Capítulo 39- (Final)

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La destrucción : Estación Holbein.

12 de noviembre, 2019.
Ubicación: Quizá Piotet sea una opción.

🏹Baniely.

Su respiración subiendo y bajando, de pronto parecía que era la primera vez que nos veíamos en años.

Él quería acercarse más, me contemplaba con tristeza.

Yo daba un paso atrás, lo veía con miedo.

Me quería a su lado.

Lo quería lejos de mi.

— Espero que vengas a despedirte, odio verte aquí, tú descaro es impresionante — no titubeé ni una sola vez al hablarle.

— Ya te ibas, adelante — tenía bastante tiempo que no oía su voz, sonaba tan extraña para mí que lograba enviar escalofríos en mi cuerpo.

— Dirás algo que hará que me quede — acepté molesta.

— Razonas bien. No estás tan loca después de todo.

— Si buscas a Kahler, debe estar...

Su risa algo ronca me calló por completo, se achicaron sus ojos y rompió la poca distancia que había entre nosotros. Iba dar otro paso atrás, él me detuvo repentinamente; tomando mi rostro y lo giró lentamente hacia la izquierda. Ambos veíamos las escaleras, estuve lista para golpearlo con ayuda de mi rodilla, pero mi mirada empezó a divagar al ver a un chico bajando rápidamente.

— ¿Qué hacen, Heng? — esta vez mi voz si temblaba un poco.

Haiol caminaba tan seguro hacia nosotros, no esperaba verlo, realmente deseé tanto no encontrarme con él que en ese instante; ya era muy tarde para desear muchas cosas más. Latía con fuerza mi pobre corazón, si me daba un infarto sería tan afortunada, pensar en lo que Haiol podría hacerme me tenía tan aterrada que comencé a enterrar mis uñas en los brazos de Heng. Él no se quejó y eso me mantuvo esperanzada ante la idea de lastimarlo y salir corriendo porque era lo único que se me ocurría.

— No dejes de mirarlo— Heng me susurraba.

— Deja que yo escape — le suplicaba en voz baja.

— No puedo, loca — estaba segura de que incluso sonaba decepcionado al decirlo.

— ¿Te uniste con él?

— Cierra los ojos — me pidió, su agarre disminuía en mi rostro.

— Termino haciendo lo que quieres — cerré mis ojos, me concentré en nuestras respiraciones, ignorando todo el ruido que existía haciéndonos compañía.

— Puedes abrirlos, ya llegamos.

¿Cómo qué ya llegamos? No pude más con toda mi desesperación y le di una patada en sus testículos, se retorció al instante por el dolor y antes de que pudiera incorporarse, le propiné un puñetazo en la cara.

— ¡Estás más loca que la primera vez que te vi! — continuaba quejándose—. ¿Tanta envidia le tienes a mi nariz? Me pregunto si esta vez lograrás que se vea tan exótica.

— Mañana te respondo.

Corrí como nunca en mi miserable vida y me aseguré tanto de evitar detenerme por lo que pareciera más insignificante; que noté algo tarde lo que había sucedido cuando obedecí a Heng y cerré mis ojos. Estábamos en un lugar oscuro donde el sonido de los autos lograba hacer un extraño eco, era como si cada vez que pasara algún vehículo la tierra temblara un poco. Y al pasar me refería a ese viaje por carretera que posiblemente sucedía arriba de nosotros. Sentí como los espacios y las paredes metalizadas vibraban, aturdían los oídos por el ruido. Levanté la vista, sentía que el techo caería en cualquier momento, todo estaba tan oscuro que al sentir gotas de agua cayendo sobre mi cuerpo llegué a creer que podría ser todo, menos agua.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora