•Capitulo 2•

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Los últimos días había estado robándole a varias de las lunas superiores y algunas inferiores, entre ellas sus 2 anteriores víctimas, luego le robó a un peli-rosa con aspecto de balón, le siguieron 2 demonios aparentemente emparentados, y la lista continuaba hasta el pequeño demonio al que apodo La arañita kawaii.

Era jodidamente divertido hacerlo...

Ahora mismo la albina se encontraba comiendo en su callejón mientras pensaba en asuntos de la vida, o algo así. Su estómago gruñía sin parar y estaba ansiosa por robar algo de comer para el postre, cuando de repente sintió un golpe en la cabeza y todo se volvió negro, un vacío en el que caía lentamente, iba hacia las fauces de la bestia, hacia la fortaleza del rey de los demonios.

Y sí, fue a desayunar y se la secuestraron, re casual.

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Una chica albina estaba tirada en el piso inconsiente mientras varias de las lunas demoníacas la rodeaban y esperaban a qué despierte, hasta que un bruto demonio peli-rojo con una katana la pateó para acelerar su despertar

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Una chica albina estaba tirada en el piso inconsiente mientras varias de las lunas demoníacas la rodeaban y esperaban a qué despierte, hasta que un bruto demonio peli-rojo con una katana la pateó para acelerar su despertar.

—5 minutos más... la belleza cuesta...— dijo la albina de ojos azules para darse la vuelta y darle la espalda a sus capturadores, ni siquiera despertarla era fácil para los demonios, nadie interrumpía su sueño de belleza.

Y pues hasta ahí llegó la paciencia de Muzan después de 1 hora intentando despertarla sin logro alguno.

Nakime, tirala al río más helado que encuentres— y con esa simple orden una puerta se abrió debajo de la ladrona y cayó al río, el río más helado que Nakime logró encontrar —dejala abierta, que venga por su cuenta si no quiere morir congelada—

...

—¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!— se escuchó el inmenso grito súper afeminado de un mal despertar a través de la puerta, mientras que los demonios veían de reojo para ver cómo comenzaba a hundirse en el agua hasta que simplemente desapareció de su vista.

—Si se murió me la puedo comer? No importa si está un poco fría! Todo sea por mis abanicos— preguntó el ojitos de gay relamiéndose los labios con una mirada perversa.

Después de un buen rato no volvía, solo había silencio, y de vez en cuando salían burbujitas del agua.

—Y si de verdad si se muere? No la iba a convertir en demonio Muzan-sama?— preguntó el peli-rosa asomándose a la puerta que estaba directamente sobre el río, parecía una pequeña piscina en el piso.

—Si se murió ya ni modo— el rey demonio se acercó a la puerta para cerciorarse de que de verdad hubiera estirado la pata cuando sintió una mano fría y húmeda en su tobillo, a continuación un jalón lo hizo caer al agua helada no sin antes quebrarse el cráneo contra el marco de la puerta.

Pequeña Ladrona ≈Muzan Kibutsuji y Tú≈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora