—¿Por qué un ángel? Los ángeles ayudan y protegen a los demás, yo no protejo a nadie, ni siquiera a mí misma

—Eres un ángel, porque las personas que se cortan son ángeles que desean volver al cielo. Aparte de que salvaste a alguien. A mí, demonios, me diste esperanza, porque lucias tan fuerte cuando Damián te trataba tan mal y eso me hacía pensar que yo era un marica comparado contigo. Tan fuerte como una roca.  

—Parece que Alaric se enamoró —dice la mujer canosa, él negó con su mirada pegada en mí —no lo niegues, te conozco desde hace más de un año y tus ojos tienen un brillo que nunca había visto —baje la mirada, apenada. Nunca había tenido contacto con un hombre, bueno, sí, pero eso había sido hace mucho tiempo.

Había olvidado lo que se sentía sonrojarse al escuchar un cumplido, había olvidado el simple hecho de tener una conversación con alguien; una conversación amable.

No te olvides no tus voces, siempre hablas con nosotras. Así que no haz olvidado lo que es hablar con alguien.

—Mejor demos por terminada nuestra sesión, la próxima vez nos contarás la historia detrás de las cicatrices.

No habrá una próxima vez. Quedaras tan asustada que ni siquiera saldrás de tu habitación.

¿Por qué me asustaré? No bromeen, pequeñas voces.

Será una sorpresa hermosa, tan hermosa como dice ese chico que eres. Podrías morir de la felicidad.

Tu mente es débil, Jezabel. Podremos jugar tanto como queramos y no podrás hacer nada para evitarlo, somos los dueños de tu cuerpo. De ese obeso cuerpo lleno de cicatrices.

—Jezabel ¿Vamos? —Alaric pasa su mano por mi rostro, reacciono y asiento… esperen ¿A que estoy diciendo que sí? —entonces ¿qué quieres; Pizza o hamburguesas?  

—¿qué?

—Acabas de aceptar ir a comer conmigo, será como una cita. Podríamos compartir historias y tal vez conseguir una sonrisa por parte tuya. Moriría por verte sonreír.

¿Comer? Yo no como con nadie.

En realidad no comes nada. No importa si estás sola o acompañada. Solo recuerda la comida hace engordar y tú ya estas lo suficientemente gorda

Ignora la invitación. Inventa una mentira, miente, como siempre lo haces. Tú tienes una cita conmigo, amaras la sorpresa que te espera en casa

—Lo siento, no estaba escuchando pero no puedo ir contigo a comer. Tengo que llegar a casa o mamá me matará —literalmente, es capaz de eso y más. —solo por favor llévame a casa —necesito saber a qué se refieren mis voces

—Otro día será ¿verdad? —pregunta y su mirada es muy tierna, mi corazón se ablanda, me da pena tratar así a la persona que está ofreciéndome ayuda —Vamos, te llevaré a tu infierno para después ir al mío —asiento y bajo la cabeza.

Prepara ese corazón tan grande que tienes, porque lo que viene puede hacerte morir de la sorpresa.

Maldita sea, dejen de hablar, solo por un momento. Necesito un descanso.

Pronto descansaras, querida. Pronto uno de tus demonios dejará de existir.

Ni siquiera me había dado cuenta el momento en qué entré al auto y mucho menos el hecho de que estaba frente a mi casa —Eso fue rápido.

—No, de hecho duré un poco más. Disfruto de tu compañía, pero al parecer tu solo te encierras en ese caparazón al cual soy incapaz de entrar  —Nadie entra al caparazón de una suicida. —Aunque me conformo con tenerte cerca.

—¿Por qué haces esto? No me conoces, porque estas tan loco por mí.

—Porque es imposible no adorar a una chica como tú, eres perfecta tal cual eres, Jezabel.

—No digas eso. Nadie puede amar a una chica con cicatrices.

—Yo lo hago. Me agradas y quiero que salgamos juntos de esto.

Vamos, deja al chico de porcelana y entra en la casa. AHORA.

Cierro los ojos y hago una mueca al escuchar el grito —Me tengo que ir —salgo y cierro la puerta del auto de Alaric. Camino pesadamente hasta la casa.

No es tan tarde, pero la casa tiene una luz encendida. Lo cual es muy extraño porque mi madre nunca está en casa, camino más rápido porque me siento intrigada de la razón por la que mi madre está en casa.

Abro la puerta y me encuentro con una sala vacía, solitaria ¿Por qué tener una luz encendida si no la necesitas?

Un golpe me hace dar un respingo ¿Qué fue eso?

Que empiece el diversión ¿estas lista, Jezabel?   

Camino hacia el origen del golpe. Es la habitación de mi madre, la puerta se encuentra entreabierta lo cual me deja ver que el lugar está oscuro. —“ Tal vez está borracha” —pienso. En mi mente corre la idea de dejarla ahí pero algo en lo más recóndito de mi corazón me dice que vea si está bien.

Hago caso a ese pequeño sentimiento y empujo la puerta. La oscuridad no me deja ver bien, por lo que enciendo la luz e inmediatamente me arrepiento de haberlo hecho.

Me encuentro con el cuerpo inerte de mi madre, un lamento sale de mi boca al ver la sangre correr por el piso —¿Quién te hizo esto? —susurro abrazando a mi madre, llenándome de sangre. —Dios mío ¿Qué está pasando? —mi madre no se mueve, no respira; está muerta. Lloro, por perder a mi madre, aunque no me tratara bien seguía siendo mi madre, la odiaba, lo acepto, pero no la odiaba tanto como para quererla muerta —Mamá —grito —no me dejes, vuelve conmigo —sollozo mucho más fuerte ahogando los gritos contra el cuerpo de mi madre.

¡SORPRESA!

Ahora, mira el espejo.

Lentamente volteo mi rostro hacia el espejo, todo se ve demasiado borroso, las lágrimas en mis ojos me impiden ver bien. Tomo varias respiraciones antes de limpiar mis ojos con mis manos, succiono por la nariz y me acerco al espejo, dejando el cuerpo de mi madre, ahí tirado, junto a toda esa sangre.

Unas letras en el espejo me hacen tener un escalofrió, ahogo un grito con mi mano. Son letras escritas con la sangre de mi madre, es demasiado tenebroso.

¿SIGUES PENSANDO QUE NO EXISTIMOS, JEZABEL? 

COMENTEN Y DEJEN VOTO. QUIERO SABER QUÉ PIENSAN DEL CAPÍTULO :D

BESOS Y APAPASHOOOS 

Cicatrices¡Lee esta historia GRATIS!