—Menos apariencias y más tú de verdad —me exigía el Inspector jefe con el ceño fruncido. Es como si supiera que escondía una gran debilidad bajo mi rostro impertérrito.
—Aquí el 90% de la gente se cree la hostia, pero queremos saber cómo sois de verdad. Conocer vuestros demonios...
Y solo hicieron falta tres semanas para que los míos enseñaran su fea cara. Estábamos en una actividad en manada, corriendo juntos en una especie de triatlón que terminaba cruzando el río a contracorriente, cuando uno de los chicos, el más joven del grupo, se quedó atrás y no pudo continuar. Tomadme por loco, pero había algo en él que me recordaba a Luismi, mi difunto hermano, y no pude dejarlo ahí.
—¡Vamos, joder! ¡Muévete! ¡¿Qué haces...?! —exclamé cuando vi que se empezaba a desabrochar el equipo.
—No puedo más... Abandono —dijo dándolo todo por perdido.
—¡No! ¡Tú puedes! —avancé hacia él y volví a abrocharle el chaleco con rabia.
—De verdad, me muero —jadeó—. Déjame, por favor...
Me lo quedé mirando incapaz de admitir lo que oía.
—No te puedes morir, ¡¿me oyes?! —dije agarrándole con tanta fuerza que se asustó—. ¡Ni se te ocurra morirte, joder!
Contad con que llevaba casi cinco días sin dormir, comiendo fatal, quemando calorías sin parar y estaba medio desquiciado. Había llegado a mi umbral de aguantar gilipolleces que te joden la vida para siempre.
—¿Qué pasa aquí? —apareció Luk preocupado. Hasta ese momento lo denominaba «el listo», pero ahí empezó a ser «el metomentodo».
—Que no puedo más... Se acabó para mí —explicó el chaval.
—Los cojones. No se acabó nada... —le contestó Luk con seguridad. Se acercó a él y lo agarró con intención de llevárselo aunque fuera a cuestas si hacía falta. Solo tuvo que mirarme para obtener mi colaboración inmediata y posicionarme al otro lado para arrastrarlo juntos hacia la orilla y finalizar el ejercicio.
Al llegar nos dejamos caer en el suelo junto a los demás. Estaba a punto de desfallecer. No me sentía las piernas. Rambo ya estaría llorando en mi lugar.
—Señores, esto ha sido penoso... —empezó el Instructor—. ¡Deben pensar como los putos Trolls! NADIE queda atrás nunca. No estamos midiendo su resistencia, sino su comportamiento en situaciones límite, y se nota un huevo quién tiene iniciativa y quién se esconde esperando que otros solucionen los problemas. Solo dos de ustedes han ido a socorrer a un compañero en problemas y esa es la auténtica actitud GEO. El resto debéis pensar que estáis en una puñetera competición olímpica.
Luk y yo nos miramos sabiendo que yo tenía poco de héroe; lo mío había sido más bien un brote psicótico con tintes de acabar mal, pero vi que no tenía intención de delatarme. No fue hasta la cena cuando se sentó a mi lado y me preguntó «¿Cómo te llamas?».
—Álvaro, ¿y tú?
—Lucas... y solo me he parado porque pensaba que ibas a agredir al pobre chaval...
—Seguramente lo hubiera hecho. Se me ha ido la pinza...
—Eso es lo que quieren, torturarnos hasta convertirnos en seres con un cerebro reptiliano. Sacar lo peor de nosotros, nuestros traumas y secretos...
—¿Quién eres, el puto Freud?
—Me pone Freud —Sonrió Luk petulante—, pero tengo mis fuentes y me han dicho que en esto gana quien logra mantener la calma... Es una cuestión de concienciación, así que tranqui...
ESTÁS LEYENDO
VOY A SER TUYO
RomanceUn buen amigo no es el que intenta levantarte cuando te caes, eso tienes que hacerlo tú mismo. Un verdadero amigo, es el que se tumba a tu lado cuando todavía no estás listo para hacerlo. Nunca habría imaginado que mi detención por traficar me lleva...
Capítulo 3 - G.E.O.
Comenzar desde el principio
