Capitulo setenta y dos

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- ¿Ana? ¿Estás bien? -preguntó divertido Nash.

Se erguía junto a mi, imponente de no ser porque llevaba puesto el delantal de mi madre.

Yo me froté los ojos, torciendo la cabeza para alejar mi rostro de su mirada, retirando un par de lágrimas.

- Déjame, imbécil. -bufé y volví a coger el cuchillo para proseguir con la tarea que el muy joputa me había asignado.

- Pero no llores, bebé. -se burló una vez más, se lo estaba pasando bien.

Golpeé la tabla de cortar soltando el cuchillo y me giré, mirándole con asco.

- ¡NO ESTOY LLORANDO! ¡PONTE TÚ A CORTAR CEBOLLAS E INTENTA QUE NO TE PIQUEN LOS OJOS, PEDAZO DE SUBNORMAL! -le grité indignada y él se echó a reír.

Después de decirle que no sabía cocinar, el macho alfa del clan imbécil asumió el mando como jefe de cocina y tras una charla de unos 10 minutos sobre lo importante que es que la masa de la pizza quede bien amasada y sobre mi falta de "aptitudes" y "cualificación" para esta tarea, me puso a cortar cebolla.

Como si el muy gilipollas tuviera una carrera universitaria y un máster de como hacer pizza.

Ahora entendía que lo había hecho para poder soltarme la gracia del "no llores".

- Deja de reírte si no quieres que te meta la cebolla por donde nunca brilla el sol. -le amenacé cuando empezaba a tomar un tono rojizo por la risa.

La verdad es que me mordía la lengua para no reírme, su cara era para hacerle una foto.

- Perdón, perdón. -dijo tratando de controlar la risa y yo le miré mal.- Venga, termino yo con las cebollas, tú amasas esto. -se ofreció con una sonrisa señalando el pegote de harina, agua, levadura y sal que se suponía que iba a ser la base de nuestra cena.

Miré el pegote de aspecto viscoso con algo de asco.

- No te va a comer, ¿eh? -se burló ante mi expresión provocando que le fulminara con la mirada.

- Quita de ahí. -le empujé y el rió dejándome espacio.

Una vez tuve el pegote, o masa, o lo que aquello fuera, en frente lo miré sin saber muy bien que hacer.

Cuando decía que no había cocinado en mi vida, lo decía en serio.

Pero por supuesto, no pensaba pedirle ayuda al rey de los imbéciles.

Al cabo de un medio minuto durante el cual yo observaba el proyecto de base, sentí como a su vez Nash me observaba fijamente a mí.

- ¿En serio? -preguntó, le miré algo avergonzada y el suspiró acercándose a mi de nuevo.- Mira, se hace así.

Se situó detrás de mí y alargó sus brazos envolviéndome desde detrás con su altura hasta llegar a mis manos que sujetó entre las suyas, me guió hasta la masa y entrelazando nuestros dedos comenzó a amasar, enseñándome como hacerlo.

Tardé unos segundos en ser consciente de la situación y sonrojarme. Me removí incómoda y él separó sus manos de las mías, pero no se alejó.

- No es tan difícil. -susurró, a causa de la cercanía y yo tragué saliva.

Daba gracias a Dios por el hecho de que Nash no pudiera verme la cara porque el tono rojizo seguía aumentando a la par que la rapidez de mis latidos.

Nerviosa. Estaba nerviosa.

Y no iba a permitirlo.

- Ya. -contesté moviéndome, obligándole a alejarse y volver a su puesto donde cortaba champiñones.

El Clan Imbécil |Magcon Boys| EDITANDO¡Lee esta historia GRATIS!