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La puerta principal se abre y centro mi mirada en ella. Dylan camina por el pasillo, intentando no hacer ruido, hasta las escaleras. No sé si se habrá dado cuenta de que son las once de la mañana, a esta hora todos están en pie e incluso antes.

Abro la nevera y me sirvo un poco de leche en un vaso, me bebo todo el contenido mientras observo como entra en la cocina. Dylan se tensa cuando me ve parada enfrente de la encimera, lleva el pelo revuelto y la camisa desabrochada. Hay algo más, algo que llama mi atención, en su muñeca derecha lleva atada su corbata.

- ¿Qué tal tu noche?

Dylan me arrebata el vaso y se bebe la leche que me quedaba, no replico y espero a que me conteste.

-Aburrida. ¿Y la tuya?

Suspiro.

-Normal.

Deja el vaso vacío en la encimera y sonríe, sale de la cocina sin decir nada más y desaparece en el salón.

¿Qué habrá estado haciendo toda la noche?

Me olvido de eso y cojo las llaves del coche. Bajo al garaje y me acomodo en el asiento de mi nuevo coche, es muy amplio y acogedor. Enciendo la radio y conecto mi teléfono, pongo mi playlist favorita y subo el volumen a la radio. Arranco el motor y salgo del vecindario rumbo a casa de Erika.

Recuerdo que cuando me saqué el carnet de conducir el año pasado, en la prueba me llevé por delante tres conos y dos carteles de cartón. Menos mal que practiqué durante todo el verano y en el examen no tuve ningún fallo, si no, seguiría siendo un peligro en la carretera.

Cuando llego a su casa detengo el coche, toco el claxon y espero a que salga. Seguramente se haya quedado dormida por eso espero cinco minutos antes de sacarla a la fuerza.

Erika cierra la puerta de un portazo y arrastra su bolso por el suelo todo el camino hasta el coche. Abre la puerta del copiloto y se sienta, tras recibir una mala mirada por su parte recuerdo que a mi amiga no le gusta despertarse temprano por las mañanas.

-Me pregunto por qué mi mejor amiga me obliga a levantarme a las once de la mañana -deja la mochila en el suelo-. ¡Un sábado!

Niego con la cabeza y empiezo a reírme, avanzo por la carretera y cruzo la avenida hasta llegar al Northgate Mall. Aparco y bajo del coche. Erika coge su mochila y cierra la puerta, camina todo el rato detrás de mí como si de un zombie se tratase.

-¿Te apetece una sesión de compras? ¿Quieres tomar algo? Dime, haremos lo que tú quieras.

-Estaría bien tomar un café, no me tengo en pie -cierra los ojos y sonríe.

Entramos en la cafetería y nos ponemos en la cola. Observo el local, no hay mucha gente sentada en las mesas pero aun así hay una larga cola hasta el mostrador.

Erika saca de su bolso el móvil y lo mira nerviosa.

- ¿Qué pasa?

Levanta la mirada de la pantalla pero no responde a mi pregunta.

-No es nada, estoy esperando una llamada de mi madre.

- ¿De verdad que no es nada? Estoy muy preocupada por ti.

-Sí, tranquila.

Asiento y dejo el tema.

-Gracias por su compra -la chica entrega el café al último cliente que hay en la cola antes que nosotras.

Pongo mis manos sobre el mostrador y miro la carta. Erika se pide un Frappuccino con caramelo y yo me pido un café latte con canela. La camarera escribe nuestros nombres en el vaso de plástico y nos pide que esperemos un poco para que los prepare.

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