Parte XXXX

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*** perdón la demora, sé que me toma semanas actualizar, pero con el trabajo me queda poco tiempo para escribir :( ***

...

Madres

Un monumento de mil metros y hecho en oro puro. Eso merecía Ian, y mucho más.

O al menos eso pensaba Lucianna, quién luego de haber decidido ir a Milán en un viaje flash, muy poco planeado, creyó que dejar a Emilia con Ian era una idea mejor. Si bien le hubiera gustado que Emi viera a su bisabuela no tenía certeza de cómo saldrían las cosas. Nunca se podía estar seguro con Rafaella.

Emi rezongó como una viejita gruñona. Quería ir a Italia y ver a la nona Lucía, pero más que nada no quería apartarse de mami (y subirse al avión, le había gustado la primera vez). Lu no podía convencerla, gracias a Dios David había estado ahí le había prometido a Emi ir a ver La cenicienta al cine. No es que le gustara la idea de las princesas, pero le encantaba la idea de ver películas en la pantalla grande.

- las princesas son aburridas, no hacen nada, los príncipes hacen todo lo divertido- Emi se encogió de hombros despreocupada. David y Lu se miraron asombrados ante las palabras de la niña- mamá, yo no quiero ser princesa, ¿puedo ser un príncipe? Así pelearía con dragones y andaría a caballo y usaría una espada y sería muy fuerte- Lu se ahogó.

- por su puesto bebé, puedes ser lo que quieras- asintió Lu

- y ¿puedo ser un doctor de bichos? Me gustan los bichos-

- si bebé, como dije, puedes ser lo que quieras- David sonreía embobado, esa pequeña era demasiado ocurrente.

- y también pasearé tortugas y pintaré paredes y haré dibujos como mi mami y tocaré la guitarra como Jared y me tomaré fotos como David. ¿Puedo mami?-

Entre risas Lucianna asintió otra vez. Iba a extrañar a Emilia, ella era su fuerza y ahora que iba en búsqueda de respuestas la iba a necesitar más que nunca.

Milán, Italia.

De pie frente a su antiguo hogar, aquel donde partió una vez llena de sueños a un lugar extraño y al que volvió destrozada. La casa que le traía cientos de recuerdos de hermosa niñez juntos con millones llenos de amargura.

Todo por Rafaella.

A su edad seguía sin entender tanto odio y rencor por parte de su propia madre. Se imaginó por un momento siendo con Emilia la mitad de dura y distante que había sido su madre con ella y no podía soportarlo. Ningún niño merece tanto mal.

Tocó la puerta como si fuera una extraña. Así se sentía. Pero todo el nerviosismo cayó a sus pies cuando tras la puerta apareció una mujer mayor, cabello blanco brillante en una melena semi ondulada. Llevaba unas gafas de diseñador bastante llamativas y una blusa con un pantalón a juego. Sin duda la nona Lucía sabía cómo verse genial a sus 70 y tantos (según ella 60, pero eso ya ni ella lo creía)

- Nona…- la voz de Lu se quebró, y no pudo hacer más que abrazar a su abuela. La única persona, junto con Emilia, que le había dado amor incondicional y que jamás la había herido.

- e tu, che ci fai qui? – dijo intentando sonar molesta, pero era imposible, en su voz sólo cabía el amor.

- no tienes idea nona… deja que te cuente…-

Lucianna le contó todo lo ocurrido desde que llegó a Los Ángeles. Incluso sobre Jared y David. Con la nona no había secretos.

A little piece of heaven, a little piece of you¡Lee esta historia GRATIS!