Capitulo setenta

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- ...Y hay dinero en la lata de la cocina con forma de vaca, por si queréis pedir pizza... -rodé los ojos.

Mi madre siguió con su interminable lista de instrucciones mientras arrastraba de habitación en habitación su maleta y mi padre no hacía más que tocar el claxon en la puerta de casa, impaciente por marcharse.

Yo tambien lo estaría si me fuera a Nueva York.

Pero no es el caso, me toca aguantar un fin de semana en Nueva Imbécil, población Nash.

- No se preocupe señora, estaremos bien. -sonrió el oji-azul cortándola, tan cansado como yo de que no cerrara la boca.

- Claro, sí, lo estareis. -afirmó mi madre auto-convenciéndose. Sonrió.- Nos vemos en cuatro días.

Y finalmente salió de casa cerrando la puerta tras ella, dejándonos a Nash y a mi en la entrada.

En cuestión de segundos despues de dejar de oir el motor, ambos fuimos rodeados por un aplastante silencio incómodo.

Que por supuesto tuvo que ser interrumpido por él.

- Asi que... Necesitas niñero. -una sonrisa arrogante en sus labios.

- Y tu necesitas aprender a decir que no. -bufé.

Si hubiera inventado alguna excusa, mi madre tendría que haberme dejado sola.

Pero no, el tenía que aceptar la propuesta.

- A lo mejor no me convenía decir que no. -me miró y yo entrecerré los ojos.

- A lo mejor lo que te conviene es mantener el hocico cerrado, animal. -contesté y el soltó una pequeña carcajada.

- Cuidado con como me hablas, puedo castigarte sin ver Bob Esponja, bebé. -amenazó.

- ¿Quién te crees que eres, pedazo de imbécil? -escupí con asco y él sonrió.

- Tu niñero.

Bien, esa es la gota que colma el vaso.

- Mira, ególatra pretencioso, me da igual lo que te haya dicho mi madre o los "poderes sobre mi" que creas tener, esta es mi casa y vas a seguir mis normas o te saco de aquí a golpes más rápido de lo que Johnson rapea, ¿te queda claro?

- Por favor, me muero por oir tus normas. -se burló.

- Es simple, tu por tu lado y yo por el mío, no quiero verte u oirte y tienes prohibido entrar a mi habitación o invitar al bicho que tienes por mascota o novia o como lo quieras llamar a esta casa.

Le miré a los ojos de la manera más amenazante que pude, teniendo en cuenta que me sacaba una cabeza y que sus ojos azules mirándome amenazantes no ayudaban en absoluto.

- Es una pena que yo sea el que esta al mando. -se encogió de hombros riéndose de mi.

- Imbécil. -bufé y tras sostenerle la mirada durante unos segundos, le empujé y subí a paso acelerado a mi habitación.

- ¡CENAMOS EN UNA HORA! -me avisó con una voz burlonamente cantarina y yo rodé los ojos.

- ¡QUE TE CALLES! -contesté, y lo último que llegué a oir antes de pegar un portazo fue una de sus carcajadas.

◈◈◈

- ¿Becca? -pregunté cuando oí como descolgaban el teléfono al otro lado de la línea.

- ¡ANA! -gritó ella contenta y no pude evitar reir.

- ¡¿Es Ana?! -pude oir a Beth de fondo.- Dile que es puta por no llamarme a mi pero que la echo de menos. -definitivamente Beth.

El Clan Imbécil |Magcon Boys| EDITANDO¡Lee esta historia GRATIS!