—No ha sido un mal sueño —susurró Lucie, y cuando su madre cerraba la puerta, miró a su hermano, que le dedicó una sonrisa maliciosa—. Pero mamá, Danny está cambiando, ya no es el mismo que hace días, sino un hermano estúpido, arrogante y gruñón.

—Cariño, no me gusta que hables así de Danny, y además tienes que comprender que los chicos cambian. Tu hermano crece, está madurando. Es algo normal. A partir de ahora, pasará más tiempo con sus amigos practicando deporte y querrá salir al cine con ellos. Tú eres su hermana pequeña, y aunque ya no haga esas cosas contigo, no quiere decir que te quiera menos. Él es tu hermano mayor y siempre te protegerá. Ya llegará el momento en el que tú quieras salir con tus amigas, ir al cine con ellas y se acabarán las excursiones con Danny al campo los fines de semana. Cuando crecemos, inevitablemente, cambiamos.

—Pues si crecer significa dejar de hacer cosas que me gustan, preferiría quedarme como estoy. Además, no me refiero a esos cambios, sino a otros. No parece el mismo.

—¡Oh, Lucie, no digas tonterías! Es hora de dormir o mañana no te verás con fuerzas para ponerte en pie.

Lucie no protestó y fue derecha a su habitación. Se cubrió con las mantas, pero se vio incapaz de conciliar el sueño. Ella sabía que esa pesadilla no era normal; su hermano le mostraba algún suceso e intentaba ponerse en contacto con ella.

Aunque nadie la creía, Danny había cambiado: no era tan cariñoso, ya no la escuchaba, siempre estaba solo, ni siquiera hacía caso a sus amigos y, cuando le miraba a sus bonitos ojos verdes, un oscuro pozo la engullía.

Todo había comenzado unas semanas atrás cuando su madre les separó, asignándoles habitaciones individuales, y al subir al desván a llevar algunas cosas, encontraron dos espejos de cuerpo entero. El de tono pino tenía tallada la bonita figura de una mujer elegante, con sonrisa armoniosa y larga cabellera rizada. En el de nogal también había una labrada, la cual compartía un gran parecido con la anterior, sin embargo, su mirada expresaba maldad, y el cabello liso ocultaba parte de su rostro.

A pesar de haber trascurrido semanas, Lucie recordaba a la perfección aquel día en el que su hermano le contó la leyenda sobre los espejos que todos los habitantes de La Aldea conocían.

—Lucie —le dijo—, estos son los espejos mágicos de las hermanas Madison. Están malditos, tragan tu alma, te llevan a un mundo de pesadilla y horribles monstruos salen de ellos durante la noche —añadió en tono de burla.

—¡Oh, Danny, eso no es verdad! Estos espejos no son mágicos, los venden en la Calle Siete, en la tienda del Señor Gómez. Son todas réplicas y nunca he escuchado nada sobre eso de las Madison...

—¡Qué ingenua eres! Nunca has querido escuchar la historia de las hermanas. Temes que si te miras, pase algo malo, pero es una leyenda mágica, triste... Se dice que a través de estos objetos se crea un portal mágico al mundo de las Madison. Pienso decirle a papá que lleve el espejo de la hermana mala a mi habitación —bromeó—. ¡Es precioso!

—Pero Danny, ¿no te da pena que ya no durmamos en el mismo dormitorio, nos contemos historias, todo lo que hemos hecho durante el día o planeemos nuestras excursiones al bosque? ¿No me echarás de menos? Yo sí. Sé que nos hacemos mayores, pero me entristece no tener a nadie con quien hablar.

Su hermano le sonrió y apoyó sus manos sobre sus hombros en gesto protector.

—Sabes que sí te echaré en falta, pero nada cambiará. Y aunque ya no durmamos en la misma habitación, nada cambiará. Seguiremos igual de unidos.

—¿Me lo prometes? —preguntó, mostrándole el dedo índice—. ¡Hagamos la promesa!

Su hermano asintió, unieron ambos dedos e hicieron el juramento.

—Ahora, ayúdame a buscar información sobre la historia de las hermanas Madison.

—No sé..., esos espejos me dan miedo. Los veo raros y no quiero conocer la historia de esas mujeres tan extrañas. Búscala tú solo. Ahora que lo dices, realmente parece que si me miro mucho tiempo, mi alma será tragada a un mundo desconocido.

Danny rió y se cruzó de brazos.

—Pensé que no creías en cuentos de hadas, pero tranquila, buscaré la historia. Y quién sabe..., quizá encuentre un mundo mágico, grandes tesoros y criaturas excepcionales.

Lucie lanzó un largo suspiro.

Las siguientes semanas, en ocasiones, le comentó hechos extraños:

«He encontrado cosas fabulosas, ya sabía yo que esos espejos no eran normales».

«Estoy cerca, voy a encontrar la forma de entrar, de cruzar el espejo y conoceré ese mágico mundo que no dejo de ver en los libros. Esta noche, con la luna creciente cruzaré el portal, ya te contaré a la vuelta que tal mis aventuras».

Y eso fue lo último que le dijo, o al menos el Danny amable que ella recordaba. Desde entonces, había cambiado y estaba convencida de que todo estaba relacionado con el mundo de las Madison.

Decidida, se puso en pie, y muy despacio, subió al desván tirando de un cordón que dejaba caer unas escaleras. Una vez arriba, encendió la bombilla, y haces de luz iluminaron el lugar, aunque eso no eliminó para nada su aspecto tétrico. Al fondo le esperaba el espejo de la supuesta hada buena al que se dirigió vacilante.

—¿Eres tú la culpable del cambio de mi hermano? ¿Le has robado su corazón y lo has vuelto marchito? —preguntó, mirando fijamente su reflejo y pensando que quizá cobrara vida, cuando un repentino golpe la asustó. Al mirar a la derecha, junto a una pequeña ventana circular, reparó en una gatita blanca, pero no se dio cuenta de que la imagen de su reflejo en el espejo no se movió como ella y a su vez, sino que permaneció quieta—. ¡Eh, pequeña!, ¿cómo has llegado hasta aquí arriba? —preguntó tomando a la gatita en brazos.

Protegió al pequeño animal entre sus brazos. Le parecía imposible que estuviera allí, pues el desván equivalía a la altura de un tercer piso, y el árbol más cercano estaba a una distancia de veinte metros. No le dio mayor importancia y abandonó el desván, sin percatarse de que su reflejo con la pequeña gatita a sus pies, permanecía inmóvil y atrapado en el espejo, aguardando el regreso de Lucie, la única capaz de descubrir la verdad y ayudar a Danny.

Lo que esconde el espejoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora