Capítulo 04 - T2

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Cuando me dirigía al comedor a paso rápido sentí los brazos de alguien, rondándome la cintura y jalándome contra su cuerpo, con dirección a un salón...

— Hola - Era Cedric, temo decir que era un total "bombón"

— Maldita sea me asustaste Cedric, creí que eras... – preferí mejor no decir nada – No nada... Como haz cambiado!... – sonreí nerviosa

— Lo mismo digo de ti... – sonrió coqueto – En fin... Sólo no quería recibir tanto alboroto solo. Me sorprende que nunca contestaste ninguna de mis cartas...

— ¿Cartas? – Contesté confundida. – Nunca me mandaste cartas

— Claro que sí, una parte del verano y todo este año... – Sonrió de la misma manera, confundido.

—Nunca me llegaron... – bajé la cabeza y me puse a pensar. – Creo saber quien las tiene...

« Tom... Maldito idiota»

— También me enteré que Tom y tu... – lo interrumpí

— No... No te preocupes, todo está bien...

«No, definitivamente nada está bien»

Cuando llegué al Gran Comedor todos ya estaban aplaudiendo ante la llegada de los chicos... Me senté en un lugar vacío enfrente de Tom, me senté con tanto coraje que hasta Tom alzó la mirada para ver que pasaba, en cambio yo le di una sonrisa totalmente falsa y unos ojos molestos. Él me miró confundido, puso los ojos en blanco y dirigió la mirada hacía los recién llegados.

Cuando me ignoró no me quedó más que pegarle con el pie por debajo de la mesa... Como era obvio, él se sobresaltó, me miró con el ceño fruncido y manteníamos el contacto visual, con mi cabeza le hice señas para que saliéramos a hablar...

Después de insistirle varios segundos accedió, me levanté y salí, nadie me detuvo, lo cual fue algo extraño o creerían que era una falta de respeto hacia Cedric y los Gemelos. Ya estando fuera del comedor, esperando impaciente a Tom, apareció a mi lado, malditas teletransportaciones.

— ¿Qué quieres? – Dijo bastante grosero, me lo esperaba, era más que obvio

— No creas que estoy feliz de verte... Contesté sería y estiré la mano hacia él indicando que me diera algo. Tom me miro confuso.

— ¿Qué? – respondió seco, él sabía a qué me refería.

— Damela. – Dije esperando a que dé algún lado sacará las cartas de Diggory.

— Bien... – se inclinó en el marco de la puerta. – Arrodíllate y bájame el pantalón, si eso quieres... – Sonrió orgulloso.

«¿Por qué? ... ¡¿por qué tenía que decir eso?!»

— Ya quisieras...– Reí irónica. – Dame las cartas que me envió Diggory en el verano y el año escolar...

—¿Cuáles cartas? – Se hizo el idiota, el sabía que me frustraba fácilmente

— ¡Maldita sea Tom, dame las cartas!.

— No, tu no puedes estar cerca de Diggory. ¡Eres mía y de nadie más! – se acercó a mí molesto

«¿Suya?»

— No te lo voy a volver a repetir, dame las cartas ahora mismo – Respondí tratando de ser intimidante, aunque de notaba a los kilómetros que no lo lograría, y menos si era con Tom.

Tom se quedo unos minutos mirando mis ojos con odio... No se si me sentía más incomoda o enojada.

— Bien... Están en mi habitación, yo no pienso ir por ellas. Ve tú, están en mi cajón. – Exclamó. Se dio media vuelta y se volvió a adentrar en el Comedor.

Corrí al cuarto de Tom, supuse que seguía estando en el mismo lugar que él año pasado, me daba bastante curiosidad saber por que Cedric me había escrito cartas...

Al llegar la puerta estaba abierta, algo muy raro por que a Tom no le gusta que se metan "en sus asuntos", cerré con seguro y me acerqué al cajón un lado de su cama... Lo abrí y lo primero que vi fueron unas esposas con peluche... Con una notita un lado.

¡Sorpresa ____!. Tampoco te la iba a dejar tan fácil, búscalas por tu cuenta. Espero que esto te ponga de mejor humor

«maldito asqueroso, pero así me gusta...»

Me puse a revisar todo el cuarto, hasta que pensé que Tom no era tan tonto como para esconderlas en su cuarto si sabía que Cedric vendría y aclararía todo...

Hacia bastante tiempo desde que no me "teletransportaba" asi que hice mi mejor intento, pensé en el lugar donde Tom me llevaba el año pasado... Al primer intento terminé golpeándome contra la cama... No sabía si hacía algo mal o ese lugar había desaparecido, así que intente de nuevo, con un poco más de esfuerzo aparecí en ese lugar...

Seguía igual, los libros, las luces, el bosque oscuro, las mantas... Me daba nostalgia recordar todo esto...

Me puse a buscar entre los libros y efectivamente las encontré, eran 4 aproximadamente, pero un libro en especial llamó mi atención, uno que tenía una especie de separación entre medio de sus hojas...

Lo más lógico era que fuera un separador de libros, tomé el libro y saque ese pequeño objeto, cuidando de no cerrar el libro para no perder la hoja donde estaba.

Era un dibujo, una sombra de dos personas, y en una esquina tenía escritas las iniciales de Tom con su bonita caligrafía impecable, nunca me enteré que sabía dibujar pero lo hacía perfecto, digo todo lo hace bien... Sonreí inconscientemente mientras miraba el dibujo, lo volví a poner en la hoja donde estaba y coloqué el libro en su lugar...

Tomé las cartas y cuando estaba apunto de irme escuché un susurro...

Yo no tenía conocimiento si había alguien más en ese lugar, hasta que recordé que había un "pequeño gran" basilisco...

— _____, es usted... – volvieron a susurrar.

Miré como la serpiente salía de la oscuridad, estaba incluso más grande que yo, por un momento, me estremecí y sentí miedo de que me hiciera algo...

— Me alegra verla de nuevo... ¿acaso se olvidó de hablar parcel?

— W-wow como haz crecido... Tartamudee; seguía con mi cuerpo frío y tembloroso

— No tenga miedo, no la lastimaría, aunque el joven Tom nunca lo menciono...

— ¿A que te refieres con que Tom nunca lo mencionó? – mi voz comenzaba a escucharse más relajada.

— El joven Tom no ha venido a este lugar desde la ultima vez que usted estuvo aquí... me pregunto porqué... Pero él siempre ordenaba que no la lastimara — La serpiente se deslizó hasta mi lado.

— Tom y yo ya no... Ya no estamos juntos... - Formé una pequeña sonrisa de lástima, hasta me dolía mencionarlo

— Lo siento mucho... Pero no debería estar triste, usted es una chica independiente, no necesita de nadie para ser feliz... – inclinó la cabeza.

Había leído que si mirabas a los ojos a un basilisco, moririas instantáneamente... Era extraño que me enterara después de haberla mirado a los ojos bastantes veces, quizás Tom había hecho algo con eso, aunque sería imposible prácticamente.

– Tienes razón... No necesita de nadie... – Dijo una voz a mis espaldas, esa voz que me era tan conocida y que extrañaba oír a solas...

-  -  - 𝙈𝙞 𝙖𝙘𝙤𝙨𝙖𝙙𝙤𝙧 -  -  -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora