—Entonces ¿Que es lo que quieres? —Pregunta molesta.

Parecía disgustada, pero puedo lograr entender la razón, siempre la he tratado mal y me he burlado de ella. Que curiosa es la vida.
De ahí su comportamiento tan seco del sábado conmigo. Y el de ahora.

—Bueno, mmm... no se como empezar la verdad.... —Empecé a trabarme con las palabras y eso no era normal—. Quería saber si... Habías llegado bien a tu casa.

Ella enarcó una ceja, parece confundida. De hecho yo también estoy confundido. Vamos Eliot, no necesitas hablarle, estás haciendo el ridículo, mejor date la vuelta y ve a ligar a otra chica.

—¿Desde hace cuanto te interesas por si llego o no a mi casa? —Respondió sin mucha importancia, pero a la vez mientras volteaba a todos lados, sin duda parecía realmente incomoda.

Auch, duele que sean directos conmigo.
Apreté mis labios, realmente no sabia que decirle, no sabia porqué había corrido tras de ella; bueno de hecho si lo sabia, yo quería saber sobre ella, pero al parecer si la conocía desde hace tiempo, y no de la manera más agradable posible. Así que, ¿Por qué me encontraba aquí? Humillándome enfrente del instituto. Porque si, todos estaban pendientes de nuestra platica. Yo sabia quién era ella perfectamente ¿Por que seguía aquí enfrente de todos hablándole a esta chica?

—Desde que te fuiste sola a las dos de la madrugada sin tu hermano de la fiesta del sábado —Le respondí ya más seguro de lo que hablaba—. O tal vez nunca.

Leire suspiró cansada. Negaba con su cabeza, tal vez tratando de descifrar que era lo que buscaba.

—Si, llegue a mi casa bien... —Volteaba a todos lados nerviosa—, ahora puedes irte.

Asiento.
Mi mente esta en blanco en estos instantes, no se me ocurre decirle algo mas, y para que esto sucediera necesitaba pasar un milagro, y al parecer eso paso pero sin un milagro.
Leire pudo observar que no sabía que decir después, volvió a enarcar una de sus cejas.
Necesitaba irme ya.

—Ya te dije que llegue bien.. —Continuo algo cortante—. ¿Quieres algo mas?

—Solo estaba pensando qué tal vez... —Ya que me había humillado enfrente de muchos tenía que tratar algo—, bueno, quería saber si tú quieres...

Pero la pelirroja no me dejó completar mi frase, me corto con su voz seca.

—¿Salir? ¿Contigo? ¿Eso era a lo que venias a decirme en inicio? —Nota que no le respondo, y tal vez se lo tomo como un si. Y de hecho es un si en cierto modo... Quería saber si ella me volvería a decir que no—. Valerio, no se como juegues con las chicas, bueno de hecho si se como juegas con ellas, por eso quiero que sepas para que quede claro yo no soy una de tus otras piezas en el tablero, no saldría contigo ni aunque estuviera muerta. Y si lo estuviera seguiría denegando tu invitación. ¿Y sabes por qué? Porque nadie quiere a los idiotas, bromistas y players. De hecho esto es probablemente una broma, ni si quiera sé porque sigo aquí.

Y entonces la vi darse la vuelta y salir caminando como si nada hubiera pasado.

¿No saldrías conmigo ni aunque estuvieras muerta?
Me dije a mí mismo.
¡Ja! Eso ya lo veremos. Querida Leire, has firmado tu sentencia, nadie me dice un no como respuesta, cariño.

Eduardo se acerca a mi.

—¿La invitaste a salir? —Llega preguntando —, ¿A la patosa?

—Deja de llamarla así —Le dije enojado, ahora que la invitaría a salir así no quería que nadie la llamara así—, y si. La invite a salir.

—Por si no recuerdo mal todavía la llamabas así hace unos días —Su comentario provocó que pusiera una mueca.

Suspiro, es cierto, por eso ella está enojada conmigo, siempre la he tratado mal, siempre he tratado a la chicas como un juego para mi. Pero es que... Demonios no puedo evitarlo, así soy y tal vez así seré por siempre.

Pero nunca me había importado, la verdad.

—Si lo recuerdo —Dije entre dientes.

—¿Y entonces por qué carajos invitaste a salir a esa? —Pregunta conmocionado —.Que por cierto te dijo que N-O.

Me enoja que recalque el maldito "No"

—¿Sabías que "esa" es la hermana de Roma?—Parecía algo sorprendido ante mi pregunta , tal vez yo puse la misma cara cuando me enteré de eso—. Ella es la chica que te conté del sábado.

Supongo que ya nada importabas quién era quién. Solo importaba la respuesta que ella había tomado hacia conmigo, digo hasta las chicas menos populares (Claro, la necesitaba para que hicieran mis trabajos), y las que alguna vez le había jugado una mala broma, caían ante mi. Pero aquella Pelirroja, Leire... Se había marchado sin importarle haberme dejado entre una gran multitud.

—¿La pelirroja?... Nunca le he visto su cabello, ahora que lo pienso siempre lo tiene metido en su gorra o cachucha —Suspira antes de continuar—, ¡Pero aún así Eliot! ¡Ella es la patosa! No me importa si ella fue la chica que te dejo intrigado, nadie quisiera salir con ella. Ni si quiera tu...

Tal vez no.

—Ya lo se, por eso no la había reconocido —Dije frustrado—, y deja de llamarla así con un demonio Ed.

—Bueno... En mi punto de vista... No entiendo por qué vas detrás de ella, puedes tener a cualquiera, cualquiera y eso nunca te ha importado —En ese momento Ed sonó como un idiota diciéndolo, aunque esa sea la verdad—. No la sigas, no vale la pena.

Suspiro. Aunque era cierto. De hecho aunque haya sonado como un idiota, el idiota aquí era yo, y al parecer no me importaba mucho.
No entendía porque iba tras de ella si podía tener a cualquier otra, en eso tenía razón Ed.

—Si tienes razón —Acepte—, tal vez no sea muy importante lo que pasa por mi cabeza. Tal vez sea algo estúpido.

—Ya ves —Dice mientras sonríe—, ya empiezas a reaccionar de nuevo. Ven vamos tenemos entrenamiento, y el entrenador se va a poner como loco, otra vez.

Asiento.

Eduardo tiene razón, puedo tener a cualquiera, no entiendo como fui detrás de una chica que nunca me va a hacer caso, y a la que le he hecho bromas.

Pero....
Mejor olvídalo Eliot, es una tontería perseguir a una chica que le he hecho bromas, que la he humillado, que es muy fría y directa conmigo, que suele tener razón en las frases que dice, que su pelo es genial, que sus ojos son un verde hermoso, que ella es... Eliot despierta con un carajo, no puedes ir tras de ella, ella no lo vale, es fría y rara... ¿Por que lo valdría una chica así?

¿O si? ¿Lo valdrá?, digo... Quería algo de emoción por fin, algo que no fuera tan fácil, y ella apareció, tal vez signifique algo, que no todo se me tiene en mi plato... Y a veces el cazador tiene que salir por su presa.

Pero nunca lo sabre porque ella lo dejo bien claro, que no quería salir conmigo nunca.

Pero pues ya lo veremos. Al final de todo, no puedo sacarme de la mente su rechazo público.

En fin.
Tengo que entrenar y despejarme de todo esto.

La apuesta perfecta [1]¡Lee esta historia GRATIS!