Capítulo 80

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Todo lo ocurrido con Harry y Louis hizo pensar a Zayn ¿por qué se había involucrado en una relación cuando se había prometido nunca hacerlo? ¡Además estaba enamorado! ¿Es que era imbécil? ¿Nunca escarmentaría? La felicidad no existía y mucho menos para él. Eso lo había aprendido hacía muchos años. No se podía confiar en nadie y mucho menos en aquellas personas que crees amar. Esta vez no era una excepción.

Recogió su abrigo y se dispuso a ir a trabajar. En los últimos días pasaba más horas de las necesarias en la empresa, con la excusa de querer dar una buena imagen. La realidad era que no quería volver a casa y encontrarse con Liam. Por alguna razón, el solo verlo lo hacía hervir la sangre ¿No podría amarlo tanto como él lo hacía y así poder dejar ese maldito miedo que lo consumía? ¡Oh, no, claro que no! Liam volvería a hacerle daño como todos hacían cuando él bajaba la guardia. Pero esta vez no se lo permitiría. Habían pasado muchos años y Zayn era mucho más maduro como para dejarse vencer tan fácilmente.

-¿No es demasiado temprano para irte? Apenas has terminado de almorzar -protestó Liam, manteniendo un tono suave, que había aprendido en esos días a fingir.

-¡Tengo prisa! -dijo Zayn sin más, saliendo del departamento.

-¡Como no! -suspiró Liam mirando la puerta cerrada por la cual había salido su novio.

Empezaba a acostumbrarse a hablarle a las paredes. Solían tener respuestas más amenas de las que Zayn le procesaba. Estaba evitando hablar sobre el tema porque sería como abrir la caja de Pandora. Sabía que una vez empezaran a hablar no se acabaría la discusión hasta que estuviera todo aclarado y estaba seguro de que no sería en su beneficio. No podía imaginarse qué era lo que le ocurría. Era posible que se hubiera hartado de él y que lo considerara un lastre. El fin de semana anterior le había dicho claramente que no deseaba que fuera al "Ritual" porque lo distraía del trabajo. Pero sabía que lo que le pasaba era que no quería verlo. Posiblemente allí, rodeado de solteros guapos y ricos, se olvidara de que tenía un compromiso.

¿Compromiso? Pero ¿tenían tal cosa? A lo mejor habría sido más prudente seguir siendo solo amigos. Al menos así no lo perdería. Durante años lo había tenido más cerca que a ningún otro y él se había sentido el único en la vida de Zayn. Pero ahora que debería ser así, se sentía más solo que nunca. Zayn no lo amaba y él tendría que aprender a asimilarlo. Pero ¡aún no! Todavía no estaba preparado para alejarse de él. Aún tenía la esperanza de que todo cambiara y que solo fuera un malentendido. Una mala semana. O cualquier otra estúpida razón que le diera la posibilidad de estar a su lado.

Tras recoger sus cosas decidió distraerse en el trabajo y como hacía en las últimas semanas, se marchó para la empresa de su padre para no volver hasta entrada la noche. Y como todas las noches Zayn aun no había llegado. Suspiró cansado y se acostó. Si Zayn no quería verlo, era una estupidez esperarlo despierto. Aunque era imposible no hacerlo.

Dos horas después de haberse acostado lo escuchó llegar. El traqueteo de sus zapatos sobre el suelo, le decía que estaba en la cocina preparándose algo para comer antes de dormir. Su cuerpo se endureció al instante con la imagen del esbelto moreno contoneándose por la cocina. Le encantaba observarlo mientras cocinaba. Sus caderas balanceándose de un lado a otro en busca de los miles de condimentos que utilizaba normalmente, o la manera en que le caía el pelo sobre la frente y él intentaba retirarlo con una sensual sacudida, lo hacía gemir. No soportaba tenerlo tan cerca y a la vez no tenerlo en absoluto. No sabía cómo lo haría para no abalanzarse sobre él cuando entrara en la habitación. Cuando se cambiara y se acostara con su diminuto bóxer... ¿Cómo demonios había resistido en esas semanas? Tenía que recurrir a su autocontrol. No podía...

Un gemido de placer se filtró hasta llegar a él. Recordó haber comprado el postre favorito de Zayn. Probablemente en ese momento estaría comiéndolo, saboreándolo... Su cuerpo vibró dolorosamente, se levantó de un salto de la cama y caminó hacia la cocina. Con paso pesado y mirada desenfocada de deseo, lo encontró sentado en una butaca lamiendo sensualmente una cucharita como si fuera el mejor de los manjares. Sus labios no dejaban de torturarlo, relamiéndose. Cualquier rastro de cordura desapareció en él. A una velocidad imperceptible llegó a Zayn, haciéndolo levantarse y apretándolo contra él. Era suyo, ¡todo suyo! Y no hablaba el hombre sino el animal posesivo en él. Lo deseaba, lo amaba y no era capaz de apartarse de él. Tenía que tenerlo allí y en ese momento.

Más Que Amigos, Menos Que amantes. Ziam¡Lee esta historia GRATIS!