Capítulo 15 - T2

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— Hola, linda. – Susurró una voz ronca en mi oído.

No me dio por voltear porque sabía quien era... Era claro que era Mattheo... Estaba demasiada tomada como para pensar con claridad, sí, pero tampoco era estupida para dejarme llevar por este imbecil...

— Saca tus manos de mi cuerpo. – Dije aún bailando, no quería arruinar esta noche, por esto, y trate de soñar tranquila.

— Y si lo hago... ¿Qué ganaré? – Se volvió a acercar a mi oído.

— Te ganarás mi mano marcada en tu horrible rostro... – Dijo una voz que provenía de las espaldas de Mattheo.

— Hermanito Tom... – Sonrió y trató de abrazarlo, de nuevo tomado.

— Aléjate Mattheo, no eres bienvenido con ella... – Tom lo miró amenazante.

— Lo siento, princesita. – Contestó con tono burlón, y se fue alejando mientras le quitaba sus bebidas, a la demás personas.

— ¿Estás bien?

— ¿Me vez que este bien? – Casi no se entendía lo que decía, me movía de un lado a otro sin explicación. — Estoy de maravilla, vete si no me quieres arruinar la noche... Seguí moviéndome para continuar bailando.

— Es mejor que te vayas a dormir... – Dijo en voz baja.

— No... Ahora, largo – Respondí con carcajadas mientras agitaba mi cabello.

— No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando, vete a dormir ahora. – Dijo serio, su expresión era neutra y sin sentimientos reflejados

Giré sobre mi propio eje para mirarlo a los ojos, sigo indignada por el tono con el que me había hablado, me acerqué haciendo una sonrisa irónica.

— O si no ¿que? – Traté de mirarme intimidante.

Tom me miró a los ojos, y con un rápido movimiento se agachó un poco y me cargó, haciendo que mi estomago quedara recargado en su hombro, y él tomaba de mis piernas con brusquedad...

— ¡¿Que haces?! – Le grité desesperada. – ¡Bájame ahora! – Comencé a forcejear pero Tom era más fuerte y apretaba su agarre de mis piernas, incluso me lastimaba el metal de sus anillos.

Salíamos del salón, nadie nos prestaba atención, era lo único bueno, pero era realmente incómodo, no sé que haría Tom para subir las escaleras y cargando mi peso..

Fue cuando sentí esa onda, la que sentía cuando Tom me ayudaba a teletransportarmem Claro, no recordaba eso... En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en mi habitación, Tom se quedó en la puerta y yo seguía en su hombro...

— ¡Bájame ya, Tom! – Comencé a golpear su espalda, pero no le afectó mucho

Caminó unos pasos a la cama y me recostó con cuidado en ella...

— ¿Ya estás mejor?.

— No... – Nos quedamos en un silencio incómodo. – ¿Y que? ¿Te vas a aprovechar de mi porque estoy ebria? - Pregunté sin sarcasmo alguno.

— ¿Qué?, Por su puesto que no... – Rodó los ojos fastidiado.

— Largo.. – Apunte la puerta.

— ¿Me estás corriendo? – Hizo una mueca de indignación.

— No no, por su puesto que no!. – Contesté irónica. – Claro que te estoy corriendo Tom, largo!.

Ni si quiera mi subconsciente sabía por qué lo estaba corriendo, definitivamente no volvería a tomar alcohol en exceso. Tom se levantó molesto y mientras se dirigía a la puerta dijo;

— Niña malagradecida, si no hubiera llegado yo, te hubieras desmayado en uno de esos de tus bailecitos "sexys" y ahorita ya no serías virgen, ¡ah, es verdad, no lo eres, maldita ofrecida! – Dijo mientras se colaba al marco y con una de sus manos sostenía la puerta.

— ¡Maldito engreído! – Le aventé una almohada desde mi cama, como si fuera una arma letal, aunque no lo dañaría...

Tom al ver mi acción, rápidamente cerró la puerta, haciendo que mi almohada chocara con esta y no con Tom...

Escuché como las risitas de Tom se alejaban por el pasillo. Tomé otra de mis almohadas, hundí la cara y grité lo más fuerte que pude.




...

Estaba terminando de empezar las cosas, teníamos que salir del castillo en 10 minutos, solo necesitaba cerrar la pequeña bolsa y saldría tan rapido como pudiera. Escuché pasos aproximarse a la puerta, creí que se alejarían por donde vinieron, pero cuando llegaron a mi puerta, se detuvieron y mi puerta de abrió de golpe...

— ¿Y usted que hace aquí?, Vieja loca. – Cerré la bolsa y me encamineé a la puerta, pero Dolores me detuvo jalándome del brazo.

— Usted pasará las vacaciones con la familia... Ni crea que se ira con los asquerosos Weasleys como las vacaciones pasadas... – Rió con un tono de amargura y comenzó a jalarse aún más sacándome de la habitación.

— ¡¿Qué le pasa?!, ¡No iré!, No quiero. – Traté de forcejear, cuando por fin me solté, iba a sacar mi varita, pero ella fue más rápido y me apuntó con la suya a la garganta.

— Usted irá conmigo, entera o en pedazos, la verdad no me importa, pero no volveras a ver a tu grupito de amigos. ¿Entendido? – Con cada palabra, hacía más presión con la varita y lastimaba mi cuello.

Negué con la cabeza. Sentí como la punta de la varita comenzaba a quemar mi cuello, era una horrible sentacion...

— ¡Ahh!, ¡Basta! ¡Eso me quema! – Grité tratando de que alguien me ayudase, pero el pasillo estaba vacío.

— Tranquila, grita todo lo que quieras, todos ya salieron... – Contestó Umbridge con orgullo.

— ¡Me lastima!, ¡Quite eso! – Me retorcía del dolor, sentía como ese ardor comenzaba a traspasar la piel.

— Solo tienes que decir que no huirás... Y si lo haces, sentirás ese mismo dolor pero en todo el cuerpo, hasta que mueras lentamente...

— ¡Bien, bien! ¡Pero ya quite eso! – Grité y después Dolores apartó la varita.

Toque mi cuello, donde sentía la parte lastimaba que aún ardía.. Y ahí fue donde me condené a una muerte segura sin haberlo previsto...

-  -  - 𝙈𝙞 𝙖𝙘𝙤𝙨𝙖𝙙𝙤𝙧 -  -  -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora