—Bueno, ¿qué te parece?

En apenas una hora, la habitación de Scarlett había cambiado completamente. Ahora la cama tenía un edredón de aspecto caro, una almohada de plumas y un cubrepiés con borlas. Al lado de la ventana estaba un pequeño banquito de madera con un cojín bordado con hilo granate, y habían puesto una lámpara de aceite encima de la mesilla. Incluso se había adornado el suelo con una alfombra circular.

Al ver que Scarlett no hablaba, María prosiguió.

—No es gran cosa, pero será solo temporal. Si tienes que quedarte más tiempo la mejoraremos. La lámpara no es muy grande, pero la luz de las lunas entra directamente por esa ventana así que no tendrás problema para ver por la noche.

—Es preciosa.

Scarlett se acercó a la cama y acarició el colchón. Era muy suave y blando.

—Temo que si me duermo en esta cama no quiera despertar.

—Uh…mejor despierta. —María sonrió satisfecha ante su reacción. Luego, dio una palmada— ¡Bueno! ¿Qué te parece si te das un baño antes de cenar? El agua abre el apetito, y además te relajará.

Scarlett enrojeció hasta las orejas y se llevó una manga a la nariz. No olía a rosas precisamente.

—Creo…que aceptaré la oferta del baño, si no es molestia. Pero, ¿sería posible que me saltase la cena? Aún estoy llena de la comida.

«Mentira. Podría comerme tres platos más.»

María arqueó una ceja, pero no comentó nada.

—Claro, como quieras. Sígueme, los baños están en el piso de abajo. Allí también está la armería y las mazmorras, como ya viste, pero tranquila, las tres salas están bastante separadas entre sí.

En realidad, Scarlett no quería cenar para no tener que reunirse con todos los Guardianes otra vez. Necesitaba un poco de tiempo a solas.

Yendo hacia el piso inferior pasaron frente al despacho del capitán. Dentro estaban hablando todos los Guardianes y al verla, Julian se apresuró a cerrar la puerta, no sin antes hacer una mueca de disgusto. Scarlett frunció el ceño.

—Julian es…especial. —explicó María. —Le cuesta acostumbrarse a los desconocidos.

—Creo que me odia por husmear en su biblioteca.

María le quitó importancia sacudiendo la mano.

—Julian nos odia a todos. Menos a Mark… siempre me he preguntado cómo mi primo es capaz de aguantar a ese pelmazo. Por suerte para ti—dijo, girando la cabeza para mirarla—el resto somos encantadores. Incluso Chels.

María se paró frente a una puerta verde y sacó un manojo de llaves. Metió una de las más pequeñas en la cerradura y ambas entraron en la sala.

Era una habitación llena de vapor, bastante amplia, con un techo más bajo que el resto y paredes de piedra. Scarlett dio un respingo al notar el enorme cambio de temperatura.

— ¡H-hace mucho calor!

—Mala cosa si hiciera frío en los baños. Cuando te quites la ropa agradecerás el calor.

Scarlett se agarró los pliegues del vestido algo avergonzada. No acababa de gustarle la idea de desnudarse delante de la otra chica. María, por el contrario, parecía estar de lo más cómoda, y le indicó que se metiese en una bañera bronceada llena hasta la mitad. Abrió el grifo y comenzó a salir más agua. Scarlett quedó embobada.

Crónicas del Submundo I - El último Guardián[Pausada] ¡Lee esta historia GRATIS!