-¿Eras infeliz? –preguntó, casi afirmó, Liam.

-No era la vida que quería -le quitó importancia el hombre, encogiéndose de hombros- Cada noche pensaba qué habría sido de la mujer que había conocido en la playa.

-¿En la playa? -repitió el chico, sorprendido.

-Sí, aquí mismo -respondió Valentín muy sonriente- Por eso decidimos venirnos acá a vivir. Ambos estábamos de vacaciones. Aunque lo mío era algo así como la última aventura antes de la horca -bromeó con una falsa sonrisa.

-Amas a mi madre ¿verdad? -afirmó su hijo vaciando de nuevo la copa.

-¡Mucho! -le aseguró levantándose lenta y trabajosamente- Siempre ha sido la mujer de mi vida.

Valentín dudó unos segundos, pero después se armó de coraje y se sentó junto a Liam en el sofá. Este no protestó. Y ambos comenzaron a hablar de irrelevancias para distraer la mente de otros asuntos. Liam siguió bebiendo, más por costumbre que por deseo y Valentín empezó a notar que el alcohol dejaba de hacerle efecto.

Los hombres estaban riendo tras una ocurrencia de Liam, sobre las personas y el efecto que tiene el alcohol sobre la percepción de la belleza de éstas. Pero ambos se callaron de inmediato y se pusieron muy serios cuando vieron a dos bellas personas cruzadas de brazos en la puerta frente a ellos. Zayn y Karen, caminaron hasta ellos con el ceño fruncido y cara de pocos amigos.

-Bajo a desayunar y mira con lo que me encuentro -dijo Karen irritada.

Liam se giró para mirar por el ventanal y se percató de que habría amanecido hacía horas, sin que ellos se dieran cuenta.

-¿Les parecerá bonito emborracharse como adolescentes descerebrados? -protestó la mujer una vez más.

-Yo no estoy borracho, piccola mia -aseguró Valentín frotándose la sien.

-Es verdad, él está ya con la resaca -se burló Liam entre carcajadas.

-Eso, ayúdame -replicó risueño, el hombre a su hijo.

-Mamá no seas cruel con él hasta que no se le pase la resaca -se mofó de nuevo Liam.

-Yo que tú -dijo Zayn muy serio- me callaba.

Le quitó la copa y la botella. Tras fulminarlo con la mirada se cruzó de brazos, amenazantemente. Liam se puso serio al instante y tragó trabajosamente. Miró a su padre, que tenía la misma cara de preocupación. Karen en cambio miraba a su yerno con una sonrisa e imitaba su gesto, cruzándose de brazos, dispuesto para la batalla.

-Yo creo que ya han bebido bastante -dijo Zayn, sin mirar a los hombres, sino buscando la aceptación de Karen.

-Sí, es mejor que duerman un poco -apoyó la mujer.

-Ya hablaré después contigo -le aseguró Zayn a Liam como una amenaza inevitable.

-Sí, y yo contigo -imitó Karen a su yerno, fulminando a su futuro marido.

Los hombres suspiraron y se miraron vencidos. Zayn y Karen se giraron y caminaron hasta la puerta con postura rígida. Se pararon antes de salir, en claro indicativo para que los siguieran. Antes de que pudieran protestar porque los hombres seguían sentados, estos se levantaron a toda prisa. Olvidaron que la habitación les daba vueltas, se miraron indefensos y siguieron a sus parejas.

Ya en la escalera, Zayn y Karen subían ceñudos mientras los sumisos hombres los seguían cabizbajos. A mitad de trayecto, Daniel y Justin se pararon para observar la peculiar escena. Justin abrazó a su hermano con una enorme sonrisa burlona.

-Dan, si alguna vez me ves así, hazme un favor y pégame un tiro -dijo el joven mirando a los fieles corderos persiguiendo a sus dos simples y arrebatadores parejas.

-Prometo hacerlo aunque tenga dudas -aseguró el chico socarronamente.

Zayn y Karen los metieron en sus habitaciones. Colocando las manos en la cintura, los miraron de arriba abajo. Les quitaron la camisa, los empujaron contra la cama, haciéndolos caer sentados y les quitaron los zapatos y pantalones.

Se alejaron ceñudos y apuntaron con decisión hacia el centro de la cama, exigiendo que se metieran bajo las sábanas. Cada quien desde su cuarto lo hizo sin replicar. Y Zayn y Karen salieron de las habitaciones dejándolos escondidos bajo las sábanas. Se encontraron en el pasillo, se miraron con perspicacia y se giraron sobre sus pasos, asomándose al cuarto de su respectivo hombre. Ellos se habían incorporado y al verlos, se acostaron de nuevo, tapándose hasta el mentón. Zayn y Karen los fulminaron con la mirada y volvieron a cerrar la puerta.

Ya en la cocina, los dos muy irritados, comentaban lo insensatos que eran padre e hijo. Karen comenzaba a ceder, pero Zayn se mantenía igual de furioso que cuando los había encontrado.

-¿Les llevamos un café? -preguntó Karen preocupada por los hombres.

-Si no es para echárselo por la cabeza, no -contestó Zayn irritado- Se han emborrachado ellos solitos y van a pasar la resaca de igual modo.

-Pero y si nos necesitan -insistió la mujer angustiada.

-¿Acaso ellos han pensado en cómo nos hemos sentido nosotros cuando nos despertamos y no los vimos? –protestó el moreno, irritado.

-Es cierto -afirmó Karen furiosa- Son dos niños egoístas que necesitan una lección. Nosotros nos hemos preocupado por ellos, mientras que ellos estaban de risitas en el despacho, bebiendo -continuó ceñuda- Pero... ¿podríamos llevarles unos cafés? -preguntó tímidamente.

-¡Oh! -suspiró Zayn- ¡De acuerdo!

Los dos regresaron a sus habitaciones y colocaron la taza de café humeante junto a la cama. Se sentaron suavemente sobre el colchón, y miraron al hombre que invadía la cama.

Karen bajó todas sus barreras inmediatamente, al ver como su futuro esposo se frotaba la sien.

-¿Te duele la cabeza, amor mío? -preguntó la mujer preocupada, mientras se tendía junto a él.

Zayn resistió un poco más. Liam estaba dormido, y eso era una ventaja. Parecía que se acababa de pelear con las sábanas, y éstas habían ganado y lo tenían de rehén. Lo miró atentamente y suspiró con vencida resignación, mientras lo arropaba adecuadamente.

Más Que Amigos, Menos Que amantes. Ziam¡Lee esta historia GRATIS!