Capítulo 2

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Media hora estuve esperando un café en la cafetería del campus. La cola era inmensa. Busco donde sentarme y veo a Lena a lo lejos que me hace señas. Voy corriendo, y me siento al su lado, dándole un beso muy sonoro en la mejilla

-Gracias, guapísima. -le doy uno de mis tés, ya que siempre pedía dos.
-De nada. Por cierto, el chico del otro día....
-Si. Es "él".

Aquél exótico hombre, con el 80 por ciento del cuerpo tatuado... Solo de pensarlo siento un escalofrío, de puro placer. Ese Adonis griego había venido a traerme una camiseta.

"-Ruben, darling... ¿Me dejas una camiseta? Rompiste la mía anoche....
- C-Claro...
-Gracias. Espero que esto no dificulte el que tengamos una amistad."

Quien sabe... Podría haberse quedado la camiseta. Podría haber desaparecido directamente y hubiese sido el polvo de una noche. Pero me trajo la camiseta.

-Tierra llamando a Ruben. -Lena me hace gestos con la mano. Me había quedado embobado mirando el jardín del campus.
-Perdona...
-Entonces, fue ese chico quien... -pone una cara algo rara, como pensando muy mal.
-Lena, por dios.... -me tapo la cara, ya que estaba rojo y precisamente había acertado.
-¿Vas a volver a verle? -pregunta apoyando la barbilla en sus dos manos y mirándome, como soñadora.- Haríais buena pareja.

Sinceramente, no lo había pensado. Aunque en este momento, pensar en verle de nuevo me hace sonreír.

-Me gustaría... Pero no se donde está. O donde vive.

-Pues vas a tener suerte. El otro día me pareció verlo entrar en un portal. Pero no te aseguro que viva allí.

Todo había que decirlo: Lena parecía una stalker, pero aquello me animó a ir a investigar.
Lena me dio la dirección y después de las clases, me acerqué a "cotillear" un poco.

A los diez minutos, le veo por la bocacalle. Sonrío sin poder remediarlo, y me embobo mirándolo. Tanto que ni me percato de cuando entra en el portal. Había perdido la oportunidad de hablar de nuevo con él, pero si hubiese aparecido de golpe, parecería un acosador. Lo suyo sería esperar a que saliese, y hacer como que me lo encuentro.

Las 5, las 6, las 7... Y no salía. Los mensajes de Lena me llegaban cada 2 minutos, preguntandome que me había dicho, o si lo había visto. Casi a las ocho, le veo salir. Es el momento. Me quedo inmóvil, pensando que decirle, pero enseguida me pongo en marcha.

Decido dar la vuelta a la manzana para encontrarlo de frente. Justo lo veo delante, cuando mi patosidad me juega una mala pasada. Tropiezo con el filo de un adoquín de la calle, justo cuando iba a saludarle, y me quedo con la palabra en la boca y encima suya.

Mi cara se pone de un rojo burdeos casi al instante, y en su cara se forma una sonrisa.

-Vaya, Ruben. Que casualidad encontrarte... -dice con su aterciopelada voz con ese delicioso acento británico.

Yo, me había quedado mudo, incapaz de soltar la parrafada que había pensado detenidamente sentado en esa cafetería.

-¿Te ha comido la lengua el perro? -me pregunta con una mueca de preocupación.
Una risa nerviosa sale de mi boca, casi metódica.
-N-No, solo es que... Bueno, ... -le miro y trago saliva.- Se dice "Te ha comido la lengua el gato".

La frase me parece absurda en ese momento, pero consigue arrancar una sonrisa en los finos labios del moreno.

-Bien, lo tendré en cuenta. Entonces no te ha comido la lengua el gato. ¿No?

Me apresuro a negar rápidamente con la cabeza. Eso le hace soltar una risotada y me enfurruño, inflando las mejillas.

-Perdona la impertinencia -me mira a los ojos- pero me estás dejando sin respiración.

¿Un piropo? Lo parecía, pero no sabia si lo era o eran imaginaciones mías.

-G-Gracias... Tu también estas muy guapo.
-No. D-Digo que me estás asfixiando. -su voz se vuelve un susurro al final.
Con los ojos muy abiertos, me levanto y me aparto.
-P-Perdona, de verdad. No tenía intención

Yours Truly¡Lee esta historia GRATIS!