Cambios

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Todo iba bien para los Adams, o eso creían, Will ya tenía un nuevo empleo, las niñas tenían escuela y Libby una casa por pintar y decorar a su gusto.
Era un nuevo día, una nueva vida, todo era hermoso esa mañana, Will se levantó y camino hacia la cocina, esperando encontrar a su esposa, y lo hizo.
-¿Qué tal, guapa?- dijo Will, en una pose coqueta, tratando de sacar una sonrisa de Libby.
- Eso mismo te pregunto.- dijo Libby en un tono cortante y triste.
- Libby, esto ya lo hablamos, en este lugar tenemos mejores oportunidades, tú, yo, las niñas.
- ¿Realmente lo crees?- dijo ella.
- ¡Claro que lo creo!
- Esta bien. Ve y toma tu desayuno.

Will se dirigió campante hacia el comedor y le dio un beso en la frente a cada una de sus hijas.
- ¡Papá! Al fin despertaste- dijo Beatriz, la pequeña de 10 años.
- Claro que desperté, ¿cómo iba a dejar a estar bellezas desayunando solas?
- Papá, Beatriz y yo encontramos algo en la casa.- dijo la otra pequeña de 6 años, Julie-
- ¿Así, qué es?

Julie tomó a su papá de la mano y lo llevó hasta un lugar de la casa junto a Beatriz.
Lo llevaron a una pared, donde esta terminaba, allí se encontraban marcadas las estaturas de los niños o niñas que antiguamente habitaban ahí.

- ¿Qué crees que habrá pasado con ellos, papi?- dijo Julie, mirando fijamente a su papá.
- No lo sé nena.- respondió.

Cuando Will se dio la vuelta para volver al comedor, vio por la ventana salir a una de sus vecinas, una mujer rubia, tez blanca, alta y delgada, creyó conocerla de alguna parte. No quiso tomarle más importancia y volvió al comedor.

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