Capítulo 17: "¿De qué color son tus ojos?".

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   Me levanté cuando sonó el despertador. Habían pasado dos semanas desde que Niall había venido, y desde que William y yo nos habíamos peleado. Niall se había ido a Oxford hace una semana, pero volvería. Eran las ocho y media de la mañana, y quería salir a correr. Cuando corría, liberaba adrenalina y me calmaba. Me puse ropa de deporte, y me hice una coleta alta. Cogí mis auriculares con forma de seta y mi móvil. Salí, y empecé a correr. Puse We are never ever getting back together de Taylor, y empecé a cantar, para liberar energía, porque me hacía demasiada falta liberar todo lo que llevaba dentro.

-I remember when we broke up the first time. You're saying this is it, I've had enough. I'm just like We haven't seen each other in a month. When you, said you, needed space, what? But when you come around again and say. Baby, I miss you and I swear I'm gonna change, trust me. Remember how that lasted for a day. I say I hate you, we break up, you call me, I love you... -me encantaba esta canción, me encantaba, hasta que cuando llegó el estribillo, alguien empezó a cantarlo antes que yo, y por la voz, bien sabía quién era.

-...Oooh we called it off again last night. But Oooh, this time I'm telling you, I'm telling you. We are never ever ever ever getting back together. We are never ever ever ever getting back together. You go talk to your friends, talk to my friends, talk to me. But we are never ever ever ever getting back together... -miré a William que se acercaba a mí, y quité mis auriculares de mis oídos.

-Vaya... hola -le saludé. Él se acercó a mí y empecé a andar.

-¿Vamos a estar así toda la vida? -preguntó cuando me cogió el brazo. Me mordí el labio inconscientemente. Mierda...-. Admite de una jodida vez que estás loca por mí.

-No puedo admitir algo que es mentira -le dije. Me solté de su agarre y empecé a andar de nuevo, pero claro, él volvió a acercarse a mí, esta vez sin agarrarme.

-Te invito a un café -me dijo. Arqueé una ceja-. Perdón, un Cola-Cao -reí, y después bajé la cabeza.

-Está bien... -le dije. Él sonrió, y fuimos a una cafetería que había por allí cerca. Él pidió un café, mientras que yo un Cola-Cao, como siempre. Me regaló una sonrisa, que hizo que la piel se me pusiera de gallina-. ¿Pasa algo?

-No, nada -me contestó-. ¿Has vuelto a leer? -negué con la cabeza.

-No tenía ganas de leer -le expliqué.

-¿Y eso? -me preguntó observando cada facción de mi cara, como siempre.

 -Resulta que un idiota me rompió el corazón -le contesté-. Pero ya lo estoy superando.

 -Hay que ser idiota para romperle el corazón a alguien como tú -me respondió mirándome los ojos.

 -¿Alguien cómo yo?

 -Sí, alguien tan sumamente increíble -miré sus ojos, que no sé porqué, ahora parecían negros, un negro decepción.

 -¿De qué color son tus ojos? -le pregunté intentando cambiar de tema

 -Azules -me respondió él evidentemente-. ¿Aún no te has dado cuenta de que son azules?

 -Claro que sí me había dado cuenta -le respondí obviamente-. Pero, creo que te equivocas. Creo que tus ojos son del color de tu alma, por eso a veces parecen que son verdes y otras veces negros. Pero, en realidad te veo reflejado a tí, a alguien increíble también -me miró y acercó su mano a mi cara, pero esta vez no la aparté. Me acarició la mejilla y me sonrió. Pagó, ya que había dicho que invitaba él, y cuando me iba a ir, me paró con su mano.

 -Espera... -me dijo-. Tienes Cola-Cao en los labios -me acercó a él, y pegó sus labios a los míos antes de que yo pudiera decir nada. Empezó a moverlos, pero yo no sabía como reaccionar. Antes de que reaccionara a hacer nada, se separó de mí, y me miró los labios-. Ya no tienes nada -me dio un beso en la mejilla y se separó de mí-. ¿Quieres salir conmigo mañana por la noche? -arqueé una ceja, y antes de que pudiera pensar nada, le contesté:

 -Claro que sí -le dije-. ¿Pasas a por mí?

 -Está bien. A las ocho te recojo -me dijo. Me volvió a dar un beso en la mejilla, esta vez parándose más-. Te veo mañana -me susurró en mi piel.

 -Vale -me tuve que separar yo, y salí corriendo. Cuando llegué a mi casa, me encontré a Riley y a Louis desayunando y como siempre, viendo los Teletubbies.

 -¿Dónde te habías metido? -me preguntó Louis.

 -He ido a correr -le contesté antes de subir a mi habitación y coger a cincuenta. Cuando bajé, me senté al lado de Riley, y abrí a cincuenta mientras ella me miraba.

—Córrete para mí, Ana —susurra sin aliento. Y me dejo ir en cuanto lo dice, llego al clímax y estallo en mil pedazos bajo su cuerpo. Y mientras se corre también él, grita mi nombre, da una última embestida se queda inmóvil, como si se vaciara dentro de mí. Todavía jadeo, intento ralentizar la respiración y los latidos del corazón, y mis pensamientos se sumen en el caos. Uau... ha sido algo increíble. Abro los ojos. Christian ha apoyado su frente en la mía. Tiene los ojos cerrados y su respiración es irregular. Parpadea, abre los ojos y me lanza una mirada turbia, aunque dulce. Sigue dentro de mí. Se inclina, me besa suavemente en la frente y, muy despacio, empieza a salir de mi cuerpo.
—Oooh.
Es una sensación extraña, que me hace estremecer.
—¿Te he hecho daño? —me pregunta Christian mientras se tumba a mi lado apoyándose en un codo. Me pasa un mechón de pelo por detrás de la oreja. Y no puedo evitar esbozar una amplia sonrisa.
—¿Estás de verdad preguntándome si me has hecho daño?
—No me vengas con ironías —me dice con una sonrisa burlona—. En serio, ¿estás bien?
Sus ojos son intensos, perspicaces, incluso exigentes. Me tiendo a su lado sintiendo los miembros desmadejados, con los huesos como de goma, pero estoy relajada, muy relajada. Le sonrío. No puedo dejar de sonreír. Ahora entiendo a qué viene tanto alboroto. Dos orgasmos... todo tu ser completamente descontrolado, como cuando una lavadora centrifuga. Uau. No tenía ni idea de lo que mi cuerpo era capaz, de que podía tensarse tanto y liberarse de forma tan violenta, tan gratificante. El placer ha sido indescriptible.
—Estás mordiéndote el labio, y no me has contestado.
Frunce el ceño. Le sonrío con gesto travieso. Está imponente con su pelo alborotado, sus ardientes ojos grises entrecerrados y su expresión seria e impenetrable.
—Me gustaría volver a hacerlo —susurro.

   Me levanto del sofá para llevar a cincuenta a mi habitación, pero la voz de Riley me detiene.

-¿No vas a desayunar? -me pregunta-. Es raro en tí no hacerlo...

-Ya he desayunado -le contesto. Después, subo a mi habitación, dejo a cincuenta, y me doy una ducha. Después, el día es normal, y aburrido, muy aburrido.

   Ya era de noche, y Riley y yo convencimos a Louis y Danna de ver Si decido quedarme. La película era preciosa. Alli se subió a la cama con su móvil, como siempre, y no quiso verla. Riley y yo acabamos llorando, mientras que Danna y Louis nos miraban sorprendidos. Dormía con Danna esa noche. Esa noche soñé con labios en Cola-Cao, besos inesperados, y con películas de amor dramáticas.

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