Capítulo 44

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El despertador de Zayn lo despertó. Lo apagó y se estiró. Notó un pequeño peso sobre su pecho y un dulce olor a vainilla. Se incorporó un poco y lo vio acurrucado aún sobre su pecho, dormido y precioso.

¡Desnudo! Lo miró de hito a hito ¡Era perfecto! Suave, bello y hermoso. Deseaba volver a hacerle el amor. Recordó la paz que sintió al poseerlo, la felicidad que obtuvo tras adorar aquel maravilloso cuerpo. Quería repetirlo de nuevo.

Pero el miedo y el recuerdo de sus propias palabras regresaron para quedarse. "No dejaría que ningún hombre lo utilizara a su antojo". No lo permitiría. Se recriminó por haber cedido y haber sido tan débil de haberlo buscado para abrazarlo, a pesar de que Zayn mismo había afirmado no querer que lo hiciera. Era el peor de los peleles.

Zayn comenzó a despertarse y notó la calidez de la piel bajo su tacto. Sonrió al reconocer al dueño del cuerpo esbelto y duro al que estaba abrazado. Se estiró suavemente para verle la cara. Estaba serio y lo fulminaba con la mirada. Entonces recordó sus cambios de humor y todo lo sucedido la noche anterior. También que él estaba enfadado. En ese momento no lo estaba, pero pensaba hacer tremendamente bien el papel. Si Liam tenía derecho a enfadarse con él sin razón, él debería hacerlo también ya que si tenía razones.

Tras levantarse de la forma más rápida que le fue posible, dejando caer una mirada despreciativa sobre Liam, caminó hacia el baño. Se paró en la puerta y sin girarse se dirigió a él en un tono de fingida tranquilidad.

- En el armario tiene que haber alguna playera tuya, por si quieres cambiarte antes de ir a clases -comentó Zayn entrando en el baño.

Liam aceptó la sugerencia, aunque pensó que antes no le vendría mal una ducha. Abrió el armario y se encontró con una infinidad de ropa, camisetas musculosas, camisas y pantalones de telas finas. Nunca había abierto un armario de Zayn. Lo normal era que Zayn estuviera en casa de él, no al revés. Pero cuando él iba a visitarlo, solían estar en la puerta de su casa, sentados en la escalera jugando y peleando a una distancia prudente de los ojos indiscretos de su madre.

Tras haber memorizado cada prenda y habérselo imaginado con ellas, y a él quitándoselas, comenzó a buscar algo para ponerse. Encontró un cajón lleno con cosas de él. Ropa, recuerdos, regalos,.. Vio algo que no encajaba allí. Una camiseta que no era suya. Pero le era conocida. Era la misma camiseta que Zayn había dicho a Louis que se quedaría, el día que los había encontrado juntos en casa de éste. Ahora entendía que un hombre como él se hubiera fijado en un hombre como Zayn. Louis si había visto lo bello y sensual que era. Pero no se había dejado engañar por él. Cuando Zayn se cansó de él y le dio la patada, sin piedad, Louis no había lloriqueado. Louis conocía a los arpías como él y no se lo había tomado en serio. Cuando Zayn terminó con él...

Hizo cálculos del día en que eso pasó ¡La noche de la fiesta de disfraces! Se habían dado su primer beso cuando Zayn aún estaba con Louis ¿Lo sabría él? ¿Sería verdad que fue Zayn el que lo dejó a él? ¿O lo habría dejado Louis al enterarse de lo que había hecho?

Zayn salió del baño y se quedó algo aturdido al ver como Liam miraba atónito una camiseta. Se acercó un poco, sin que él notara aún su cercanía, y la reconoció. La camiseta que Louis le había regalado ¿Qué nuevo delirio estaría maquinando su mal pensada cabecita? Se irritó al pensar en soportar un nuevo número de celos y de furia injustificada. Se acercó a él, llegando por su espalda, le quitó la camiseta y tras doblarla cuidadosamente, la guardó en otro cajón.

Liam quería espetarle a la cara todo lo que pensaba de él. Decirle que era un arpía sin sentimientos, que utilizaba a los hombres a su antojo y que él no sería uno de ellos. Le habría encantado poder lograr decir todo eso. O cualquier otra cosa. Pero en cuanto lo vio, envuelto en la blanca toalla, con el pelo mojado y salpicado de pequeñas gotitas por toda su piel desnuda, fue incapaz de soltar otra cosa que no fuera un gruñido. Lo observó por toda la habitación, moviéndose como si él no estuviera allí, preparando la ropa que se iba a poner.

Tras colocar todo sobre la cama se giró para mirarlo con una impaciente mirada.

