Capítulo 2

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Apenas vio que estaba en la misma calle en la que estaba su casa, Isaac corrió el resto del camino hasta la puerta. No estaba cerrada con llave, de modo que pudo entrar de inmediato. Tal como esperaba, su tío ya estaba en la cocina preparando la comida. Le daba la espalda mientras calentaba unas hamburguesas. Lo que rompió sus expectativas y le amargó un poco más de lo necesario el ánimo fue ver al amigo de su tío, el policía Álvarez. Se sentaba a la mesa del comedor, una pierna cruzada encima de la otra y un número de diario que debía haber comprado en la esquina. El hombre tuvo la aparente bondad de bajar la hoja para sonreírle en bienvenida.

-Buenas, Isaac ¿qué tal andas?  Rodri, cariño, llegó el niño.

Isaac entró en la cocina sin responderle.

-¿Ya ha llegado?

Su tío estaba cortando los panes y separando dos pares para tres platos.

-Debe estar en la mesa, ¿no lo has visto?

La presencia del policía debía haberle distraído de ver nada más. Volvió al comedor. No estaba encima de la mesa, pero sí encima de una silla. La caja de cartón era grande, pesada y estaba cubierta con las etiquetas con la dirección de casa. La cintura scotch la cubría de arriba abajo. Una sonrisa empezó a extendérsele por el rostro. Habían sido tres meses desde que lo ordenara en un sitio de Internet y finalmente lo tenía en sus manos.

-¿Qué tal te ha ido en la escuela, Isa? –preguntó el policía.

-Bien –respondió simplemente.

Se sacó la mochila de la espalda y, apoyándola contra la mesa, empezó a buscar una trincheta para romper el empaque.

-Ten cuidado –dijo su tío, sirviendo un plato al policía y a su sobrino. Sacó la mochila para ponerla en el sofá-. No vas a querer romperlo.

-Ya sé –dijo Isaac, partiendo un lado de la caja para poder abrirlo.

Sacó la verdadera caja blanca y verde claro que contenía su nueva cámara Nikkon. Desde el momento en que vio la imagen publicitaria hasta que rompió los sellos de garantía para encontrar el aparato sólo demoró unos segundos, con lo que casi consiguió tirar la máquina y casi sintió a su corazón fallar en el acto.

Aliviado de que siguiera completa y en sus manos, revisó que estuviera vacía y en efecto lo estaba. Como prevención a su llegada tenía la tarjeta de memoria y las baterías en su pieza. Dejó la cámara en la mesa para ir a buscarlas. Las encontró fácil en el cajón de la mesita de luz. Al volver al comedor su tío ya se había sentado a la mesa, los condimentos habían sido colocados y el policía… tenía su cámara en la mano.

-Muy buen aparato –dijo el hombre de forma apreciativa, mirándola por el frente y por detrás-. Me imagino que esto es el regalo de cumpleaños ¿que no?

-Sí –dijo su tío, mirándole fijamente-. Llegó con retraso pero llegó. Ya sabes que a Isa le interesa la fotografía.

-Con esto va a ser casi profesional –comentó el hombre.

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