局 D穩a: 5.2

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Jungkook estaba dentro del local, sentando encima de un balde vacío, sus codos descansaban en sus piernas mientras sus manos sostenían su cabeza

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Jungkook estaba dentro del local, sentando encima de un balde vacío, sus codos descansaban en sus piernas mientras sus manos sostenían su cabeza. La música que Jimin había colocado en un parlante que sonaba peor que la radio vieja del abuelo en Busan, le quitaba al menos un poco lo aburrido al ambiente.

Hacía un calor totalmente asqueroso, quien diría que después de una mañana fría, saldría un sol radiante. Por eso mismo, algo ofuscado, se levantó de su asiento, quitó las tiras de su overol dejando este sosteniendo solamente de su cadera y se sacó la camisa básica blanca que traía puesta, dejando al descubierto su torso sudoroso.

Sonrió y dejó salir un sonido satisfactorio cuando el viento chocó contra su espalda que tenía gotas de sudor, se colocó en su hombro una de las tiras del overol tapando así un poco de su desnudez. A pasos lentos se dirigió a la "oficina" que parecía más un tiradero de cosas donde claramente tiró su camisa cayendo en cualquier lugar. Por unos minutos se quedó de pie mirando a Jimin quien contaba el dinero ganado en la mañana, aún no entendía como ambos habían terminado abriendo un autolavado.

Y es que, Jungkook tiene solamente dieciocho años, ¿Qué hacía lavando carros todos los días?

La necesidad de dinero.

Eran vacaciones de verano, dos meses donde ambos estarían en casa -porque si, vivían juntos- sin hacer absolutamente nada, sin dinero para comprar por lo menos una bolsa de mangos con la señora de la esquina y sin amigos porque ninguno de los dos le hablaba a alguien más que no fuera a Yugyeom o Jackson, por eso no duraron en aceptar la propuesta del padre de Jungkook, de abrir un autolavado por las vacaciones, aunque estaban hartos del sol, las personas y que los dedos de sus manos pasaban como una pasita a causa del agua, tenían dinero para comprar lo que quisiesen y eso, joder, eso les tenía una sonrisa en el rostro.

Pero, ahora no lo motivaba solamente el dinero que podría ganarse.

La mayor motivación por el cual ahora se despertaba temprano, arreglaba su cabello e incluso limpiaba sus overoles cada noche, tenía un nombre y apellido, unos ojos miel hermosos y la piel canela más exquisita que sus ojos hayan visto.

En solo dos semanas, el castaño había visitado el local cuatro veces, la misma cantidad de veces que Jungkook necesitó para caer redondito en esos cabellos castaños, era mirada profunda y tierna a la vez, en ese chico que le movía el piso peor que un jodido terremoto.

Jungkook esperaba todos los días ansioso que cierto niño bonito apareciera con una sonrisa cuadrada tímida y unas mejillas sonrojadas mientras jugueteaba con sus dedos y apartaba la mirada, su cabello totalmente despeinado y vestimentas que no iban para nada acorde con el auto que siempre llevaba. El pelimorado no podía evitar sonreír como un tonto enamorado cada vez que pensaba en Taehyung, en los lunares que pudo notar que decoraban su rostro, su aura, su forma de ser, su inocencia y belleza, maldita sea, Kim era una obra de arte que él estaba dispuesto a admirar por el resto de sus días.

Car Wash | KOOKVDonde viven las historias. Desc繳brelo ahora