Epifanía

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Estos años no he dejado de hacerme la típica pregunta trillada de siempre. ¿La gente nace siendo malvada o se hace?. Después de pensarlo mucho, ahora creo que no hay gente mala. Solo gente que se equivocó. De acuerdo, tal vez no pensaría así si no se tratara de mi hija.

¿Qué si me di cuenta de que había algo diferente contigo?. Depende quien pregunte. Para la mayoría, incluidas tus tías la respuesta es no. ¿Te estaba protegiendo? o, ¿me estaba protegiendo a mi?.

En los últimos meses ese recuerdo en particular no dejaba de darme vueltas por la cabeza, desde entonces no ha habido noche en la que pudiera dormir tranquilamente. Esta era una de ellas. Recordando ese pequeño detalle. Esa señal que había pasado por alto y de la que nunca había hablado con nadie. Quizá no era nada o quizá lo era todo. Los oficiales no dejaban de interrogarme haciendo la misma pregunta.

No hubo nada que me hiciera sospechar. Siempre contestaba lo mismo.

No dejaba de darle vueltas, pensando en ese día, cuando te mire a través de la ventana hablando con ese chico al que nunca había visto. Estaban cerca del pozo, eso me hizo alarmarme tu estabas merodeando demasiado cerca del borde. Estaba muy lejos como para gritarte. Algo que solo sentía por Alessandra y André me hizo moverme y correr a toda velocidad cuesta abajo pero en tan solo un parpadeo ninguno de los dos estaba en ese lugar. No era producto de mi imaginación, yo los había visto.

Me adentré en el lugar, mientras me abría paso por los árboles secos, en el camino me hice unos cuantos rasguños en la cara. Pero no te mire. Empecé a llamarte desesperadamente. No respondiste. La sangre se me helo, pensé que habías caído por el pequeño socavón. Mi corazón quería salir de mi pecho. Volví a llamarte pero una vez más no respondiste. Regresé corriendo y como pude me acerqué al borde del pozo. De la nada apareciste justo detrás de mí. Sonriendo. No me di cuenta lo cerca que estaba del precipicio. La tierra estaba demasiado blanda y terminó desmoronándose con mi peso. Flote por un momento para luego caer pesadamente en una marea de basura y animales muertos. Tu no te asustaste mucho menos te sorprendiste.

No te dije nada pero te rogué con la mirada que me ayudaras. Sabía que no podía pedirte nada. Me quede perdida en tus ojos, ese par que tan malos recuerdos me traían. Antes no lo podía explicar pero hoy sí. Después de tantos años se lo que vi en ellos ese día. Me miraste desde arriba sin hacer nada mientras yo me hundía cada vez más. Yo no grite. Parecía que aceptaba mi destino. En mi mente me hice dos preguntas que yo misma respondí. ¿Era un final que tú habías elegido para mí?. No. ¿Cómo podrías saber que me hundiría? Eras una niña. Lo cierto es que, ese día, no hiciste nada para ayudarme. No intentaste darme la mano o gritar para pedir ayuda. Solo me miraste y después te reíste con su estúpida sonrisa pegada en tu rostro.

Hasta hace unos meses nunca lo había comentado con nadie. Pero ese día en particular, me dio la impresión de que alguien más estaba en tu cuerpo, se que es una locura, tu solo tenias 8 años.

Después de que Mateo me ayudara a salir, todo mi cuerpo temblaba de miedo. Al principio como todo mundo pensé que se debía a mi experiencia cercana con la muerte. Pero con el paso del tiempo supe que era por ti. Tenía miedo de ti como lo tenía de Pablo. ¿Había maldad en ti?. Fue la primera y la última vez durante tu niñez que me hice esa pregunta.

Me obligue a no pensar más en ello. Seguramente solo trataba de justificar mi ausencia como madre contigo. Buscándote cualquier defecto que yo pudiera usar para sentirme en paz por abandonarte a tu suerte. Antes ya me había ido pero esta vez habría cientos de kilómetros de por medio. Salí completamente de tu vida, nunca te llame, nunca mire los dibujos que hiciste para mi. No tuve que preocuparme por lo que hacías... o lo que te hacían. Eras el problema de alguien más. De alguien que no debía cuidarte y que no pudo hacerlo.

