Capitulo Diez

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Tomé las llaves del auto de inmediato y me dirigí a la puerta.

-    ¡Manuel! – me llamó Thomas desde adentro. No volteé a ver, tenía que llegar rápido al hospital - ¡Manuel! ¿Qué pasa? ¿Por qué estás alterado? – me detuve en seco.

-    Es… - me di media vuelta, tratando de ocultar mi desesperación – Jane tuvo un accidente y está en el hospital – Thomas me miró con cara de espanto – Voy a ir a verla – no podía perder más tiempo. Así que corrí al auto y esperé a que éste encendiera. Pero justo antes de hacerlo, Thomas abrió la puerta del copiloto y entró en el auto - ¿Qué haces? – pregunté, confundido.

-    Quiero conocer a la chica que te trae loco – dijo con suficiencia y se recostó en el asiento – Yo que tú, me apresuro a conducir – obedecí. No me importaba que Thomas fuera con Jane, después de todo… él era mi mejor amigo. Y, mientras no me hiciera pasar vergüenza con ella, todo estaría bien.

Recibí la llamada hace seis minutos y ahora ya me encontraba en la carretera principal, a sólo diez más de llegar al hospital donde se encontraba Jane. Nath me había dicho que estaba en el central.

Aumenté mi velocidad, a tal grado que Thomas tuvo que colocarse el cinturón de seguridad. Me pidió que fuera más lento, o que al menos hiciera el intento de llegar con vida al hospital. Pero estábamos hablando de Jane, la chica que se había metido en mi mente de manera agradable y no me dejaba pensar en otra cosa que no fuera ella.

Por fin vimos la enorme edificación moderna y entré en el estacionamiento. Para mi suerte, había uno cerca de la entrada y no dudé en tomarlo. Apagué el motor y salí a toda velocidad a la entrada. Thomas se demoró un rato más con el cinturón y me alcanzó a los segundos. Presioné el botón del elevador para subir y esperamos, con impaciencia, a que éste bajara.

-    De verdad te gusta – se burló Thomas, pero con el aliento en la boca. Las puertas del ascensor por fin se abrieron y un par de personas bajaron de éste. Un par de ellos se nos quedaron mirando, con rostro confuso o sorprendido. Cuando quedó vacío, entré y presioné el piso de recepción – Jamás te vi tan alterado por una chica hospitalizada. Ni siquiera cuando Kathrin se enfermó gravemente – lo miré, entrecerrando los ojos.

-    Sólo fue un resfriado – me encogí de hombros, razonando – Jane… la están operando. Es distinto – miré la pantalla del elevador. Casi llegábamos – Además… es casi Navidad, es injusto que haya perdido a su padre y ahora tenga que estar en el hospital.

-    Al menos se alegrará de verte – me dio un pequeño golpe en el hombro – Admite que también está enamorada de ti – dijo, con una sonrisa. Yo suspiré.

-    No lo sé – contesté. Las puertas se volvieron a abrir y los pies me comenzaron a temblar – Me gustaría que fuera así.

Thomas y yo salimos del elevador y nos acercamos a la recepcionista: una mujer afroamericana con grandes labios y sombras bajo los ojos, con cabello color ceniza y rizos por doquier. Cuando estuvimos frente a su escritorio, ella nos miró a cada uno, como si quisiera revelarnos algo.

-    Necesitamos ver a Jane Harrison – dije, antes que ella dijera alguna palabra. Sin embargo, ni siquiera tecleó el nombre de Jane. Simplemente se nos quedó mirando – Ya – dije, enarcando mis cejas y apresurando el tiempo. La señora me miró con sus labios mordidos y una expresión sarcástica. Tal vez metí la pata.

-    No estamos acostumbrados en recibir a famosos en éste hospital – contestó por fin, todavía sin buscar el nombre de Jane en la computadora – Lo lamento, pero sólo pueden pasar familiares – justo iba a contestar, cuando Thomas intervino.

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