00 ; 02

1.5K 249 19
                                    

Dolía como la mierda.

Baji había despertado en la mañana en el club de los sano junto a mikey con un dolor insoportable en su cabeza, ambos se había mirado sin recordar exactamente qué había pasado. ¿Cómo mierda habían terminado inconscientes?, no lo entendían. Ambos le habían restado importancia, solo recordaban un amargo sabor en sus bocas y el aliento a wisky era claramente un indicio de lo que pudo haber sucedido.

El abuelo los había regañado por ser irresponsables pero para sorpresa de ambos al final del discurso solo palmeó sus hombros con una sonrisa suave diciéndoles que descansarán y mierda, Keisuke deseaba poder hacerlo pero para su pesar debía presentarse en la veterinaria ante sus jefe y cumplirlos con sus deberes. Tomó sus bolso luego de presentarse frente a su madre , comiendo bajo su antenta mirada y mensajeando a Majiro preguntándole cómo se encontraba su resaca.

Era confuso, no podía dejar de pensar en lo sucedido anoche y eso estaba claramente afectando su humor aquel día. Era extraño, solo habían fragmentos y sentía sus manos temblar cada vez que en la pantalla de su teléfono surgía una notificación hablando sobre los ataquen frecuentes en la noche.

Carroñeros destrozados en una bodega en las afueras de Kennecott. ¿Lucha territorial?.

Bloqueó el teléfono y se levantó del transporte, finalmente llegando a su destino; Las afueras de Kennecott. Conocido como el centro, dónde estaban los diversos locales más frecuentados por los del pueblo. Era tan extraño que quedara a las afueras, acomodó su bolso caminando directamente a la veterinaria dónde pudo encontrase con su jefe en el mostrador acariciando a un doberman junto a una niña de no más de once años.

"¡Baji!."La niña sonrió saludando animada al ya conocido asistente del lugar.

"Katy, ¿cómo está Bobby?" Acarició la cabeza del animal con suavidad y recibió un entusiasmado meneo de cola.

"Esta muy bien, gracias Baji. El doctor dijo que puedo llevarlo a casa."

"Ten cuidado al volver."Comentó dándole unas palmaditas en la cabeza a la niña en despedida.

"¡Cuidate, doctor Baji!."Gritó la niña viéndolo desaparecer detrás del mostrador.

"¿Te agrada Baji, Katy?"

"El es muy apuesto, puede parecer tosco pero es una buena persona."Señaló orgullosa.

El doctor soltó un pequeña risa escoltándola hacía la salida y observándola tomar el autobús para ir a su casa. Baji tomó su cabello en una coleta alta mientras acomodaba la bata blanca y le daba una mirada a los gato, y perros en las jaulas mientras acaricia a alguno de los pacientes.

"Tienes cara de haber dormido mal, ¿estuviste de fiesta un día de la semana?"El doctor tanteó el terreno lanzándole un broma mientras lo observaba rellenar los platos de comida.

"Si soy honesto, no sé como llegue a la inconsciencia."Se río entre dientes."Solo recuerdo tomar un vaso."

"Ah~. es bueno ser joven."Suspiró el mayor y Baji le dedicó una sonrisa."Sabes, tú madre siempre se embriagaba después de una copa, era insoportable."

"No querrá que ella lo escuche, doctor."Baji comentó con diversión escuchando la campana de la puerta.

"¡Dios me libre!"Exclamó saliendo a la recepción.

La tarde transcurrió con tranquilidad, uno que otro dueño juntos a sus mascotas que se acercaban para un consulta o medicamentos. Un bostezo se escapó de la boca del pelinegro mientras estiraba sus brazos sobre su cabeza, observó con atención hacia la ventana del lugar desde dónde se encontraba sentado, estaba bajando el sol. Sus ojos quedaron fijos en el atardecer y sintió un escalofrío recorrerlo, la ansiedad creciendo en su pecho mientras se le hacía dificil mantener sus manos quietas.

