Mentirosos y mentiras

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-¡Espera! ¿Qué ha pasado? ¡Hinata! –intentó correr detrás de él pero su mente decidió no hacerlo por el bien de ambos -¡No llegues tarde al entrenamiento!

-Entendido... -dijo Hinata para sí mismo, apretando los puños con fuerza y volviendo su cabeza hacia el suelo de nuevo. Gracias Yachi-san.

Yachi quien se encontraba en mitad del pasillo, volvió sobre sus pasos, dando un gran suspiro de preocupación. Kageyama, ayúdale, por favor . Pensó rápidamente, juntando sus manos antes de entrar en la clase. Hinata te necesita.

El subdirector se detuvo al llegar a su destino, entrando despacio en la sala, le dijo a Hinata que esperara en la entrada mientras él desaparecía unos segundos detrás de aquella puerta. El pelirrojo se apoyó en la pared, intentado relajarse para no cometer ninguna estupidez más por la que le pudieran castigar. 

Cerró los ojos en el mismo momento en el que unas manos cubrieron su boca y alguien empezó a tirar de él en dirección contraria a la que había venido. Hinata se zarandeó, intentando soltar la mano que cubría su boca, la posición en la que le habían agarrado impedía por el ángulo que pudiera ver a la persona que le arrastraba. Ambos se detuvieron en un pequeño pasillo vacío, justo cuando la campana que advertía del cambio de clases sonó.

-Eso ha estado cerca... un poco más y nos pillan –Hinata al oír aquella voz se quedó paralizado en el sitio, antes de darse la vuelta para ver de quien se trataba definitivamente.

-¿Kageyama? –Dijo perplejo al encontrar a su colocador en aquel lugar -¿Qué haces aquí?

-¿Cómo que "Qué hago aquí"? salvarte el culo, por supuesto. No puedo ser más claro –se sentó en el suelo, entrelazando sus piernas para estar más cómodo. Hinata ante tal declaración solamente se quedó quieto en sitio, contemplando al chico que tenía en frente.

-Una chica de tu clase me dijo que no habías venido –comentó rápida y secamente. Kageyama dirigió su atención al pelirrojo, extrañado.

-¿Eh? ¿Por qué se supone que no habría podido venir? –Hinata jugueteó con sus dedos y apoyó la espalda contra la pared, confuso.

-¿Por qué me habrá mentido...?  -se acomodó sobre sí mismo mientras refunfuñaba por lo bajo. Kageyama que no había dejado de mirarle en todo momento se acercó un poco más a él –Encima por tu culpa mi castigo será aun peor... -El moreno miró hacia los lados al darse cuenta de esa afirmación.

-Puede, pero al menos no te castigarán a ti solo –el central levantó el rostro para mirarle.

-¿Pero no te has dado cuenta de que igual nos expulsan?  -el tono de su voz subió bruscamente con la última palabra, haciendo que Kageyama le tuviera que tapar la boca con la mano, antes de mandarle callar.

-Lo he hecho porque me debes una explicación, idiota. Ahora mismo eso es lo de menos –Shouyou miró hacia otro lado mientras tocaba suavemente su frente, ya sin venda, y destapaba su boca para poder hablar a la vez que un tono carmesí cubría sus mejillas.

-No hay nada que explicar.

-No estoy tan seguro de eso –dijo Kageyama colocando una de sus manos encima de la cabeza de Hinata para hacerle volver el rostro hacia él -¿Por qué te largaste así de mi casa el otro día si se puede saber? –el pelirrojo lo miró de reojo.

-Si no puedes deducirlo por ti mismo eres más tonto de lo que pensaba, Kageyama –ante esto, el colocador apretó los dedos que estaban en la cabeza del otro, provocando que éste se retorciera en el sitio, suplicando que parara. Kageyama se próximo a su rostro, pulverizándolo con la mirada y quedando a solo unos centímetros de él. La cara de  Hinata se volvió roja completamente mientras intentaba escapar de esos orbes azules que le reprimían en el sitio.

Desmoronamiento [EDITANDO Y CORRIGIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!