CAPÍTULO 14

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Estaba en el interior de la casa de Koda. Era espaciosa pero no tan grande como la mía.

―Siéntete como en casa ―sonrió de la misma forma que hacía siempre. No parecía alterado, estaba tranquilo, calmado.

―Siento todo lo de antes pero Monika, al igual que otros pocos vampiros, puede leernos la mente. Debía de hacer creer que estaba en contra y de mala leche.

Me costaba un poco asimilar aquello.

― ¿Y no lo puede hacer ahora? ―negó con la cabeza a la vez que se estiraba en el sofá blanco.

―Solo en nuestra forma lobuna ―abrí los ojos como platos. ¿Era aquello posible?

―Te he echado de menos, Magena. ―confesó encogiéndose de hombros.

Me puse muy contenta de escuchar aquello además de sonrojarme. Koda, mi Koda había vuelto. Pensaba que había perdido su humanidad por que sí, nunca había dejado de ser el pero era como si no tuviera sentimientos. Sabía que tuvo que fingirlo pero lo hacía tan bien que resultaba muy convincente.

Me acercó a él y quedamos abrazados. No estaba incómoda, al contrario, tenía calor.

― ¿Conoces personalmente a Monika? ―pregunté con curiosidad― Háblame sobre él y ella.

Se pensó las cosas dos veces antes de responder.

―Salió con Leo hará unos dos años y la dejó cuando conoció a Akasha y sucedieron... cosas ―suspiró―. La conocí hace años, era una tía maja aunque ama con mucha fuerza y pasión pero también es destructiva. La persona que la convirtió era su pareja y cuando se enteró de que estaba con otra chica se lo cargó.

Sí, eso de amar con fuerza y pasión era cierto por lo visto pues en los pensamientos de Matt pude comprobar por mí misma la preocupación que sintió cuando él le pidió que lo transformara aunque pensé que era normal, se sentía traicionada aunque supiera que aquello que pasó era inevitable.

―La mataré ―dije decidida.

―La mataremos ―me corrigió, sonriendo.

Esa sonrisa, por mínima que fuera, resultó ser de lo más encantadora. Cada vez que simplemente me miraba sentía una oleada de sensaciones; felicidad o quizá entusiasmo, ¿ilusión tal vez? No estaba segura pero sí que sabía que el motivo era él, debía ser él.

―Oye... En cuanto a lo de antes. ¿Qué va a pasar con nosotros? ―apenas se me escuchó en el salón de su casa.

―No lo sé. El destino ha sido quien nos ha puesto juntos en este camino y depende de los dos continuar caminar juntos ―acercó su rostro al mío―, y si tu no quieres caminar a mi lado, me veo con la energía suficiente para caminar por los dos.

Literalmente me dejó sin palabras, ¿cómo podía existir alguien tan perfecto?

―Te quiero ―confesó, encogiéndose de hombros.

¿Confesar? Eso ya lo sabía, y yo también lo quería, desde el primer instante en el que nuestros ojos se encontraron pero aun así me hizo muy feliz escucharlo.

―Pensé que nunca me lo dirías ―aproximé más nuestros rostros, nuestros labios casi se rozaban y sentía su aliento junto el mío.

Y entonces sucedió, nuestras bocas se juntaron y encajaban a la perfección, como dos piezas de puzzle. Nos besábamos con dulzura y con miedo, con el temor que hacer algo que estropease el momento aunque eso era imposible, el momento fue mágico. Poco a poco el beso fue cobrando intensidad, desesperación y pasión. Nuestras lenguas danzaban juntas, buscándose con ansias: disfrutabamos del hecho de poder poseernos las bocas.

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