Usted debe estar equivocada...

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6:00am:

Como cada mañana él se despertaba a la misma hora, parecía como si tuviera un reloj interno, se paraba de la cama, se tomaba un vaso de leche sin azúcar y se alistaba para salir a dar una de sus caminatas rutinarias. En el trayecto se veían personas apuradas conduciendo para llegar a primera hora al trabajo, jardineros regando sus flores antes de que salga completamente el sol y a lo lejos se escuchaban los pájaros cantar una suave y dulce melodía que le daba energías a cualquiera que la sintiera. Las casas soltaban un delicioso olor a café y tostadas mientras que los perros ladraban entusiasmados por este aroma. Él caminaba en silencio, sin percatarse de nada de eso, solo centrado en sus pensamientos. Luego de ya pasada media hora decidió que pediría un Uber para que lo llevaran a la universidad, aunque la verdad no tenía ni las más mínimas ganas de ir, era aburrido, todo eso lo sabía ya y su profesora era de esas viejas que te mandan a la oficina del director solo por suspirar en su clase, verdaderamente insoportable. Aún así debía ir, él le había prometido a su tutora que sacaría las mejores notas del curso a cambio de que lo dejara vivir solo en un apartamento. Al fin podía estar sin la supervisión de nadie...todos lo querían proteger como si por la menor incomodidad él fuera a acabar con su vida. Sí, ya lo había intentado hace un tiempo, pero se prometió a sí mismo que haría que las personas que están a su alrededor no tuvieran que estarlo cuidando constantemente, así que desistió de ese plan para silenciarse aunque sea por un tiempo. Antes quería averiguar que había sucedido realmente con sus padres, dónde se encontraban, si estaban vivos o muertos y la razón por la cuál no lo han buscado nunca.

Ella estaba corriendo por todos los pasillos, ya casi volvía a llegar tarde a la clase de literatura por tercera vez en solo 5 días, verdaderamente se estaba acostando tarde por eso de estudiar para el exámen de la semana próxima

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Ella estaba corriendo por todos los pasillos, ya casi volvía a llegar tarde a la clase de literatura por tercera vez en solo 5 días, verdaderamente se estaba acostando tarde por eso de estudiar para el exámen de la semana próxima.

Carlos la esperaba en la entrada del aula con una mirada reprochante.

- ¡Ali, llegas tarde otra vez!-dijo su amigo volteando los ojos
- Lo siento, ayer estuve despierta hasta la madrugada, no tenía fuerzas para levantarme hoy. Además mi hermano estuvo tratando de robarme el desayuno cada vez que pestañeaba.- respondió ella bostezando
-Vamos, debemos apurarnos si no queremos que Nora nos deje fuera de la clase, debe estar indignada ya, eres su mejor estudiante y en vez de estar participando y atendiendo a la clase estás llegando tarde y quedándote dormida. No puedes seguir así Alicia- dice con cara de preocupación y tono de regaño.

Ella lo agarró del brazo, le dió un beso en la mejilla y caminó hacia el salón. Cuando llegaron se sorprendieron al ver que la profesora aún no se había incorporado, pero a la vez se sintieron aliviados porque eso los salvaba del castigo que posiblemente recibirían si los veía llegando tarde a clase.
Después de un rato Nora entró y todo aquel bullicio, desorden y relajo que había en la sala desapareció. Aquel lugar se convirtió en algo tranquilo, callado y aburrido, lo único que se escuchaba era la explicación de su maestra y algún que otro estudiante que tosía, se movía o chocaba contra algo. Alicia estaba apunto de dormirse con la lección cuando de pronto suena su móvil.

El reflejo de sus ojos-[En Pausa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora