Capítulo 7.

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Estas semana se me había pasado en un abrir y cerrar de ojos.De la nada ya estábamos en Mónaco.

En esta semana he estado bastante cerca de Nico, pasamos la mayor parte de la semana juntos.Cada día que pasaba conocía algún diferente rasgo suyo, cada vez me gustaba más.

Este viernes se suponía que íbamos a cenar con el equipo en algún restaurante de Mónaco, pero una tormenta se anticipó y mi hermano y sus 'secuaces' decidieron que el único que saldría del hotel hoy sería Nico, pero solo para poder irse a su casa.

Me encontraba en mi habitación aburrida tirada en la cama cual foca mientras Nico miraba la televisión con aires de aburrimiento también, llevaba unos días planeando llevarme a todos los sitios posibles hoy, pero la tormenta se interpuso en nuestros planes.

-Nico...

-¿Estás pensando lo que yo creo que estás pensando?

-¿Que crees que estoy pensando?-sonreí divertida.

-A la mierda las órdenes, con lluvia o sin lluvia hoy salimos.-me ofreció su mano para ayudar a levantarme a lo que yo accedí divertida.Me puse mi abrigo color crema y salimos sigilosamente de la habitación.

Lo malo, fue que el pasillo estaba apagado y no encontrábamos en interruptor por ningún lado, tendríamos que cruzarlo a oscuras.

-Ni lo busques más, Juliet, así es más divertido.-me agarró por la cintura para no perderme y seguimos andando con cuidado.Lo que no esperábamos es que se encendieran las luces de repente y encontrarnos con el rostro cansado y a la vez incrédulo de Hamilton.

-¿Qué se supone que haceis? -nos fulminó con la mirada, pero centro su vista en mi.

-Pues, a ver, que se me olvidó el paraguas y bueno, mi querida amiga Juliet me va a acompañar hasta el coche, a que sí cielito.-me guiñó un ojo.

-Cla-claro, es que Nico en serio,¡En que pensarás!-sonreí nerviosa, Hamilton mantuvo la mirada puesta en nosotros un rato pero finalmente gruñó y se metió en su habitación.

-Jo, con la luz apagada era más divertido.-murmuró el alemán haciendo un pequeño puchero.

-Sí...me daba la sensación de vivir la vida al límite.-dije abriendo el paraguas a la salida del céntrico hotel.

-¿Que te apetece hacer, bonita? Hoy mandas tú

-Llévame a algún sitio que esté bien, señor Rosberg.-me cogió de la mano y me guió por una calle de Mónaco repleta de gente, ya no llovía mucho.

-Aquí estamos.-entramos en una pequeña heladería.

-Marion,¡buenas noches!-Nico saludó con un abrazo a una señora de unos setenta años que esperaba detrás del mostrador.

-Nico que gusto verte, Rupert y yo te apoyamos siempre por la televisión, eres un gran piloto, como tu padre.-Nico la abrazó y le dio gracias por la comparación.

-Marion, mira, ella es Juliet, la hermana de mi jefe.

-Un gusto conocerla señora.-sonreí.

-El gusto es mio, guapa,¿Sólo es la hermana de tu jefe?-elevó una ceja.

-Por ahora no aceptó ser nada más, es una chica dura.-Nico me lanzó un besó.-Juliet, yo venía siempre a esta heladería después de clases, incluso estudiaba aquí, en la casa de Marion, su marido es un buen profesor de español.

-Sí, que buenos tiempos, hijo...-suspiró Marion.-¿Que vais a querer?.

-Pues lo de siempre, helado de limón con trocitos de chocolate,¿Tú que quieres bonita?-me preguntó.

-Lo mismo.-la señora nos sirvió los helados y después de despedirnos de ella salimos del establecimiento, aprovechando que por ahora había dejado de llover.

Caminábamos de la mano y hacíamos el payaso, la gente nos miraba con cara rara y Nico intentaba fijarse si entre todas las personas había algún periodista.

Cuando ya estábamos llegando al hotel, empezó a llover con más fuerza que nunca.

-Nico,¿Y el paraguas? Lo tenías tú...-me solté del alemán y miré su otra mano.

-Oh-oh, creo que me lo he olvidado...-se llevó una mano a la cabeza.

-¡Oh dios mio! Nos vamos a mojar mucho-dije observando mi pelo, ya bastante mojado.

-¿No decías que te gustaba vivir la vida al límite, princesa?-se rió y le di un empujoncito y avancé rápido hacia el hotel.

Él me cogió de la mano y me atrajo hacia sí,nuestros rostros estaban muy cerca y sentía su respiración agitada.Me elevó el mentón y presionó sus labios contra los mios, fue un dulce beso bajo la lluvia que ninguno de los dos quisiera que terminara.

-Buenas noches Juliet, te quiero.-me dio otro corto beso y se alejó hacia su coche.

Yo me quedé anonadada mirando como el alemán se alejaba, pensando en lo que acababa de ocurrir.

-Yo también te quiero.-murmuré.

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