-Ya puedes entrar en el baño. Por si quieres ducharte o adecentarte un poco -sugirió Zayn empujándolo en esa dirección- Mientras yo me visto.

Liam quería verlo vestirse, y desvestirlo después. Se dejó arrastrar al baño. Pero una vez llegados a la puerta, cuando Zayn se giró para regresar al cuarto, Liam lo cogió por la cintura y lo metió dentro con él.

-Vamos a ducharnos -afirmó Liam desvistiéndose.

-Yo ya me he duchado -aclaró Zayn señalando su pelo mojado.

-Nadie te dijo que lo hicieras solo -dijo Liam como si hubiera aclarado cualquier duda con una gran explicación.

Tras desnudarse por completo, le quitó la toalla a Zayn, mientras que éste no dejaba de protestar. Lo cogió en brazos y lo dejó bajo el chorro de agua, acorralándolo para que no pudiera salir. Se enjabonó todo el cuerpo y se acercó al chorro de agua donde Zayn estaba para aclararse. Lo abrazó para que no se escapara mientras dejaba que el agua templada se llevara cualquier rastro de espuma de su bronceada piel.

Estaba sufriendo la mayor de las torturas. Deseaba rodearle la cintura con sus piernas y que Liam estuviera muy dentro de él. Poder besar cada centímetro de aquella deliciosa piel. Pero Liam no parecía tenerlo allí para hacerle el amor. Lo quería tener cerca para asegurarse de que no se escapaba. Como si fuera un objeto nuevo que había adquirido y quería verlo una y otra vez, hasta que la novedad pasara y el interés por la adquisición se evaporara.

Liam quería poseerlo allí mismo. No entendía cómo se podía controlar. Pero no debía hacerlo. No sería bueno para su orgullo ceder de nuevo. Mentira. El único motivo por el que no lo había empujado contra la pared y penetrado con ansia, era que se había olvidado los preservativos en el cuarto. Pero al menos podría disfrutar de su cuerpo y abrazarlo con la excusa de retenerlo.

Era patético, se dijo. Que fingiera no ser su perrito faldero no hacía menos verdad que se había convertido en él desde que lo hizo suyo la primera vez. Quizás antes. Puede que siempre lo hubiese sido. Pero con la excusa de que solo eran amigos, no le había importado. Para Zayn habría sido la relación perfecta. No tenía que dar nada y lo obtenía todo de él. Pero ahora tenía que sacrificarse y cederle su cuerpo ¡No le extrañaba que quisiera recuperarlo como amigo! Así se ahorraba el tener que meterse en su cama.

¿Estaba obligándolo a acostarse con él? ¿A su Zayn? Una voz le dijo que no era su Zayn, que solo era una fachada, puros engaños para atraparlo. Pero él tenía demasiados recuerdos para saber que eso no era verdad. Se protegía de Zayn, sabía que debía hacerlo si no quería necesitarlo tanto que fuese incapaz de vivir sin él. Pero ¿sería capaz de hacerlo a costa de Zayn? ¿Podría utilizarlo para satisfacer su lujuria y así poder dejar a un lado su obsesión por él, sin importarle lo que él sintiera?

Lo soltó con brusquedad y salió de la ducha a toda prisa dejando a un Zayn conmocionado y aturdido. Ya empezaba a acostumbrarse a ese estado ¡Que Dios le diera paciencia! Si ese cavernícola lo despreciaba otra vez, haría picadillo de cretino con patatas.

Eso le recordó que tenía hambre. Y con sus habituales cambios de humor, que solo Liam comprendía, recogió la toalla. Entró en el cuarto ignorando al hombre allí presente y se vistió, como si nadie lo viera. Escuchó un gemido cuando dejó caer la toalla. Un gruñido lo sucedió al colocarse la ropa interior. Y un sinfín de maldiciones se escucharon como fondo mientras Zayn se embutía unos vaqueros ajustados y una camisa ancha de la cual solo se puso dos botones. Y con prisa porque llegaban tarde a clases, se encaminó a la puerta.

No iba a perder su tiempo peleando con un orangután que ni sabía lo que quería. Desayunaría, iría a clases y después planearía su muerte. Lenta y dolorosa.

¿Y él se había planteado que le estaba haciendo daño? se reprochó Liam, corriendo tras el hombre que estaba a punto de dejarlo encerrado en su apartamento. Para hacerle daño a alguien primero debe tener corazón. Y esa pequeña víbora ni sabía lo que era eso. Se divertía torturándolo. Lo menos que podía hacer a cambio era obtener sus favores. No se iba a recriminar por no tratarlo de las mejores formas ¡No se las merecía!

Más Que Amigos, Menos Que amantes. Ziam¡Lee esta historia GRATIS!