✿ Capítulo 16 ✿

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Nota de la autora

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Nota de la autora

Este capítulo tiene como acompañamiento en la parte multimedia una canción que es objeto de bromas entre Luis y su mejor amigo. Lean el capítulo para entenderlo.

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Luis

—¿Qué es lo que sabes? —sólo atiné a preguntar. Traté de disimular lo nervioso que me encontraba ante la exclamación de mi hermana.

Debía ir con cautela. Si había descubierto que yo tenía una relación con Margarita, trataría de convencerla de que no nos juzgara. Todo lo contrario. La bruja siempre había sido mi compinche en muchas cosas. Desde que éramos chicos, a pesar de nuestra diferencia de edad, habíamos compartido nuestros secretos. Y en más de una ocasión, el uno había ayudado al otro en tapar nuestras jugarretas ante nuestros padres para que no nos regañaran.

Durante el tiempo que tenía con Margarita, más de una vez intenté tocarle el tema. Pero no a modo personal, sino del típico caso de un amigo de otro amigo que tiene una relación con una mujer mayor. No obstante, cuando me armaba de valor para hablar sobre el asunto, recordaba los miedos de mi enamorada. Sus ojos llenos de temor, cuando me pedía tiempo para hacer frente a la sociedad, sólo hacían que se me ablandara el corazón y me frenara ante mis intenciones de confesarlo todo.

De este modo, no tenía que pensar sólo en mí, sino también en Margarita, en sus miedos e inseguridades, porque lo que menos hubiera querido era meterla en aprietos con sus padres, con los míos y con mi hermana. Si ellos se enteraban ahora, podrían ocasionarle muchos problemas. Y quizá, al enfrentarlos, mi enamorada no estaría en capacidad para asumir sus desaprobaciones, no aún.

Ya antes, con el problema de Diana, Margarita me había demostrado que, a pesar de que me quería, ella era solo un ser humano, no tan perfecto como la había idealizado durante todos estos años. Ella era una persona con muchos temores y prejuicios en su vida. Pero, por encima de todo eso, se había dejado llevar por lo que su corazón le dictaba, anteponiendo sus sentimientos por mí ante sus miedos, y esto era una muestra de la gran mujer de la que yo me había enamorado.

Por todo esto, no me vi con el valor de confesarle a nadie lo que tenía con ella. Pero ahora parecía que las cosas ya habían cambiado.

Yo estaba ahí, echado en mi cama, hablando con mi hermana. Pude sentir que las manos me sudaban y una gota fría bajaba por mi frente. Ada sólo se me quedó observando con una expresión indescifrable. ¿Qué diablos tramaba?

—¡Ya lo sé pues, patiperro! —habló levantándose de la cama.

Se cruzó de brazos y me miró fijamente.

—A qué... ¿a qué te refieres?

¡Carajo! ¡Tenía el corazón en la boca!

—Ay, hermanito, tú no tienes remedio. —Suspiró observando hacia el suelo y negando la cabeza a modo de desaprobación.

Decídete, Margarita [RESUBIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!