局 D穩a: 10

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El destino actúa de una forma inusual.

Nunca tendremos la certeza de que viviremos cada día. Hoy, podemos despertar, darnos una ducha de agua caliente, ponernos nuestro mejor pijama para quedarnos en casa mirando películas mientras devoramos una gran bolsa de papas. Mañana, podemos salir de casa con toda la actitud con la idea de pasar un genial día en el exterior.

Kim Taehyung nunca imaginó que ir al autolavado le traería lo que ahora sería al amor de su vida.

Por otra parte, Jeon Jungkook no esperó que hacerle caso a su padre en abrir un autolavado, conllevaría que conociera al hombre que ha entrado a su corazón como una astilla pequeña difícil de sacar.

Se podría comparar como caminar tranquilamente por las calles transitadas, con los audífonos puestos escuchando buenas canciones, con la vista puesta en el piso, dicho lugar donde sorprendentemente te encontraste un billete.

El amor era así, muchos tenían la suerte de encontrarlo de manera fácil y rápida. Otros, tardaba años en que esa persona llegara a su vida tocando la puerta.

Eran jóvenes, bastante para ser sinceros, pero ¿Lo eran para el amor?

Claro que no.

Diez días, diez malditos y hermosos días.

Antes de abandonar su oficina, Kim Taehyung acomodó su abrigo de lana. Con ayuda de sus dedos peinó un poco su desordenado cabello, del bolsillo delantero de su pantalón sacó un bálsamo labial el cual pasó delicadamente por sus belfos humectándolos.

Su mochila que descansaba en el sofá fue alzada y la acomodó en sus hombros. Abandonó su oficina después de apagar las luces y colocar el seguro. Se despidió de Wheein quien permanecía sentada en su área de trabajo, la rubia le sonrió y le guiñó un ojo.

Unos segundos tardó dentro del elevador que lo llevó al parqueadero, presionó un botón del control para retirar el seguro de las puertas de su auto. Su mochila fue dejada en los asientos traseros, se sentó en el puesto de piloto y puso en marcha su auto, acomodando al mismo tiempo el retrovisor.

Se carcajeó al llegar a su destino, no tardó ni un minuto en llegar a ese lugar donde inició todo, ese local que fue el medio para unir dos corazones que se anhelaban sin aún conocerse.

Unos orbes negros brillantes lo miraron con amor y cariño, una sonrisa se formó en ese aniñado rostro, tan radiante como los primeros rayos solares que iluminan un cielo oscuro en medio de la madrugada.

Suspiró, pero no un suspiro cualquiera, era uno de enamorado, de esos que cualquier persona en su alrededor podría tomarlo como tal. Acarició un poco de esa mejilla blanquecina, pasando su dedo pulgar por esa diminuta cicatriz que decoraba su pómulo. Se acercó lo suficiente hasta unir sus labios color carmín con los belfos delgados de su pequeño.

—¿Seguro que les caeré bien? —su voz, su preciosa voz sonaba asustada.

—Les caerás más que bien, precioso —escuchó un suspiro, al poner en marcha en auto colocó su mano en la pierna de Jungkook, dejando leves caricias intentando calmar su nerviosismo.

—Ni siquiera me veo presentable —un puchero se formó en sus labios.

—¿Que dices? —Taehyung lo miró de reojo. —Con un overol me enamoraste... Joder, Jungkook, como me encantaría que pudieras verte por medio de mis ojos.

El de menor edad se dejó caer en su totalidad en el asiento, volteando un poco su rostro a la derecha para mirar la vista que le otorgaba la ventana. De fondo, 7 rings de Ariana Grande se podía escuchar dando un ambiente cálido como también movido.

Car Wash | KOOKVDonde viven las historias. Desc繳brelo ahora