Pesadillas y fantasías

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Con delicadeza, aquellos tonificados brazos rodearon el cuerpo del pelirrojo levantándolo del sofá sin llegar a despertarlo. Lo cogió en brazos como si se tratara de un niño pequeño que se había quedado dormido, accidentalmente, antes de su hora de acostarse. Dudó unos segundos hasta que decidió sujetar al pelirrojo de la forma más cómoda, lo que suponía tocar su pequeño trasero. Con una mano lo sujetaba firmemente desde abajo y con la otra lo acomodaba contra él. El chico más bajo cabía perfectamente entre sus brazos; por lo que eso le proporcionaba una mayor comodidad y evitaba que se despertara. Avanzó hacia su habitación, subiendo las escaleras con sumo cuidado, los movimientos de subir y bajar al subir las escaleras despertaron un poco a Hinata quien tardó en reaccionar ante la situación.

-Lo siento ¿te desperté? –dijo una voz grave pero tranquila procedente del chico más alto. Hinata, adormecido, simplemente se limitó a bostezar y a negar con la cabeza antes de apoyarse en el hombro del moreno de nuevo y rodear con sus brazos a su compañero.

Kageyama lo acercó más a él, antes de proseguir hacia su habitación.

La fría habitación no tenía apenas luz, así que depositó a Hinata con cuidado en su cama, mirando fijamente la sonrojada cara adormilada del pelirrojo. Su pecho subía y bajaba con cada respiración y los adorables sonidos que le proporcionaba hacían que creyera que estaba en el mismísimo paraíso. 

Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación, empezó a bajar su atención hacia la parte de la barriga del pequeño la cual estaba al descubierto y los desordenados  pliegues del pantalón corto que le daban una imagen más tierna y provocativa a la situación. Se sentó en el borde de la cama acercando su cuerpo al del más bajo mientras que con una de sus manos le subía lentamente la camiseta mostrando el menudo y musculoso torso de Hinata. El pelirrojo se movió por culpa del tacto del otro chico.

-Umm... ¿Kageyama? ¿Qué pasa? –se incorporó, frotándose los ojos, confundido por la situación.

-Nada, solo quédate así –la mano que sujetaba, anteriormente, la camiseta pasó a su cuerpo acariciando la suave piel debajo de ella.

-¿Qué estás haciendo? ¡Para! –suplicó el pequeño, pero el enorme cuerpo de Kageyama se posicionó encima de él, tumbándolo en la cama e inmovilizándolo.

El central se empezó a zarandear debajo de él, obligando a Kageyama a tomarlo de las muñecas colocando éstas encima de su cabeza y sujetándolas con una de sus manos. Con la que le quedaba libre, siguió subiendo la camiseta del menor sin llegar a quitársela. Paseó su mano por el cuerpo del otro, tocando cada rincón y jugando con sus pezones, haciendo que en alguna ocasión Hinata gimiera.

-Te soltaré solo si me dejas tocarte –Lo miró cara a cara, agarrándolo por el mentón, evitando que separa la mirada y su atención de él.

 -¿¡Qué cojones te pasa!? ¡Suéltame Kageyama! –Siguió zarandeándose en la cama, intentando zafarse del aprisionamiento que el otro chico había conseguido sobre él.

Estaba nervioso y su cara estaba roja completamente, la poca luz de la habitación no le dejaba ver con claridad el rostro de Kageyama. 

De repente, notó que el agarré en sus muñecas se redujo, pero el peso sobre su cuerpo aumentó. Unas manos tocaron su rostro, colocando algo parecido a una venda en sus ojos, tapando la poca visibilidad que tenía 

¡Quítame esto! ¡Kageyama contesta! ¡No veo nada!

-Eso es lo que quiero–Sonó como un susurro, pero fue suficiente para que el cuerpo de Hinata se estremeciera. Unos labios y una lengua invadieron su boca antes de que pudiera responder, el beso fue tan profundo y húmedo que el cuerpo del pelirrojo se empezó a debilitar y quedó completamente a merced del más alto.

Desmoronamiento [EDITANDO Y CORRIGIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!