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Cuando por fin nos separamos para tomar aire aproveché para besarle la comisura del labio.

―Caminaremos juntos hasta el infinito ―me susurró en la oreja.

―Hasta el infinito y más allá ―dije recordando la frase de una película de cuando era niña.

―Dicen que el infinito es el comienzo de la eternidad.

Y era cierto, todo debía tener un inicio y un final, ese era el equilibrio.


Ya habían pasado más de dos horas en casa de mi alma gemela y quería estar en la mía antes de cenar.

―Tengo que volver a casa pero prometo venir a verte cuando pueda aunque dentro de poco empezaré de nuevo las clases con el nuevo curso y...

Hizo una pinza con los dedos impidiéndome que continuara hablando.

―Me voy contigo, me quedaré en la cabaña. ― vi un brillo en sus ojos. ―No soportaría estar alejado de ti y estaría muy preocupado con la loca psicópata chupasangre deambulando por el mundo con las puntas del pelo abiertas.

Reí.

―Estaré bien Koda, lo prometo. Dile a Tala de mi parte que te cuide o le arranco los pelos ―besé su mejilla―. Prefiero que te quedes aquí con los tuyos y vigiles a Leo. Parece un buen tío pero no se sabe, quizá esté confuso y proporcione información que no debe.

El chico asintió.

―Si eso es lo que quieres...

―Es lo mejor ―acaricié su bello rostro.

Me levanté del sofá blanco e hice ademán de salir por la puerta pero me detuve un instante, me volví y lo miré por última vez. Después entreabrí los labios para susurrar algo que tenía muchísimas ganas de que supiera.

―Te quiero.

Y sin decir nada más y apartando mis ojos de los de él, franqueé la puerta dejándole con las palabras en la boca.


Ya llevaba corriendo media hora y estaba cerca de la hora de la cena cuando volvía a oler aquel apestoso olor a metálico.

―Vaya por Pohanna... ―suspiró ella― Sigo con hambre.

―Pues come chica, come, pero que sea fuera de este estado ―le sugerí― ¿Has probado la sangre animal? Así adelgazarías y lograrías bajar esos quilitos de más... Ah no, que por mucho que lo intentes tendrás siempre esa figura...

―Puedes estar segura que de comer, comeré y por lo segundo me da que va a ser aquí y ahora en este mismo estado, Oklahoma. Y por cierto, quizá yo me quede siempre con este cuerpo pero tu vas a quedarte sin ese horrible pelaje que llevas.

La vampiresa fue rápida pues en un abrir y cerrar de ojos desapareció de mi campo de visión pero... no ver no impedía que no pudiera escuchar.

―Pagarás por ello.

Y una vez más se abalanzó sobre mí y aunque tenía buenos reflejos sentí como algo afilado y duro se incrustaba en mi cuerpo.

― ¡Gilipollas! ―exclamé en pensamientos― ¡Me has mordido!

―Ojo por ojo, diente por diente y suerte con tu muerte. La disfrutaré más que la de Akasha: aún veo en mi mente sus ojos suplicando clemencia. Por un momento dudé pero luego recordé como intervino en mi camino y adiós Akasha ―río con histeria―. Por ser una insignificante humana le ahorré el sufrimiento partiéndole el cuello, apenas se enteró... Sin embargo, tú, niñata, has matado a mi hermanita y vas a pagarlo bien caro.

SANGRE DE LA LUNA¡Lee esta historia GRATIS!