Capítulo 21: "Macabra".

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-¿Qué quieres desayunar? -me preguntó amablemente. Arqueé una ceja y él sonrió-. Cola-cao, ¿verdad? -asentí con la cabeza y le empecé a preparar un café mientras él preparaba un vaso de leche con Cola-Cao.

-¿Quién de tu casa bebe Cola-Cao? -le pregunté. Dejó de remover y se quedó mirándo la bebida color chocolate.

-Mi hermana bebía -dijo. Después cerró los ojos por un par de segundos y me entregó mi vaso, mientras yo le entregué el suyo. Nos sentamos en la mesa de su cocina y pegué un trago a la bebida.

-¿Dónde está tu hermana? -le pregunté. Él pegó un trago a su café y después me miró la cara.

-Es una historia larga... No quiero aburrirte -me dijo

-Nunca me has aburrido y no creo que lo hagas -le contesté. Él puso una sonrisa de medio lado y después volvió a poner su rostro serio.

-Mi hermana y yo estábamos muy unidos. Mis padres lo único que hacían eran salir a fiestas y volver muy tarde. Casi nunca estaban con nosotros. Mi hermana me lleva diez años, y siempre ha sido muy protectora conmigo. Una vez, cuando yo tenía diecinueve años, mi hermana salió de fiesta, y aunque le dije que tuviera cuidado, no lo tuvo. Aunque ella tuviera casi treinta años, era muy despistada. A la mañana siguiente, me desperté porque la oí a ella vomitar. Al principio pensé que fue por el alcohol, y ella también. Hasta que los vomitos se fueron prolongando. Le sugerí que fuera al médico, a lo que ella me contestó que no hacía falta, que se encontraba bien. Pero mi madre una vez la vió vomitando, y ella le dijo que tenía que ir al médico. El médico le dijo que estaba embarazada. Mi madre preguntó que de quien y ella le dijo que no lo sabía. Mis padres la despreciaron, y un día amaneció su cama vacía junto con una nota que ponía que se iba de casa. Llevo desde entonces sin verla -busqué sus ojos, que tenían una oscuridad absoluta. Alcancé su mano y se la acaricié. Él sonrió forzadamente.

-¿Te gustaría volver a verla? -sin levantar la vista, asintió con la cabeza-. Tranquilo William. Sé que no te puedo pedir que lo estés, pero... Inténtalo.

-Vale -dijo sécamente.

-William... sé que puedo parecer pesada... -dije intentando cambiar de tema-. Pero, ¿qué somos? -él rodó los ojos y después sonrió.

-Dos personas que se atraen, que se desean sexual, física y mentalmente, que se encantan, que se gustan... que quieren estar juntas -reí.

-Creo que sí, somos eso -me regaló una sonrisa.

-Te llevo a casa si quieres -dijo levantándose. Asentí con la cabeza-. Voy a vestirme, ahora vuelvo -volví a asentir. Cogí mi teléfono, y tenía muchas llamadas perdidas de Riley, Danna y Louis. Y de... ¿mi madre? En ese mismo momento me empezó a llamar.

-Hija, ¿dónde estás? -preguntó alarmada. Oh dios mío...

-C-con Louis mamá, ¿por qué? -hubo un silencio.

-Que raro, porque tu primo me ha llamado hace una media hora preguntando si sabía algo de tí, porque no habías dormido esa noche en casa de tus tíos -oh dios mío... -. Carlotta, ¿con quién estás?

-No te importa -le dije lo más bordemente posible.

-Carlotta, donde estás y con quién. Dímelo ya.

-No te importa -le volví a repetir. Después le corté. Miré hacia la puerta de la cocina y William estaba apoyado en ella.

-¿Problemas? -preguntó arqueando una ceja.

-Nada, es mi madre -le contesté. Pasé por su lado y me cogió de la mano.

-Te has convertido en una macabra que no duerme en su casa para irse a beber para luego hacer cosas con el chico con el que quiere estar... -me guiñó un ojo y reí. Salimos de su casa y me monté en la moto. Apoyé media cara en su espalda, y cuando pasaron seis o siete minutos, llegamos a mi casa. Me bajé, me acerqué a él y le dí un beso en la mejilla.

-Adiós tonto -le dije con una pícara sonrisa. Me atrajo a él atrapandome la mano y sonrió.

-¿Qué me has llamado macabra?

-Tonto -le contesté. Le dí un pico en la comisura de sus labios y sonreí-. Entonces, ¿cual es tu secreto?

-Que me gustaría hacerte tantas cosas como Christian Grey le va a hacer a Ana -reí. Cuando me iba a alejar, él me atrajo de nuevo y me dio un beso apasionado, metiendo su lengua por toda mi cavidad bucal.

-¿Interrumpo algo? -mi madre. Su voz. Me separé corriendo de William, y ahí estaba ella, mirándome a mí.

-¿Qué haces aquí mamá? -le pregunté temblando. William me cogió de la mano, sin importarle que mi madre estuviera aquí. Sonreí por un segundo.

-Descubrir donde ha pasado la noche mi hija. Veo que ya sé donde.

-No he pasado la noche con él -mentí-. Me estaba recogiendo ahora mismo.

-Sí claro. ¿Y con la ropa que llevas vas a salir ahora al medio día?

-Porque a tí no te guste no significa que a mí no -le contesté. En ese momento la puerta de la casa de mis tíos se abrió y salió Louis. Nos miró primero a William y a mí y después a mi madre.

-Tía Kim... -dijo Louis sonriéndo falsamente. Después la abrazó, y mientras nos miró seriamente a nosotros.

-Louis hijo, ¿puedes decirle a tu prima que deje de mentirme por favor?

-¿Por? -preguntó Louis separándose de ella.

-DIce que se va ahora mismo con este... chico -dijo mirándo de arriba a abajo a William. La fulminé con la mirada.

-Es verdad -mintió Louis. William y yo nos miramos y abrimos tanto los ojos como pudimos.

-Me dijiste que había pasado la noche fuera... -Louis se puso serio unos segundos y después empezó a reír durante cinco segundos sin parar para luego callarse y volverse a poner serio.

-Era una broma -dijo. Mi madre rodó los ojos y se iba a acercar a mí, pero hablé en ese mismo momento.

-Bueno, ya que estás aquí, mejor me quedo... -le dije intentando entrar a la casa de mis tíos. Miré a William y le abracé. Él pasó, como siempre, las manos por toda mi espalda. Cuando me iba a separar, me besó la mejilla.

-Claro que sí hija. Esta tarde me volveré hacia Oxford. Pero, chico desconocido que está enamorado de mi hija... -dijo mi madre. Ya me gustaría que estuviera enamorado de mí...-. Si quieres, podemos comer juntos, tú, Alli, Carlotta y yo.

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