Parte 11: Animales reaccionales

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—Está to nevao y no se ve na, ¿pero ves allí? —preguntó Camponegro  a Saúl, mientras señalaba un pared de roca en la falda de aquella sierra—.  ¡Allí está negro de candela! —Caminaron un trecho haciendo crujir la nieve bajo sus pies. Camponegro se apoyaba en una vara que había cortado de un árbol, Saúl iba por libre y resbaló dos veces. Llegaron a la pared rocosa y Camponegro movió la vara sobre la parte tiznada.

—¿Lo ves muchacho ?, esta tizne es fresca, aquí han hecho candela hace pocos días. Pero anoche no, y me parece que anteanoche tampoco. Vamos, a mí me parece que no. ¡Vamos a mirar por alrededor! —Camponegro  guiaba la marcha removiendo la fina capa de nieve con su vara. Rodeó unos matorrales y miró con cuidado mientras removía las ramas.  Dieron la vuelta a algunos matorrales—.  Lo que te he dicho muchacho, aquí han estao, pero hace tres o cuatro días se fueron.

—¿Se fueron?, ¿hay rastros de varias personas?

—¡Bien dicho!, lo decía por decir. Creo que era uno na más, porque ha cagao siempre en el mismo sitio.

—¡Desde luego Camponegro!, los que dicen que eres el sabio del pueblo tienen razón.

—¡Kia!, sabio ni sabiondo... el haberme dedicao al pastoreo y al furtiveo es lo que tiene, que se aprende uno mucho a estar pendiente de to las cosas.

—¡Seguro que era Ramón!

— El que fuera ha sido respetuoso, no ha dejado ninguna basura, que hay gente mu guarra  y deja todo lleno de latas, plásticos y botellines.

— ¡Sí ha dejado algo!, junto a la candela había montoncitos de hojas de té, seguro que era Ramón.

—¡Coño muchacho!, tú también has salio listo, y eso que la pinta de monaguillo que tienes no te la quita nadie.  ¡Anda!, vamos ar coche, que las muchachas tendrán frio y aquí ya no hay na que hacer.

Llegaron a la cuneta, donde el Ford Fiesta rojo destacaba  entre toda la blanca nieve circundante. Al volante estaba Mariana, mantenía el motor encendido para alimentar la calefacción. A su lado estaba Olga, que miraba su móvil.

—¡Qué poquita cobertura hay en esta sierra tía!

—No te preocupes, si hiciera falta, para llamadas de emergencia siempre hay cobertura.

—Si haber cobertura hay, pero una rayita nada más.

Sonaron sendos portazos de las puertas traseras.

—¡Un poquito de delicadeza, ¡por favor!, que se cierra igual.

—Perdona muchacha,  es que le frío arrecia. Hay marcas de que estuvo aquí hace unos días, pero ya no está, y vosotras, ¿habéis  encontrado algo?

—Bueno, continuando el camino con el coche un poco más adelante hay un sitio bueno para aparcar,  seguramente aparcó ahí, que es un sitio más resguardado que esta curva, pero estaba vacío. 

—Aquí no está, creo que es mejor coger ya el camino de vuelta. —Camponegro señaló hacia atrás.

—¡De eso nada!, ¡vamos a esperar!

—Pero chiquilla, ¡que se hace de noche y después la vuelta es peor!, ya ha sido difícil llegar aquí con las cadenas, ¿quieres que no matemos?

—Quiero darle una oportunidad al Ra, el suele investigar de noche ¿no?... ¡pues esperemos a que se haga de noche! —Dio una palmada sobre le volante como para dar énfasis a sus palabras—.   Tu mismo lo has dicho Camponegro: ha sido difícil llegar aquí, pues ya que hemos venido y traigo el depósito lleno, aprovechemos el viaje. Quizá aparezca y entonces estaremos aquí para ayudarle. ¿Olga?,¿ Saúl?,  ¿qué pensáis?

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