*Dos meses después*

- Buenos días- saludó Brianna sonriente mientras entraba en la pequeña cafetería situada al lado de la comisaría en la que trabajaba. Detrás de ella iban Jason y Tyson que conversaban animadamente sobre el partido fútbol que dieron ayer por la noche en televisión.

- Hola- le devolví el saludo sonriente desde detrás del mostrador de mármol beige- ¿Lo de siempre?- le pregunté apoyando mis manos en la barra.

- Por favor- respondió Brianna asintiendo mientras los tres se acomodaban en la misma mesa que siempre escogían. Justo en frente del gran ventanal que tenía el pequeño negocio, dejando a la vista la bonita ciudad de Londres.

Dejé a un lado la taza que estaba secando y después de colgarme el trapo en el hombro, me giré hacia la puerta que llevaba a la diminuta cocina.

- ¡Brad!- grité para que el susodicho me oyera.

- ¿Qué?- respondió este asomando la cabeza por la puerta.

- Lo de siempre para los policías- espeté señalado a Brianna y compañía.

- Marchando, nena- respondió Brad guiñándome un ojo. Entró de nuevo en la cocina y yo me dispuse a hacer los cafés para mi amigos, tal y como llevaba haciendo desde que la abuela de Brad me había contratado en su cafetería, haría un mes y medio.

Estuve muy agradecida cuando Brad me contó que su abuela iba a tomarse un tiempo de descanso y que estaba buscando un nuevo trabajador de confianza para que ayudara a su nieto con el negocio. Yo me ofrecí inmediatamente, pues necesitaba el dinero para poder pagar la multa de casi mil doscientas libras que el jurado me había puesto como castigo por haber robado información clasificada. Pero lo que yo no sabía era que, una semana más tarde de haber sido contratada por la adorable anciana, me llegaría una carta diciéndome que mi multa ya había sido abonada por nada más y nada menos que Harry Styles.

Ese día pensé muy seriamente en llamarle para, al menos, darle las gracias, aunque en el fondo yo sabía que eso sólo era una patética excusa para oír su armoniosa voz. Pero abandoné esa idea en cuanto vi la quinta revista de chismes con Harry y la zorra en plena portada. Ese día, si no llega a ser por Brad, seguramente hubiese asesinado al pobre kiosquero que, desconociendo mi pasada relación con Harry, me ofreció la revista amablemente.

A partir de ese día, pocas habían sido las veces que había vuelto a saber de Harry. Él había dejado de llamarme o mandarme mensajes, cosa que entendía perfectamente después de la gran discusión que tuvimos en mi nefasta fiesta de cumpleaños. Sabía que debía estar contenta, pues por una vez en la vida Harry me había hecho caso. Sin embargo, no podía evitar el sentimiento de vacío que había en mi corazón, como si una parte de él se la hubiese llevado Harry.

También, según Emily, Harry había dejado de visitarla tan seguido, y si lo hacía, se quedaba muy poco tiempo. Emily decía que no le importaba, pero podía ver en sus inocentes ojos azules que le dolía mucho el repentino cambio de Harry.

Liam me llamaba cada semana para informarme de como les iba en el tour, el cual habían retomado unos días después de mi cumpleaños. Él evitaba a toda costa pronunciar el nombre de "Harry" y yo se lo agradecía inmensamente. Pero las pocas veces que me lo nombraba, siempre me decía lo mismo y mi corazón sufría otro golpe más: -"Ya no es el mismo, Elisabeth. No come, no bebe y ya casi ni habla. Él no está bien"-

Pero yo no podía hacer nada, él se lo había buscado. Ahora le tocaba pagar las consecuencias de su error.

- ¡Nena!- gritó alguien a mi lado, haciéndome salir de mi trance. Parpadeé dos veces antes de darme cuenta de que el café se había desbordado fuera de la taza. Abrí los ojos y me apresuré a apretar uno de los tantos botones que tenía la máquina para que esta dejara de fabricar café. Cogí el trapo que tenía en el hombro y me limpié la mano que se me había mojado. Brad agarró la taza y la llevó hasta el fregadero donde vació el líquido que sobraba.

Mi príncipe azul |H.S|¡Lee esta historia GRATIS!