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28

Una semana después, todo mundo lo sabía, menos ella. 

Me costó demasiado trabajo hacer que Claire no dijera ni una sola palabra porque... bueno, es Claire. Pero logró comprometerse a mentener el secreto hasta que tuviera una idea de cuándo o cómo decírselo. Aún no tenía la más mínima idea. Claro que la rubia me dio un millón de estas pero la mayoría eran... enormes y un tanto ridículas aunque eso lo omití a ella.

Dian se merecía algo especial, algo digno de los dos.

Después de todo lo que habíamos pasado juntos mi único objetivo es poder traer a su vida serenidad y parecía hacer un buen trabajo. Dian parecía mejorar día con día en su humor, hasta había accedido a recurrir a alguna terapia psicológica conmigo. Día a día la veía mejor ante mis ojos y eso sólo hacía reafirmar mi decisión. Era ahora o nunca.

Pero mi mamá decía que no sólo debía pensar en cómo proponérselo. Decía que habían más cosas en qué pensar como en dónde viviríamos y exactamente de qué viviríamos. Así que acudí por un poco de ayuda masculina con mi hermano. Me dio buenos consejos y hasta logró despertar en mi una idea perfecta. Estaba listo para hacerlo.

*

― Dian ―susurré mientras me inclinaba hacia ella. Ella se movió un poco entre las sábanas. ― Dian, despierta.

― ¿Mmmm? 

― Es hora de irnos.

Abrio un poco los ojos, mirándome confundida. ― ¿Irnos a dónde? ―Miró por la ventana de su habitación. ― ¿Qué hora es?

― Está por amanecer. Tenemos que irnos.

― ¿Por qué? 

― Tu hazme caso y sal de la cama ―repuse jalando sus sábanas. ― Iremos a dar un paseo.

― ¿A las 5:30 a.m.? ―me preguntó mirando su teléfono atónita.

― No es opcional ―mencioné alzando las cejas. ― Vístete y vamonos.

― Bien ―contestó rodando los ojos. ― A veces pienso que estás demente o algo así.

― Así me amas ―respondí guiñando un ojo.

― Mucho. Hey, ¿puede ir Kiki? ―preguntó mientras se ataba una cuerda del zapato.

― ¿Existe un lugar a donde no la lleves? 

― Al hospital, porque no la dejan entrar ―dijo y alzó los hombros.

― Bien. Llévala ―cedí.

Minutos después, ambos andábamos por el bosque mientras Dian acariciaba a la gata en sus brazos.

― ¿Me vas a decir porqué estamos en el bosque? ―preguntó.

― ¿Puedes ser algo paciente?

― Nop.

― Bien ―respondí con un suspiro. ― Ya estamos cerca de todas maneras.

― ¿Cerca de dónde? ― pregunté y señalé a su derecha.

Ahora era más visible, desde que hace semanas el gobierno había estado talando árboles para empezar a construir la "civilización", desde que más y más humanos llegaban. Ahí en el fondo del paisaje verde, estaba la cueva que alguna vez fue la Aldea.

― Un poco diferente pero no irreconocible.

Dian giró hacia mí después de verla y alzó una ceja. ― ¿Porqué me traes aquí a las seis de la mañana?

Restore. | Niall Horan.¡Lee esta historia GRATIS!