"¿Keisuke?."

Giró observando al doctor con un tablero con notas en sus manos mirándolo confundido, puso su mejor expresión de que nada estaba sucediendo.

"Hay un paciente que necesita supervisión esta noche, ¿crees que puedas quedarte?. Es difícil pedírtelo, tú madre va a matarme pero tengo asuntos que resolver."

"Claro, no hay problema."Le sonrió. Mentira, estaba sudando frío y eso era una gran problema.

¿Qué estaba mal?. Su mente parecía no querer cooperar, sus ojos fueron al club de lucen neón que prendió sus luces y se consoló que al menos estaría cerca de los Sano. Se despidió de su jefe después de que este le insistió constantemente que bloqueara la puerta bien y por nada del mundo se asomará si alguien parecía tocando la puerta, se sintió como un niño pequeño al que le pedían que no debía abrir a desconocidos.

y Cuán peligros era aquello el día de hoy.

Observó su teléfono encenderse con un mensaje; Estuve todo el maldito día durmiendo, ¿que tal tú?.

Río entre dientes, era típico de Manjiro. Ignorando el mensaje se dedicó a cerrar la entrada y luego a revisar la jaulas, dándole una mirada superficial al prqueño canino en supervisión. Agotado, se recargó en el mesón de madera hecho de pino, girando su cabeza inténtalo destensar sus hombros que por alguna razón habían estado rígidos desde que la oscuridad cubrió todo. En las calles no parecía haber nisiquier un alma y eso era excelente, se dijo a sí mismo, era lo mejor que podía suceder esa noche.

Le dedicó una última mirada a la puerta observando la claridad del farol de luz blanca que alumbraba la entrada, nada extraño, solo la lluvia comenzando a gotear el vidrio y mojar el asfalto. No podía ser mejor, parecía una maldita noche de terror.

Pero últimamente todas las noches parecían de terror.

El sonido del reloj lo estaba inundando de ansiedad a cada tac que emitía al estar girando, avisándole que los segundos corrían y corrían. Estaba siendo paranoico, se había levantó especialmente alerta y consciente de todo a su alrededor como si cuerpo estuviera atento por algo. Tomó su teléfono para finalmente responderle a su amigo pero se vió interrumpido por una suave maullido, nuevamente dejando el teléfono sobre el mesón fue hacia la jaula y terminó por observar al felino que solo estaba exigiendo un poco de mimos.

"Me asustaste."Murmuró con una sonrisa.

Golpe.

Su sonrisa se borró agudizando su oído, aquello había sido el vidrio siendo golpeado, ¿no?. Otro golpe lo hizo saltar en su lugar, definitivamente no estaba alucinado aquello y no era producto de su paranoica mente. Tomando una fuerte respiración se alejó de la jaula cerrándola con cuidado, ¿iba a salir?, ¿iba a mostrarse ente esa cosa?, no habían mas opciones de que era lo que podía estar golpeando a esa hora, los vidrios no estaban polarizados. El podía ser visto por lo que fuera que estuviera golpeando y el podía verlo también.

Reuniendo el valor de dios sabe dónde demonios sacó, cruzó el marco de la sala de tratamientos hacia el mostrador encontrándose con la silueta siendo empapada por la lluvia. Una capucha curbiendo su cabeza y ojos inyectados en sangre pero para nada brillantes, sin embargo podía notarlo desde su posición. Le resultaba inquietantemente familiar, como si la inesperada aparición de aquella cosa detrás de la puerta fuera un camino hacia las memorias que su mente había bloqueado, frente a sus ojos, recordó las escenas de anoche una por una.

Sus manos comenzaron a temblar. Abrió y cerró la boca tragando con fuerza, sintiendo su estómago tensarse y ganas de vomitar invadiéndolo.

Mierda, eso era malo.

505 | bajifuyuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora