Aunque no tuvo claro qué clase de tono, a Isaac no le gustó para nada el que usó el policía. Para él fue como si pensara que su tío acababa de tirar una cantidad poco recomendable de dinero a la basura. Le importaba bien poco lo que el hombre pensara de él, en realidad. Lo que sí le llegó fue el hecho de que tomara su regalo de cumpleaños y lo toqueteara como si fuera de su propiedad. Siempre que venía el sujeto actuaba igual, como si estuviera en su propia casa.

Hasta se daba cuenta de que a su tío tampoco le hacía especial gracia, pero se lo dejaba pasar por a saber qué razón. Nunca había entendido por qué esos dos eran amigos o qué necesidad tenía el policía de venir a dar esas visitas imprevistas, invitándose solo a comer y quedándose el tiempo que a él se le antojara, convirtiéndose en una imposición para el más joven.

De todos modos, su tío podía dejarle pasar todo lo que quisiera. No quería decir que él también tenía que hacerlo. Se adelantó y sentó a la mesa, moviendo la silla con más brusquedad de la necesaria contra el suelo. Extendió la mano. El policía arqueó una ceja en forma de respuesta.

-Ojala que aprendas a usar esto bien –dijo-. No vas a querer que tu tío haya gastado tanta plata para algo que vos no vas a utilizar, ¿que no?

-Es su regalo de cumpleaños –intervino su tío, arreglándosela para sonar de alguna manera neutro-. Si no lo llega a usar o lo hace mal el que peor lo va a lamentar va a ser él. Ahora es suyo para hacer lo que quiera.

Sintió que sus hombros se relajaban, al menos un poco, sabiendo que al menos su tío estaba de su parte.

-No te pongas así, Rodri. No es como si a vos te estuviera sobrando la plata precisamente para andar comprando cosas así de lindas por un simple capricho.

-Por una vez al año está bien. Por eso es un regalo. Dale su cámara y vos –agregó, mirando a su sobrino, la hamburguesa mordida colgando de su mano-, guárdala para la hora de comer.

-Es tu plata –Se encogió de hombros el policía, dejando la cámara en la mesa.

Isaac la tomó junto a la caja llena de su contenido para ir a dejarlas en un sillón antes de empezar con su comida. Se concentró en terminarla lo más pronto posible, no sólo por la impaciencia de empezar a probar su nueva cámara, sino por la incomodidad reinante. Cuando se trataba de ellos dos podían tener alguna conversación intrascendental cuyos silencios la televisión suplía, evitándoles el trabajo de llenarlas. Cuando el policía comía con ellos, en cambio, a este le molestaba tener la televisión encendida y no tenían otra opción que recurrir al otro para esperar cualquier clase de distracción aparte de sus alimentos. Lo cual podría no haber representado ningún inconveniente mayor de no ser porque el policía debía ser incluido en la escena. Desde que lo conociera jamás había sentido ninguna gana de sincerarse con él.

Mientras masticaban y tragaban, el policía se dedicó a hablar con su tío, sabiendo de antemano que el más joven sería un caso perdido. Le preguntó acerca del ritmo del trabajo y habló a su vez de su trabajo en la estación, cómo no se podía creer que hubiera tantos jóvenes irresponsables ahí afuera que no se enteraban de la suerte que tenían por vivir la vida que tenían, así que por supuesto que iban a desperdiciarla haciendo estupideces como ir a conducir después de haberse tomado más de una cerveza con los amigos. Los números de accidente no hacían más que aumentar con el paso de los días. De verdad había llegado al punto que le daba asco esa actitud. Y los padres no debían ser mejores. De algún lado tenían que aprender o les faltaba aprender.

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