—Señorita Pond, el es mi primo... —No fue necesaria terminar la frase porque Leire la interrumpió.

—Valerio —Dijo cortante... Bueno por lo menos tenía excusa de verla hoy, la apuesta inicio el viernes. Y hoy es perfecto para tratar de hacer algo.

—Hola Leire — Le sonrió, ella pone sus ojos en blanco, definitivamente ella no me lo va a poner fácil.

—Aly, ve a jugar, en unos minutos mas empezamos la lectura —Se dirige muy amable a mi prima.

Ella asiente y se va con el chico que creo que es Matias. El que la trato de abrazar y Alison no quiso.

—¿Me estas siguiendo? —Directo al grano, ¡Si perfecto!, sarcasmo.

Pero me gusta que vaya al grano, y no quiera posponer sus preguntas, dudas o cualquier cosa que conlleve atacarme.

—No... —La verdad es que no se como responder a eso—. Creo que tu me estas siguiendo.

—Yo trabajo aquí —Suspira—, ¿Te vas a quedar a escuchar la lectura o a coquetear?, porque si no es así te puedes ir por uno de esos pasillos.

—A escuchar la lectura es obvio, y por si no lo sabes yo no coqueteo contigo.

—¿Ah no? —Ríe—. En la fiesta siguiéndome, preocupándote por si llegue a casa bien, hasta me querías invitar a salir, y sino recuerdo mal hasta me llamabas Cariño. ¿Eso no es coquetear?

—No te llamaba, te llamo Cariño, Cariño —Pone sus ojos en blanco. Sonrío por eso.

—Bueno, puedes ir a buscar un lugar —Se detiene antes de continuar—. O haz lo que se te de tu gana, no me importa que hagas la verdad.

Asiento, y ella se va. Lleva puesto un vestido de flores.

Es bonita, lástima que es directa. Y lástima que también estoy dentro de esta apuesta. ¿En que demonios estaba pensando el viernes? Ni idea la verdad. Las apuestas van bien conmigo, lo que no va bien es tener que enamorar a una chica, ¿Como se enamora a una chica? Yo solo sé llevármelas a la cama.

Y sin más llama a los niños, lo hace demasiado rápido que se me hace fantástico, a los niños les gusta, lo puedo notar, tomo una silla que esta junto a una pared de libros y me siento.

Empieza a leer el libro de Hansel y Gretel.

En cuanto lo hace puedo ver porque a los niños les encanta, cuando habla lo hace ver divertido o triste dependiendo de la situación, hace gestos, se para, salta, pasa al rededor de los niños, convive con ellos mientras lee.

Ellos están fascinados con Leire. Y por alguna extraña razón me ha gustado su espectáculo.

Termina el cuento y ella les da dulces, tal cual como Alison me había contado.

—¿Te estas burlando de mi? —Me dice Leire, no había notado que tenía una gran sonrisa en mi rostro, fue casi inconsciente eso de hecho yo no recuerdo haber sonreído—, ¿Iras por ahí por el instituto a contarle a todos lo ridícula que me veo haciendo esto?

—No solo es que... Fue agradable, lo qué haces —Me emociono de hombros—, y no haría lo último, si me das un beso, cariño.

—Ya vas a empezar —Hace una muñeca de asco—. Y en efecto, si lo harías Valerio. Por el amor de Dios cualquier excusa para molestar a alguien en público la tomarías sin pensarlo dos veces, ni si quiera te bastaría un beso.

—Soy capaz de eso y de mucho mas, es cierto —Me detengo un par de segundos—, pero no contigo. No a partir de ahora. Cariño.

Tiene que caer de alguna manera, y si necesito ser amable, y entre comillas, lo haré.

—¿Siempre tienes que ser un imbecil? —Así nunca voy a lograr nada.

—Creo que si, así soy yo —Arrugo la nariz—, ¿Por qué trabajas aquí?

Suspira.

—No te tengo que contar nada a ti —Rueda sus ojos.

—Oh vamos, simplemente suéltalo. No te besare si me lo cuentas —Le guiño un ojo—, o quien sabe.

Ella sacude su cabeza, después suspira, creo que se ha dado cuenta que si no me lo cuenta seguiré molestando, y si que lo haré por una larga temporada.

—Mi primo Matias me lo pidió, hace un par de meses la Señorita Helen renuncio, y Matias se puso demasiado triste, ya que nadie quería este puesto, a él le encanta la lectura y todo lo relacionado con la literatura gracias a la abuela, y decidí trabajar aquí gracias a él —Se encoge de hombros—, creo que también me lo pidió porque a Alison le gustaba escuchar los cuentos. Creo que a Matías le gusta, en fin. Niños.

—Al parecer no eres tan fría como pensaba —Le digo con una sonrisa de lado.

Entonces Alison se acerca.

—¿Vamos por mi helado que me prometiste? —Me pregunta mientras me agacho.

—Si, solo dame un segundo.

Ella asiente y creo que se va a despedir de Matias.

—Y tu al parecer no eres tan idiota con las chicas —Dice mientras señala con la cabeza a Alison.

—Es mi tesoro esa niña —Me le quedo viendo a Alison, porque es cierto—, ¿Y sabes con quién no podría ser un idiota también? Contigo Leire.

—Mejor así déjalo, no me interesas ya te dije no seré una pieza en tu juego retorcido—Empieza a caminar en dirección de Matías—, adiós Valerio, nos vemos en uno de tus próximos accidentes. O tal vez del mío.

—¡Tu eres la que caerá! —Le grito.

Si me pongo a pensar sería en ambos sentidos.
Caer al piso como de costumbre.
Y caer por mi.
Y si que será otra pieza en mi juego, solo que de una manera un poco distinta a la acostumbrada.

Alison se acerca a mi, me toma la mano, ya quiere su helado, está niña a veces es manipuladora.

La apuesta perfecta [1]¡Lee esta historia GRATIS!