Su igualdad me asustaba terriblemente. De repente tuve ganas de abrir la puerta y salir corriendo. Quise gritar. Quise arañar la puerta.

Pero me quedé allí parado. Dejé caer los brazos y miré fijamente todo lo que provenía de ese cuerpo tan idéntico al mío.

Podría decir que mi tesis estaba concluida. Aunque sabía que no debía haberlo hecho... lo había hecho. Y lo hecho, hecho está.

Éramos iguales en todo. Pero había algo que no era igual. Yo estaba asustado. Él se estaba riendo. ¡Dios! Podría jurar que su sonrisa con la boca abierta me daba escalofríos. Se había quedado como perplejo al verme. ¿Qué estaría pensando? Lo mismo que yo no estaría sintiendo, porque si no tendría la cara de miedo que yo reflejaba.

(Hipótesis 1 corroborada: Las maneras de pensar no coinciden)

Su mirada me estaba haciendo sentir incómodo. De repente una lágrima salía de su ojo derecho, el mismo ojo que ambos teníamos un poco desviado.

No sabía qué sentía. Era una mezcla explosiva por dentro. Sentía que lo amaba, pero al mismo tiempo sentía que lo odiaba con todo mi ser.

Allí estaba, parado, sonriendo y con lágrimas en sus ojos. A veces uno siente que su cuerpo flota, y esa extraña visión de uno mismo hace que todo parezca surreal.

Mi ojo izquierdo, y su ojo izquierdo, ambos buscaban enfocar la cara del otro y ambos parecían viscos. Era tan perfectamente igual a mí.

Recordé y pensé que mi mundo sería mejor y más fácil. Podría estar en dos o más lugares al mismo tiempo, podría descansar a veces en la noche y que él fuese a reuniones o eventos.

Llévame a ver la luz y guíame hacia la mirada profunda de su ser. Quise entender quién era, pero ahí estaba esa maldita mueca de felicidad saliendo de su boca. No podía comprender cómo podía ser el generar tanta alegría en su mirada. Lo odié.

No me importaba si mi mundo no sería más fácil. No quería que él sufriese lo mismo que yo había sentido. O tal vez hubiese querido que él sufriese lo mismo que yo y solamente me hubiese dedicado a sentir las cosas buenas de la vida.

Sentí cómo su seño se arrugó cuando vio que abría mi compuerta y salía. Rápidamente cuando vi que quería abrir la suya trabé la compuerta y quedó allí dentro. Encerrado como un pájaro. Sentí que gritaba mi nombre. Me llamaba por todas las maneras en las que todos me conocían (o al menos las pocas personas con las que hablaba). Sentí que golpeaba las paredes de vidrio y gritaba. Me pedía que le abriese, leí en sus labios que quería salir, que sus intenciones eran solamente las de dialogar. Pero le tenía miedo. Dos iguales no pueden existir jamás. JAMÁS. Yo no era Dios. Lo que había creado era pecado. Me había copiado fielmente, quería ser omnipresente. ¿y quién sería el verdadero al fin y al cabo? Todos pelearían al final por un poco de lugar. Lo miraba gritar, y cada vez que veía cómo su boca se abría m causaba más asco.

No aguanté las ganas y devolví sobre el piso del laboratorio. Vomité 6 o 9 veces. Tal vez devolví más veces, pero solo recuerdo que al final l líquido verde que salía de mis entrañas se entremezcló con sangre. Me limpié la boca con el guardapolvos y al mirarlo todo tenía una mezcla de rojizo con verde, dándole un aspecto de azul o algo similar.

Veía que seguía gritando y yo desde fuera le hice un gesto con la mano derecha para que se callara. Lo odiaba, él querría quitar mi vida, le gustaría lo que es vivir y me quitaría lo poco que tenía. Él... Yo... O quién fuese que estaba encerrado allí dentro.

Estaba de rodillas y lloraba. ¿Qué había hecho? ¿Había cumplido solamente mi proyecto de investigación? ¿O había creado un ser de otro mundo? Las personas querrían tener sus clones, los enviarían a trabajar por ellos y saldrían de fiestas, dejarían a cargo sus esposas y ellos saldrían a ser infieles, el mundo no sería mejor... El mundo sería un asco... Y esa palabra asco me llevó a vomitar un torrente de sangre semicoagulada por la mesada.

No soporté verlo llorar. Así que tomé la decisión.

Tomé una pica y comencé a romper la parte superior de la compuerta de vidrio para dejar un hoyo. Cuando tuvo un diámetro de alrededor de 25 cm lo escuché. Lo escuché llamarme y decirme que era un error. Que lo dejase libre, que seríamos ricos... Que seríamos famosos tal cual como desde hacía mucho tiempo lo habíamos deseado. ¿Cómo podría saber eso? ¿Cómo podría saber que ese había sido mi sueño desde que tenía 15 años? Su cerebro se habría realizado con las mismas ideas y pensamientos que los míos. No podía creer hasta dónde había llegado. Conocería mis miedos, mis debilidades y hasta inclusive mis deseos sexuales.

No podía vivir. No, no y mil veces no.

(Piensa que tu mundo será mejor y más fácil)

No me importaba, ahora quería una sola cosa: que él muera.

Instalé una manguera en el agujero. Y allí, como si supiera lo que tenía pensado hacer, comenzó a gritar. Pedía auxilio. Gritaba y se exaltaba como si fuese un maníaco. No lograba alcanzar para retirar la manguera porque la había puesto muy alto. Pero pedía por favor. Suplicaba por su vida. Pero no logró convencerme. Él no debía existir.

Abrí la válvula y el ácido sulfúrico comenzó a fluir.

Poco a poco comenzó a entrar por la compuerta. Poco a poco llenó el espacio. Primero solo gritaba. Después sus pies fueron corroídos y se agachó. Sus manos comenzaron a descomponerse. Me dio lástima en algún momento. Pensé que hubiese sido la mejor tesis presentada en el año. Tal vez hasta inclusive hubiese ganado algún nobel. Pero allí se estaba consumiendo. Comenzaba a desprender olor a carne, comenzó a emitir solo sonidos irreconocibles cuando el ácido le llegó a su garganta.

Hasta que de pronto solo era una sombra dentro de un gran recipiente lleno de ácido.

Vomité. Vomité unas cien veces más. Algo me pasaba. No debía ser normal esto que sentía.

¿Habría posibilidad de que ambos estuviésemos conectados por algún vínculo especial de vida? Porque sentía que moría. Mis ojos se nublaban y sentía mi respiración fuerte. Sentía que los pulmones se entrecortaban.

Fui a la mesada. Revolví todos los papeles. Los abollé y los llené de sangre. Quería morir. Y era justamente lo que me estaba ocurriendo. Me agarré la garganta y tosí. Más sangre. Me limpié las lágrimas que había derramado por el reflujo que había tenido y me encontré con que tenía el mismo fluido cayendo de mis ojos. Y ahí leí:

Cámara 1: Clon

Cámara 2: Yo

"El clon presenta rasgos idénticos a los míos. En apariencia y facciones la igualdad es prácticamente la misma. Se notan registros de respiración pulmonar normal sin síntomas de envejecimiento celular. El funcionamiento de los órganos es igual, donde no presenta vesícula debido a que el original (o sea yo) ha tenido una operación en la cual han extirpado ese órgano. La siguiente fase es la de encerrarme en el compartimiento y allí ver las reacciones que presenta al retirarle el anestésico gaseoso suministrado".

No recordaba haber escrito esas palabras... Era raro...

(Piensa que tu mundo será mejor y más fácil)

Maldita sangre que salía por mis oídos y nariz. ¿En qué momento habría escrito eso?

¿En qué momento...?

Caí.

En posición horizontal no entendía qué ocurría... Y allí miré...

La cámara 2 estaba llena del ácido... Con el clon muerto dentro...

¿El clon?... El clon...

¿Era el clon?...

...

¿Clo... n?



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Insana IgualdadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora