Capítulo 10 - T2

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— Por Dios, Hermione... – La abracé con fuerza, podía sentir como su pequeño cuerpo temblaba y sollozaba desesperada.

— Lo siento por no decirte.. – Hundió su cabeza en mi hombro y lo comencé a sentir húmedo a causa de las lágrimas de Hermione.

— No te disculpes... No tienes por que hacerlo.. – Después de minutos estando en silencio y lo único que se escuchaba era a Hermione sollozar, me atreví a preguntar... lo cual fue un grave error.

— ¿ Quién lo hizo?, ¿Me quieres decir? – dije tratando de soñar comprensiva

— No... – sonó seca, más de lo normal.

— ¿Segura? – No sé porqué sentí la necesidad de decirlo, sentí que ella dudaba de algo, quizás la podía ayudar.

— ¿Estás dudando de mi? – Se separó del abrazo y me miró molesta

No entendía por qué ella creía si dudaba de ella, sí yo había preguntado sí en verdad no quería decirme quien era...

— N-no Hermione... Claro que no – Traté de acercarme una vez más pero ella se alejó

— ¡Que mala amiga eres!, ¿Como te atreves a dudar de mi? – Se levanto de la cama aún más molesta, casi gritando.

— Hermione, tranquila... – Al igual me levanté de la cama y me puse frente a ella. - Solo pregunte si no querías decirme. Es todo

— Sal de mi habitación. – Con uno de sus dedos, señaló la puerta de la habitación, mientras que su rostro expresaba nada, ni una sola emoción.

— Pero Herm- me interrumpió.

— ¡Lárgate! – Gritó – ¡Ya no te quiero ver! – Yo brinqué un poco por la sorpresa, sabía que esto no era normal, y que no estaba en buen estado

— Bien... – Contesté cortante y salí de la habitación.

No entendía por que me había sacado si según mis conocimientos, no había sido tan "directa"...

Me quedé un momento fuera de la puerta de Hermione, esperando que se arrepintiera de haberme corrido, pero no lo hizo... Me quedé como estupida, me paré frente a la puerta de nuevo y pensé en tocar pero mejor me alejé por el pasillo.. 

Sabía que Hermione se sentía decaída, necesitaba que la revisaran, quizás no todo lo había mostrado el sueño, ella necesitaba ayuda, y no sabía que hacer...

Al llegar a mi habitación, cerré y me puse mi pijama, me estaba apunto de sentar en la cama cuando Tom entro a la habitación, sin entender como por que anteriormente le había puesto seguro...

— Tom... ¿Que hac... – No me dejó terminar la frase por que se acercó a mi y puso un dedo en mis labios, indicando que guardara silencio.

— Shhh... No hagas ruido por favor, necesito sacarte de aquí...– contestó en un tono bajo, quitó su dedo de mis labios y miraba hacia la puerta repetidas veces.

— ¿Que sucede? – dije en un susurro casi inaudible.

— No hables... – Respondió con seriedad.

Tomó mi muñeca y comenzamos a caminar a la puerta, pero en el pasillo se escucharon pasos rápidos y pesados.

— Mierda.. – Susurró Tom, cerró la puerta de un puertazo y puso seguro, volvió su mirada hacia mi. — ¿Tienes la manta de Potter? – Dijo mientras en el pasillo se escuchaban más cerca los pasos.

Señalé una esquina del dormitorio, en una silla, ahí estaba la manta... Tom se acercó rápido y la tomó, me envolvió con ella a toda prisa, y se escuchó como comenzaban a forcejear para abrir la puerta.

— No hables, no hagas ningún ruido y mantente detrás de mi.. ¿Entendido? – Él seguía acomodando la manta a toda prisa, cubrió mi cabeza con esta y justo entro la persona que menos quería ver en esos momentos.

Tom se dio media vuelta, haciendo que yo quedara detrás de él.

— ¿Dónde está? – Dijo Mattheo, estaba molesto y tenía la mandíbula tensa, mirando fijamente a Tom.

— ¿Para que la buscas? – contestó de misma manera Tom, pero serio a la vez.

— No te incumbe, ¡¿Dónde está?!. – Recorrió la habitación con rapidez.

— Mattheo lárgate, no está aquí... – Respondió Tom tratando de soñar tranquilo y no salirse de sus casillas.

— ¡Maldita sea, Tom!, ¡¿Dónde carajos está?! – Mattheo gritó y se acercó intimidante.

— ¡Qué te largues imbecil! – le gritó de vuelta.

— ¡Necesito hablar con ella!

— ¡No, Mattheo!. Lo único que quieres es hacerle daño, ¿O no recuerdas que intentaste abusar de ella y la golpeaste?

Tom contestó defendiéndome, disimuladamente hizo su mano para atrás y me tocó una de mis caderas, a través de la tela de la manta, para asegurarse que siguiera ahí.

— ¿Creés que soy idiota?. Puedo olerla, sé que está aquí... – Sé acercó aún más a Tom

— No te lo voy a repetir... Lárgate de una vez si no quieres que te mate por intentar abusar de ella, y no me importa que seas mi hermano, lo haré de todas maneras... – Lo miró furioso.

Me sorprendía la manera en la que me protegía, y me ponía delante antes que su mismo hermano.

Mattheo lo miró amenazante por una ultima vez y salió molesto de la habitación como era de esperarse, azotando fuertemente la puerta al cerrarla.

El cuerpo de Tom temblaba, pero no parecía ser por miedo, parecía más nervios... Se dio media vuelta y comenzó a quitar la manta, y me miró directo a los ojos sin decir nada, su mirada parecía apagada.

— ¿Estás enfermo? – Toqué sus hombros por instinto y seguía temblando un poco.

— No te preocupes por mi, preocúpate por ti, y no estés cerca de Mattheo hasta que todo su enojo pase por favor...

— ¿Qué te sucede?, ¿Por qué te preocupas tanto por mi después de todo lo que te hice?

— Porque te sig... – No terminó la frase y se acercó un paso más a mi, sin romper el contacto visual. – Porque no quiero que te pase nada... – susurró.

— Tom, yo... – Me interrumpió.

— Tengo que irme... Sólo cuídate, no sabés todo lo que sucedió el mes que estuviste en la enfermería. — Comenzó a caminar hacia la puerta y salió

No entendía nada...









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