Capítulo 8: "Yo seré".

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   Sus labios eran mi mayor droga. Cuanto más los movía al compás de los míos, más me gustaban. Abracé su cuerpo cuando nos separamos.

-Lo siento. - Le dije. Él no me miró con ninguna expresión. - Siento no haberte dicho que...

-Lo sé. Sé también que el muy... te ha dejado de hablar porque has venido a Londres en el verano. Y, me alegro de verdad que hayas venido. No sé que me pasa contigo te lo juro. Has echo que algo raro se active en mí. Que seas a la primera chica a la que llame por su nombre completo solo para hacerle rabiar, porque me gusta la manera en la que pones los ojos en blanco cuando lo hago. No te he dicho ninguna sola vez Carla, porque, ahora, sé que sonaría raro en mi voz decirlo. Eres a la única chica que quiero conseguir gustarle, para luego no partirle el corazón. Porque, yo soy así. Pero yo seré alguien que te pueda querer. Porque, no entiendo qué me has echo, has despertado algo en mí, puede que interés. No lo sé, ni quiero saberlo. Pero quiero conocerlo, siempre y cuando sea junto a tí. - Me quedé mirando sus hermosos ojos color cielo. Le acaricié la mejilla, y él me acarició la mía. - Hay muchas cosas que no sabes de mí, y prefiero que no las sepas.

-Quiero saberlas. Quiero saber quien eres. - Me acerqué tímida a sus labios rosados, y los toqué con los míos, creando otra combinación perfecta. - Me gustas. - Le confesé. Él volvió a juntar nuestros labios.

-No sé si vas a querer conocer todo de mí. Y tampoco sé si va a ser peligroso que te lo enseñe. - Se quedó callado un rato, contemplando mis facciones. - ¿Has empezado Cincuenta sombras? - Asentí con la cabeza. - Quiero que cuando llegues a la primera vez que Ana y Christian follan, me avises. - Volví a asentir, y me beso los labios. - Ahora... ¿vamos a Starbucks? - Le cogí de la mano en señal de aprovación, y fuimos hacia Starbucks. Pedimos frapuccino, como siempre. Mientras estaba bebiendo, William empezó a reír.

-¿De qué te ríes? - Le pregunté arqueando una ceja.

-Me gusta la forma en la que bebes algo que te gusta. - Contestó. - Ayer te pasó lo mismo. - Reí esta vez yo. Terminamos de bebernos nuestros frapuccinos, y fuimos a Hyde Park. Nos sentamos en un banco, y él empezó a mirarme de nuevo todas las facciones.

-¿Por qué me miras tanto? - Pregunté sonriendo.

-Me encanta verte la cara. Todas las facciones que pones cuando estás alegre o enfadada me entusiasman. - Reí. - Esa es la que más me gusta de todas, junto a la del frapuccino. - Me guiñó un ojo y le pegué falsamente en el hombro.

-Eres increíble. - Le dije mirando sus ojos tan increíblemente hermosos.

-Tú me haces serlo. - Se acercó a mí y me dio un corto beso. - El día en el que te conocí, pensé que eras la típica chica perfecta. La que lo saca todo sobresaliente y tiene la vida perfecta. La chica popular preciosa que llama la atención de todos. Pero, cuando te despediste de mí, cambié de idea. Quieres hacer que todos crean que eres la chica perfecta porque tienes miedo a cometer errores. Y debes darte cuenta de que cometer errores es parte de la vida. - Sonreí. Lo había acertado todo a la perfección. 

-El día que te conocí pensé que eras un chulajo estirado. Que te creías mucho, que pensabas que podías tenerlas a todas detrás de tí. El típico niñato al que no le pueden decir que no porque si no se cabrea hasta que lo consigue. Cuando me diste por primera vez un abrazo, me sentí completa, llena. Cuando te separaste, me sentí vacia. Y sabía que era porque te necesitaba, pero no quería darme cuenta. - Nos levantamos del banco, me abrazó, y después me acompañó hasta mi casa. - Por cierto, mi hermana piensa que he salido con Zayn...

-Debes contárselo. - Me acerqué a él con una pícara sonrisa.

-¿El qué debo contarle señor estirado? - Le atrajé hacia mí sensualmente.

-Para tu información, señor Adams. - Le besé el lóbulo de la oreja. - Señorita Tomlinson, no debería usted ponerse así conmigo. Podría violarla aquí mismo, ganas no me faltan. - Reí y junté nuestros labios.

-Me tengo que ir ya señor Adams, ¿cuando nos vemos? - Le pregunté mientras le besaba el cuello.

-Mañana es la cena en mi casa señorita Tomlinson. - Me besó él ahora también el cuello. - Tal vez, pueda enseñarle lo que no quiero enseñarle... Pero, como dice usted, debe conocerme. - Asentí con la cabeza. Me dio un beso cerca de los labios. - Hasta mañana, pues.

-Adiós William. - Me dio un último beso y después se fue. Cuando entré a casa, me encontré a Phoebe y a Louis al lado de una chica que no conocía. Tenía el pelo castaño, ondulado y largo. Ojos del mismo color que el pelo y sonrisa encantadora.

-Ele... - Dijo Louis. - ...te quiero presentar a mi prima Carla. - Claro, ¿cómo no se me había ocurrido? La novia de Louis.

-Es un gusto. - Le dije dándole dos besos.

-El gusto es mío. - Me contestó. Me senté al lado de Riley, que miraba a Danna con cara de preocupación. Danna tenía la vista posada en sus manos, y estaba seria.

-¿Qué le pasa a Danna? - Le susurré a Riley.

-Después que te lo cuente ella... - Asentí con la cabeza. Daisy vino y se sentó en mi regazo. Eleanor era genial. Era simpática, buena, divertida... Louis había tenido mucha suerte. Se quedó a cenar, ya que mis tíos se habían ido a cenar ellos solos. Hoy era su aniversario. Para comer, me senté al lado de Phoebe y de Louis. Hicimos fideos instantáneos, ya que ninguno tenía ganas de cocinar. Alli se había llevado genial con Ele, ya que estuvo toda la cena hablando con ella. Después, cuando Eleanor se despedió de nosotras, Louis le dio un beso apasionado. Se nota que se quieren...

   Aquella noche, cuando me puse el pijama y Alli se fue a la habitación de Phoebe y Daisy, ya que según ella con los niños se dormía mejor, entraron Danna y Riley. Danna me abrazó.

-Me gusta Louis. - Abrí los ojos tanto como pude.

-¿No lo odiabas? - Le pregunté.

-Eso es lo que pensaba... Pero al verlo hoy con Eleanor, me he dado cuenta de que estaba celosa de ella... Y de que me gusta tu primo. - Volví a abrazarla. Louis y Harry tienen novia. Y a Danna le gustaba Louis y a Riley le gustaba Harry. Oh dios mío...

-Cambiando de tema... - Dijo Riley. - ...¿cómo te ha ido con William? - Preguntó.

-Vamos a intentarlo. Nos hemos confesado que... nos gustamos. Y, vamos a intentar... No sé que vamos a intentar, pero algo vamos a intentar. - Reímos. - Tengo sueño... ¿hablamos mañana? - Asintieron con la cabeza, me abrazaron, y se fueron. Aquella noche, soñé con proposiciones intimidantes, labios rosados, y con mi hermana furiosa.

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