8. compañero de habitación

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Estoy envuelta en oscuridad, todo lo que pasa a mi alrededor es para mí muy lejano, las voces de los que yo pienso son médicos se escuchan como murmullos, apenas entendibles.

Pero de algo si estoy segura; piensan que estoy loca.

Y no los culpo, quien no lo pensaría después del relato que di de la muerte de mi madre, aunque sea cierto nadie creerá que unas voces que había en mi cabeza la asesinaron, no creerán que ellas me tienen aquí, en un hospital.

Simplemente parece un cuento narrado por una chica loca que busca un poco de atención, o una chica que le encanta leer y quiere crear su propia novela, cuento, historia.

Pero no, esa es mi realidad y nadie la creerá. Además, el hecho de estar en un hospital no es lo único que me preocupa; lo más preocupante es que las causantes de esto (mis voces) no han hablado en mi mente, no se han reído, no han gritado, todo es silencio, tranquilidad, realmente parece que se han ido. Pero, yo no tengo tan buena suerte.

Y pensar que al principio eran mis consejeras, las que me daban fuerzas para abrir un corte en mis brazos, eran mis amigas; eran, porque se ahora son mi peor pesadilla, son mi propio fantasma, me han encerrado en una película de terror y temo que no podré salir de ella.

Quiero que desaparezcan, que se vayan, no quiero volver a escucharlas, temo por lo que puedan hacerme, nuevamente soy yo contra el mundo y en este caso soy yo contra ellas, que son tan poderosas, no hay nadie conmigo, estoy totalmente sola, mi madre se ha ido al igual que mi padre, me han dejado aquí en este infierno, en esta mierda de vida. Pero ella siempre me dejo sola ¿Por qué quiero que ahora mi madre esté conmigo?

Tal vez solo quiero que todo fuera como antes, cuando era niña, deseo que mi madre pudiera abrazarme y que me susurrara palabras alentadoras, que me hiciera olvidar por un momento lo que estoy viviendo. Pero es imposible, ella se ha ido; para siempre.

***

Al fin he tenido las fuerzas suficientes para abrir mis ojos, al hacerlo he quedado segada por la fuerte luz que entra por una de las ventanas. No hay nadie en la habitación, estoy sola, todo es silencio; lo único que se escucha es mi respiración junto al constante pitido de la máquina que está conectada a mí, marcando los latidos de mi corazón.

Todo es como el típico hospital, blanco, frío, con un olor raro característico de estos lugares. Aunque trato de mover mi brazo no puedo, es como si una fuerza sobrenatural lo dejara pegado a la cama, pesa como si fuera de cemento — ¡Oh demonios! —mascullo al sentir una punzada en mis costillas, ahora mi cabeza es la que duele.

¿Qué pasa?

La princesa ha despertado

Han vuelto, mis demonios han vuelto.                     

No, tus demonios no, solo un demonio, es singular porque uno de nosotros anda por ahí, vigilando cada movimiento que haces, yo solo estoy aquí para atormentarte.

Gimo. Olvido las voces en mi cabeza porque el dolor es insoportable, me duele respirar — Ha despertado — dice una voz femenina que me hace abrir los ojos y cuestionarme en que momento los había cerrado — Tranquila, no se mueva — dice mientras inyecta algo en el tubo de intravenosa.

Poco a poco el dolor va disminuyendo, hasta el punto en el que no siento nada; siento que estoy flotando entre las nubes, me siento como una pluma; libre, delicada y frágil.

Mis ojos vuelven a sentirse pesados — No lo cierres, no quiero dormir de nuevo — me repito mentalmente. Mis ojos se cierran pero los abro. Estoy rozando la línea del sueño, sintiendo como caigo lentamente en la oscuridad, hasta que al final Morfeo es más fuerte que yo. Quedo dormida. Nuevamente estoy encerrada en tinieblas, sin dolor, sin sentir, solo dormir tranquiliza mi sufrimiento, porque dormir es como morir por un tiempo.

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