Capitulo setenta y uno

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- ¿Qué pasa? -me miró francamente confundido y yo le fulminé con la mirada.

- Tu mascota es lo que pasa. -bufé como respuesta.

- ¡Nash! ¡Bebé! -chilló ella, cual caniche en celo, lanzándose a su cuello.

Iba a besarle cuando él apartó la cara, dejándola confundida y ofendida y a mi altamente satisfecha.

- ¿Qué pasa? -preguntó serio una vez más.

- Pues resulta que... -comencé.

- Esta niñata me insultó pero ya esta bien, no te preocupes, se que solo es envidia. -canturreó esta como respuesta cortándome.

Nash me miró y yo quería gritar de rabia.

- ¿Es eso verdad? ¿Celosa? -inquirió él, camuflando una pequeña sonrisa.

Le borraría esa sonrisa a golpes.

- Has incumplido una norma, la quiero fuera de mi casa o te vas tú. -sentencié.

Me disponía a retirarme a la cocina cuando la zorra tuvo que abrir el hocico.

- Celosa. -afirmó y con una risa de Nash, mi paciencia se agotó.

- Bien, estoy harta. Tienes 5 segundos para salir de mi casa o friego el suelo con tus extensiones. -sonreí de la manera más hipócrita que pude y ella me miró ofendida.

- ¿Perdón? ¿Nash, vas a permitirle a esta niñata que me hable así? -se pegó aún más a él.

- Cinco... -comencé la cuenta atrás con voz amenazante.

Con solo una mirada, Nash entendió que mi amenaza era seria y se removió incómodo.

- Creo que debería irte... -empezó, y me costó disimular una sonrisa cuando la boca de Ana María se abrió con sorpresa.

- Cuatro...

- ¿Qué? ¿Nash, no hablas en serio, verdad? -se cruzó de brazos y de verdad que me estaba costando no reirme.

- Tres...

- En serio, vete. -la empujó hacia la puerta mientras ella daba cortos pasos tropezándose con sus propios pies y yo les seguía, deleitada por la escena.

- Dos...

Con un último empujón, Nash la sacó de la casa y se situó en el umbral de la puerta impidiendo que entrara de nuevo.

- ¡Pero! ¡Nash! -gritó ella con voz aguda y perforante para luego taconear cruzándose de brazos.

- Uno... -que asco, que se vaya ya.

- Adiós. -añadió, y cerró de un portazo.

Yo reí al escucharla gritar desde el otro lado de la puerta.

- ¡Bien! ¡Pero me voy porque quiero, no porque esa niñata me lo diga! ¡Ya hablaremos de esto! -y tras un golpe en la puerta, se alejó taconeando y maldiciendo en español.

Nash se giró mirándome furioso.

- Se ha enfadado. -espetó.

- Eso parece. -concedí divertida.- Cuidado que no te muerda, no sabemos si tiene la rabia.

Entonces paso lo que nunca creí posible, tras intentar aguantarme la mirada, soltó una carcajada acompañado por mi.

- Eres jodidamente ingeniosa. -se quejó mientras dejábamos de reír.

- Gracias. -sonreí.- ¿Cenamos? -pregunté algo tímida.

¿Por qué de repente me intimida?

- Cenamos. -sonrió.

El Clan Imbécil |Magcon Boys| EDITANDO¡Lee esta historia GRATIS!