Te ignoré por años, cuando coincidíamos en casa de mi madre volteaba hacia otro lado. Y cuando me fui, escuchaba tu voz al otro lado del teléfono pidiendo hablar conmigo pero nunca quise hablarte. Jovita siempre me justifico contigo. Como lo hizo con Javier. Nos protegió. Cuando te debió proteger a ti.

Cuando regrese, ese miedo que la distancia congeló, volvió. Te vi de reojo mientras mirabas por la ventana. Habías crecido, estabas por cumplir 15 años. Deje en claro que no quería quedarme, seguía teniendo miedo por mis hijos, por mi.

Esa noche debí advertir la otra señal pero no lo hice, me obligue a olvidar. Tal vez no había visto bien por la oscuridad. Lo cierto es que soy tan culpable como todos los demás. Como todos los que vieron y no hicieron nada. Después de casi un día por fin me hablaste, me pediste que me quedara a tu cumpleaños. Te dije que no. Inexpresiva como si no me importara. Pero si me importaba. Había algo en ti, incluso antes de que pasara ese incidente, que me hacía apartarte casi por instinto. Supongo que la terapia nunca fue suficiente.

Cuando sucedió lo de Javier. Te lleve lejos. Tu no lo entendiste. Te prometí que volvería pero no lo hice. Te deje odiarme una vez más en silencio. ¿Crees que habría sido mejor entregarte?. Tu vida y mi vida han estado llenas de decisiones equivocadas. Por eso cuando ese abogado llegó haciendo las preguntas correctas pero incómodas lo amenace con demandar por insinuar que tú tenías algo que ver sin pruebas suficientes. Esa era mi forma de protegerte.

Luego volviste como hace siempre el pasado, no te lo voy a negar hubiera preferido que te quedaras oculta. Entraste a mi casa sin permiso, dañaste mi papel tapiz y tiraste mis fotografías al suelo pero nunca me enoje, a Carlos le dije que ya no me gustaba la decoración. Me pediste hablar sobre tu padre. Lo había pensado antes. ¿Era él, el causante de todo lo que pasaba contigo?. Era posible. Algunos niños heredan el color de ojos, el cabello, los dientes pero tú habías heredado algo más. Era una posibilidad de la que aún no tengo certeza. Te mentí, te dije que estaba muerto. Pero no pude ocultar mi odio hacia él. Me dolió que te importara la rudeza de mis palabras. Así fue como terminé contando todo. La verdad que te oculte por años.

Cuando me confesaste lo que hiciste con esa chica. Lo supe todo. Tus ojos eran los mismos que ese día en el que caí al pozo y solo me miraste desde arriba. Era el mismo brillo que tenían los ojos de Pablo. Aunque nunca pregunte porque hiciste lo que hiciste con Javier, imagine que la razón tenía que ser esa señal que ignore mientras dormías en ese maldito sillón. ¿Te compré más tiempo o solo se lo reste a la vida de esa chica?.

Decir que no hay una causa y que solo te equivocaste gravemente es quizá en parte mi forma de expiar mis culpas. Si eso que llevas dentro te consumió antes o después de todas esas decisiones equivocadas no lo se. Lo cierto es que yo nunca te he culpado a ti por tus acciones, siempre los culpables somos los mismos. Pablo, Javier y yo.

No he podido cumplir mi promesa como me obligue a creer. Dije que te ayudaría pero no lo hice. Sigo sin encontrar la forma. La parte de mi, la que odia todo lo que tuvo que ver con Pablo y la que te odia cree que mereces terminar por el resto de tus días en ese lugar. Pero lo que resta de mi, la que guarda como tesoro el recuerdo del día que naciste y la primera vez que me llamaste mamá me pide corregirme, mereces algo mejor. Eres más de lo que equivocadamente decidí para ti.

Esta es la primera historia que subo a Wattpad me tomo algunos años terminarla, espero que les guste tanto como a mi ❤️ (que puedo decir yo 😅)
Tratare de subir un capituló cada lunes.

Dev 🖇

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