2. Stefanie: Debajo de la tierra

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Cuando las siete torres se habilitaron en plena crisis para albergar gente, no se había pensado en que tendría que encontrar más espacios luego para más sobrevivientes que irían llegando. Esos fueron los tiempos anteriores a la lotería, cuando se pensaba que se debía dejar ingresar a todos los que se pudiera, porque haría falta mucha mano de obra para mantener un buen refugio funcionando. Por eso se procedió a incorporar espacios aledaños a la colonia y a habilitarlos para cultivar más comida y para criar más ganado.

Tomó varios años, pero eventualmente se llegó a la conclusión de que había un límite a cuánta gente podía vivir en las siete torres y se comenzaron a implementar medidas para que la población no creciera. Se procedió a implementar los pisos aislables, de tal manera que si hay un caso de infección en uno de ellos, se pueda aislar y así contener la amenaza.  Esto fue importante, porque la gente continuaba infectándose.

Con el pasar de los años quedó claro que hacía falta un sistema por el cual los técnicos que se encargaban de distintos aspectos del mantenimiento de la colonia tenían que ser transferidos a nuevas generaciones.  Aprendices eran seleccionados por administración central para encargarse de las funciones que quedaban libres a cambio de mejoras en las condiciones de vida. Si grupos reclamaban por lo que estaba sucediendo, solo hacía falta hacerles recordar que la amenaza que había allá afuera -cadáveres andantes - era peor que la frialdad de los líderes de la administración central.

Eventualmente se llegó al método de la lotería. La historia no registró de quién fue la idea, pero ésta fue muy bien recibida por administración central primero y por los colonos ilustres de las siete torres luego. Está de más decir que estos no estarían en la lista las familias elegibles para ser desterradas. Sería una vez al año. Sería al azar. Habría formas de ser excluido de la lista si eras un ciudadano particularmente útil para la colonia. Fue un sistema que fue evolucionando en el tiempo.

Stephanie, por su lado, odiaba la lotería. Ella cargaba todas las etiquetas necesarias para ser la más desfavorecida por ese sistema. Alguna vez había sido miembro del círculo interno de administración central. Había sido coordinadora de logística de la torre 2. Había tenido un trabajo relevante. La gente dependía de ella. Steph tomaba decisiones de vida o muerte de vez en cuando. Había vivido en un buen departamento de 110 metros cuadrados con sus padres, su hermana menor y su cuñado. Todo había estado funcionando a su favor.

Mientras avanzaba por el sucio túnel que unía el sistema de recirculación del agua al sótano de la torre 7 se acomodó el pañuelo que usaba para taparse la boca y la nariz, que la protegía de los apestosos olores que había allá abajo, no pudo evitar recordar esa noche en la que cayó en desgracia. Cada año, cuando era la lotería, recordaba esa noche. Fue cuando todo cambió y pasó de ser una burócrata en ascenso a una trabajadora que limpiaba los conductos del desagüe cuando estos se atoraban. Básicamente uno de los diez peores trabajos posibles en esa colonia. Y ella no lo decía por decir. Lo sabía con certeza. Ella había hecho la lista en su vida anterior.

Cuando aun era coordinadora de logística, conoció al gerente de sistemas de la torre 3 y congenió con él de inmediato. Acordaron encontrarse la siguiente semana para conversar y conocerse mejor. Stephanie recordaba esos primeros días y la sorpresa que tuvo cuatro meses después, cuando se enteró que estaba esperando un bebé. Ahí fue cuando comenzaron los verdaderos problemas.

Se enteró un día de semana poco después del almuerzo. Corrió de inmediato a la torre 3. Hacía unas semanas que no lo había visto. La relación entre ambos no había despegado realmente. Que ella viviera con sus padres y su hermana y su cuñado había sido un problema. Y que él viviera con su esposa y sus tres hijos había sido otro aún mayor.

Réquiem por TrujilloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora