequeña charca helada, cuya resquebrajada y negra superficie brilló cuando levanté más el brazo para examinarla.
Caminé hacia la charca con cuidado. El hielo reflejó mi silueta y la luz de la varita; en el fondo, bajo la gruesa y empañada capa de hielo gris, brillaba otra cosa: una gran cruz de plata...

Me dio un vuelco el corazón. Me dejé caer de rodillas en la orilla e incliné la varita para que su luz llegara hasta el fondo. Vi un destello rojo intenso, una... espada con relumbrantes rubíes en la empuñadura. La espada de Gryffindor yacía en el fondo del agua.
Casi sin respirar, me quedé mirándola fijamente. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía haber acabado en el fondo de la charca de un bosque, tan cerca del sitio donde habíamos acampado? ¿Habría Cloe sabido todo este tiempo donde se encontraba la espada y me guió con su patronus? No, no creo que haya echo eso, además, ni siquiera tiene varita. Pero ella es la única que tiene un patronus de cierva...

Apunté el hielo con la varita y murmuré: «¡Accio espada!»
Pero la espada no se movió, aunque tampoco confiaba en que lo hiciera. Caminaba de un lado a otro pensando en que hacer, hasta que no tuve más remedio. Con dedos temblorosos, fui quitándome las diversas capas de ropa que llevaba puestas. Mientras me desnudaba, una lechuza ululó en la distancia, y sentí una punzada de dolor al acordarme de Hedwig y Brandy. Temblaba de frío y los dientes me castañeteaban de una forma espantosa, pero seguí desvistiéndome hasta quedar en calzoncillos, descalzo sobre la nieve. Encima de la ropa dejé el monedero que contenía mi varita y la vieja snitch, y luego apunté hacia el agua con la varita.

Yo:¡Diffindo!

El hielo se rajó con un sonido semejante a un balazo y resonó en el silencio; la superficie de la charca se rompió y algunos pedazos de hielo negruzco se mecieron en las ondulantes aguas. Para no imaginarme el frío que iba a tener, me tiré de una vez.
El frío me propinó un latigazo de dolor, y al sumergirme tuve la impresión de que el cerebro se me congelaba. Busqué a tientas la espada y, por fin, la tomé por la empuñadura y tiré de ella.
En ese momento algo me rodeó el cuello y me lo apretó con fuerza. Creyendo que serían algas, aunque no había notado que me rozaran al sumergirme, intenté deshacerme de ellas con la mano libre. Pero no eran algas, sino la cadena del Horrocrux, que se había tensado y, poco a poco, me obstruía la tráquea.
Patalee con todas mis fuerzas tratando de alcanzar la superficie, pero sólo conseguí impulsarme hacia el lado rocoso de la charca. Debatiéndome y asfixiándome, tiraba la cadena que me estrangulaba, aunque tenía los dedos tan helados que no lograba quitármela, y empecé a ver lucecitas. Estaba a punto de ahogarme, no había escapatoria, y los brazos que me rodeaban el pecho sólo podían ser los de la muerte.
Cuando recobré el conocimiento me hallaba boca abajo sobre la nieve, tosiendo y con arcadas, empapado y helado como nunca; cerca de mí había alguien que también jadeaba, tosía y se tambaleaba. Supuse que Cloe o Hermione me habían salvado, pero esas tos no era de chicas...
No tenía fuerzas para incorporarme y ver quién me había salvado. Lo único que logré hacer fue acercarme una temblorosa mano al cuello y palparme la herida producida por el guardapelo. Al tocarme, comprobé que ya no llevaba la cadena; alguien la había cortado. Entonces una voz dijo entre resuellos:

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