El Pijama

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Llegas a casa tras un día agotador y sólo piensas en ponerte el pijama y dejarte caer en el sofá sin nada más.

Y entonces la suave tela cálida te engulle, cierras los ojos e inspiras profundamente dejando escapar luego el aire lentamente, los músculos se relajan, la tensión va desapareciendo y sólo queda esa sensación de relax.

Solo tu y tu pijama, ni teléfonos sonando, ruidos, claxons ni gritos, un instante único exclusivamente para tu disfrute.

Dejas atrás etiquetas, morales deberes de una sociedad si más no, que se ha vuelto extraña y fría. Donde la corrupción y la sinvergüenzonería son el pan de cada día mientras lo bueno va quedando cada vez más lejos, hasta quedar olvidado en un cajón, peor tú con tu pijama, en tu casa donde no tienes que ser nada más que lo que eres, te dejas llevar.

No tienes por que ir de etiqueta ni con ropa de estar por casa (que al fin y al cabo) no es más que un chandal un poco más cutre y desgastado, con el que podrías salir igualmente a la calle, peor claro, el ir cómodo y práctico no es glamuroso ni esta bien visto. ¿Pero que ganas de ir pulcramente vestido en tu propio espacio vital?

“Cuidado no te sientes y arrugues el cubre sofá, ojo no dejes eso ahí que mancha” Y tu sigues ahí despachurrada, con esa pelusilla mezcla de polvo del rincón que te mira mal, con el vaso en la mesilla conteniendo el último trago olvidado y tanto te da si mañana hay que pasar el polvo, fregar o dejar todo impoluto no sea, como dicen las madres; “que pase algo y entre alguien en casa y lo encuentren hecho un desastre, ¿qué van a pensar?” guarra, dejada, vaga... ¿y qué más da lo que piensen unos desconocidos que no saben ni cual fue tu primer beso? Por un día no pasa nada.

Y si por desgracia, lo que pasa es muy muy grave, tanto te dará por que no vas a estar para ver la cara de nadie :P

Y al fin y al cabo, todo son locos pensamientos que te dan en esos momentos de reflexión que van entre la sobredosis de cansancio y falta de nutrientes por que el sofá esta absorbiendo tu ser como si se tratase de una sirena, y tus párpados pesan, los pies no responden y el calor del pijama te tiene en sus garras.

Todos somos dueños de nuestras decisiones, y de esas reglas auto impuestas por la supuesta ética social y ciudadana, pero una vez entras en tu casa, por un instante las líneas se diluyen y dejas las preocupaciones que después te morderán con saña, políticos corruptos, ladrones con cara y desfachatez, hogares desahuciados por falta de pago, una letra impagada, un niño que llora de hambre, un padre que se ve lanzado a la búsqueda de un pan y alarga la mano, facturas esperando y trabajos minado por los que todos peleamos.

Una jungla de cristal que nunca se detiene y que no mira atrás, despiadada y cada vez más deshumanizada.

Pero a salvo (falsamente) en tu casa, crees que eso no te tocará hasta que el aliento se congela y el terror llama a la puerta en forma de vecino o cartera que te va a ver en pijama, despeluchada, sin maquillar, con lagrimas en los ojos, mocos en la nariz y una desesperación insana reflejada en el rostro. Bienvenida a la realidad.

Para eso mejor sigo en el sofá un poco más y miro el lado positivo que este mal viaje del te no me esta gustando...

Será la falta de sueño y azúcar, te arrastras a la cama, te aprietas contra tu pareja y te dices que mañana será otro día y pondrás una sonrisa, fingirás que todo va bien y trataras de ser una persona con corazón para paliar este cambio y demostrar al mundo que aún quedan luchadores que aprecian el valor de una sonrisa o una ayuda desinteresada, aún quedan algunos hombres buenos.

Cierras los ojos, suspiras y dentro de tu pijama sabes que sólo tú decidirás el ser o no feliz.

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