La mañana siguiente no fué mejor que las demás. Me desperté con la misma hambre de siempre. Mi estómago rugia a causa de la falta de comida. 

Mis ojos aun estaban adormilados cuando bajé a la cocina, pero estaba segura de lo que habia visto cuando me asomé a la puerta de cristal que daba al jardín. Joey estaba limpiando la piscina solo con un pantalón de chándal gris corto por las rodillas. Parecía que se lo estuviera pasando en grande, como si le diviertiera estar quitando la porqueria de nuestra piscina.

No me paré a hablar con él, simplemente me dirigí a la cocina, a la espera de encontrar a mi madre y preguntarle que narices hacia Joey a las ocho de la mañana en casa.

Visualizé a mi madre, que estaba hablando con una vecina en el porche de casa. Esperé a que entrara para hablar con ella porque no me caia muy bien la señora Duffy. Era una mujer de unos sesenta, con cara de amargada, para ser sinceros, la odiaba. 

-Que pesada es esta mujer- Dijo mi madre una vez estuvo dentro de casa. Todavia no se habia dado cuenta de que yo estaba alli- ¡Oh! Cariño no te habia visto, ¿que ocurre?

-¿Que ocurre? ¿¡Que ocurre?!- Grité un poco más alto que de costumbre. Mi madre me miró incrédula, esperando una explicación por mi parte- ¿Que hace Joey aqui metido a estás horas? ¡Ni siquiera són las ocho mamá!

-Está limpiando la pisicina- Dijo con obviedad.

-No me digas- Le espeté sarcástica- Sigo pensando que no es una buena idea que trabaje aquí.

-¿Por qué?

-No sé...

-Pues piénsalo rápido.

-¿Por qué?

-Porque viene hacia aqui- Rapidamente giré sobre mi misma para encontrarme con la sonrisa de oreja a oreja de Joey.

-Buenos dias- Me dijo. Sonrei a modo de respuesta.

-¿Que es lo que quieres?- Preguntó mi madre.

-He terminado con la piscina- Aclaro él con una sonrisa torcida. Me daban ganas de descuartizarle cuando hacia eso.

-Esta bien, ahora tienes que podar el césped- Mire a mi madre con frustración, ¿no se supone que solo era limpiar la piscina?

-Hecho- El chico me guiño un ojo y se dirigió hacia el jardin de nuevo.

-Cielo...- Me dijo mi madre con una sonrisita oculta- Deberías cambiarte, tenemos gente en casa y tu vas echa un cristo- Fulminé con la mirada a mi madre que soltaba una pequeña sonrisa mientras me daba un beso en la cabeza.

Subí a mi cuarto indignada. Odiaba tener que aguantar a Joey en clases, pero es que encima, tenia que aguantarle en mi própia casa también, esto se estaba yendo de madre.

Abrí el gran armario de mi habitación y rebusqué algo que me quedara bien. Habia quedado con Brooke en una hora y ella odiaba que la hicieran esperar. 

Al final me decidi por una camisa completamente blanca, unos pantalones vaqueros claros y unas botas marrones. Me gustaba ir arreglada. Brooke decia que era una "pijita" pero no era mi culpa que me gustaran las marcas caras (eso no quiere decir que siempre me las compraran)

Para finalizar peiné mi larga cabellera rubia y la dejé suelta, al aire. Me puse un poco de maquillaje para tapar algunas ojeras y bajé las escaleras corriendo.

-Mamá, tengo que irme ¡Te quiero!- Grité una vez en la puerta. Brooke me esperaba con su Fiat delante de mi casa. Me saludó con la mano y yo repetí su gesto.

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