Amigo

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Ya habían pasado dos horas desde el fatídico abuso de Kai. Las cosas se habían calmado un poco pero la tensión y le miedo de esa situación no desapareció. Nadie podría olvidar tal cosa en solo ciento veinte minutos, después de que Kageyama se quedara horrorizado al encontrar el cuerpo de Hinata en ese estado, su mente no funcionaba de la misma manera, sentía que su vida cotidiana no volvería a ser la misma después de conocer aquel suceso. 

Luego de encontrar al pelirrojo en el río y de examinar que no tenía ninguna herida grave por la que ir al hospital, lo cargó en su espalda hasta su casa. Tendría que contar una mentira a su madre, si no, la vida de Hinata  sería un infierno para siempre. Se las ingenió para convencer a su madre de que sufrió una mala caída mientras corrían por las afueras del instituto en la hora del entrenamiento, era poco convincente pero por lo pronto era mejor que nada.

A pesar de los intentos de Kageyama para tranquilizar a la madre de Hinata, la mujer al borde de un ataque de nervios empezó a llamar por teléfono repetidas veces, Kageyama supuso que sería a su padre, pero no dijo nada y se limitó a mirar al pelirrojo, aun inconsciente, que yacía en la cama de lo que se suponía que era su habitación. La señora Hinata entraba y salía con nerviosismo de la habitación con el teléfono en la oreja, esperando a que alguien la respondiera. 

Tobio que se estaba empezando a irritar por el sin parar de la mujer, centró su atención en el central, la madre de Hinata le pidió que le curara las heridas pero la verdad era que no podía hacerlo, se sentía demasiado culpable para ello. Aunque Kai fuera el que hizo todo eso, la culpabilidad invadía a Kageyama, aun indirectamente, fue su culpa por permitir que el albino se llevara a Shouyou. 

Reunió todo ese orgullo que tenía y con un pequeño pañuelo limpió la cara de Hinata lentamente, procuró no tocar algunos arañazos de sus mejillas y se concentró en los rastros de lágrimas y suciedad. No podía mirarle a la cara, intentó centrar su mirada en su propia mano para no hacer contacto visual con el otro chico, era un cobarde, un cobarde egocéntrico. 

De repente, todo parecía tener sentido. 

Igual simplemente era por el hecho de que estaba confundido y aturdido por toda la situación pero se convenció internamente de que no era así. 

Kageyama Tobio en verdad era un mente simple.

-Siento todo este alboroto, Tobio-kun –dijo la señora Hinata con un tono más relajado que el que estaba usando mientras hablaba por teléfono.

-No pasa nada –musitó mordiéndose el labio inferior mientras limpiaba los pómulos de Hinata.

-Puedes irte ya a casa si quieres. Tus padres estarán preocupados –comentó cogiendo unas mantas del armario y colocándolas a los pies de la cama –además, debe haber sido duro llevar a Shouyou desde el instituto hasta aquí a cuestas.

-Mis padres no están en casa hasta dentro de una semana, así que no es molestia –remojó de nuevo el pañuelo en un pequeño caldero con agua caliente que le había dejado la señora Hinata –. Y Hinata pesa poco así que no ha sido tan duro –La mujer lo miró un rato como si intentase convencerse así misma de algo.

-Ya que no están tus padres, quédate a cenar si quieres, luego mi marido te llevará en coche hasta tu casa –le sonrió de la misma forma que lo hacia el pelirrojo mientras colocaba una suave manta con estampados de balones de voleibol sobre el cuerpo de Hinata.  Si no hubieran estado en aquella situación apenas dos horas antes, se hubiera reído de esa tonta manta.

No estaba acostumbrado a quedarse en casa de ningún amigo, así que entre el nerviosismo y la confusión asintió soltando un débil "gracias". La mujer se acercó a Hinata acariciándole el pelo con cariño y volvió la mirada al moreno con una sonrisa.

Desmoronamiento [EDITANDO Y CORRIGIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!