Capítulo 47: Dos son mejor que uno

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Narra Erika

La brisa de aire jugueteaba con un mechón de mi pelo, haciéndome cosquillas en la punta de la nariz. Este molesto gesto me hizo desperezarme lentamente de mi sueño profundo.

Mi mejilla que había impactado contra el suelo horas atrás se hizo la protagonista de mi despertar, taladrándome como mil demonios del dolor.

Seguía en la misma posición en la que me quedé al desmayarme y no había rastro de Vladimir en el cuarto, ni de restos que hubiera dejado tras mi ida. Parecía que había desaparecido sin importarle lo más mínimo.

Mientras mis ojos escaneaban la estancia la molesta brisa me obligo a mirar por debajo de la cama, la cual oscura solo dejaba a la vista lo que un rayo de sol permitía distinguir; una pequeña brecha.

Al tiempo que mis ojos se ajustaban y mi vista se aclaraba me percaté que aquella brecha era demasiado recta como para ser causa de los años, y que detrás no debería haber ninguna corriente de aire.

— Una puerta... -susurre a mis adentros, y sonreí tontamente.- Una puerta...

Arrastre mi cuerpo debajo del somier y palpe con mis dedos torpemente lo que parecía un pequeño tirador. Mis dedos llegaron un poco más abajo donde se sentía una cerradura.

Mordí mi labio, decepcionada, mis esperanzas de que estuviera abierta habían aumentado por la emoción del momento.
Pero una puerta escondida y con llave no debería ser fruto de un armario corriente o un tonto escondite. No sería una idea descabellada que tuviera una salida al exterior.

Mi corazón se aceleraba al configurar estas teorías y la sonrisa en mi rostro se hacía cada vez más grande. Todo esto es esfumo cuando escuche pasos provenientes del pasillo.

Con rapidez me deslicé de nuevo a fuera y rápidamente me senté a un lado, con la mirada clavada en la puerta y el cuerpo congelado esperando al autor de aquellas pisadas.
La puerta se abrió de la mano del ruso.

— Estas viva.

Lo dijo con una pizca de sarcasmo que me revolvió las tripas.

— Te vienes conmigo abajo. —aclamó y me hizo un gesto con la cabeza.— Levántate y aséate.

Me escolto hacia el cuarto del baño donde me observo desnudarme y ducharme. Para fortuna o lo contrario, le noté en un tono más serio y no tuvo la intención de asaltarme ni propinarme sus innecesarios comentarios.

Íbamos a paso ligero por los largos pasillos, y a pesar de apenas poder andar derecha por el dolor de mis piernas, no quería que mis torpes pasos rompieran la calma que nos sumergía.

Detrás de la puerta del comedor se encontraba la bruja, que ya había tomado su asiento en la larga mesa repleta de comida, limando sus garras verdosas con un cuchillo.

— Buenos días, o eso me gustaría poder decir. -me dirigió la palabra, aunque seguía sin prestarme atención.- Toma asiento.

La calma del ambiente era tenebrosa, muy lejos de ser algo tranquilo. Hice lo que me ordenó y pronto estuve frente a ella, donde el olor a mar se junto con el de la fruta provocándome náuseas.

— Tus amigos no se dan por vencidos, eh.- río. - Aunque debo admitir que no me esperaba un acontecimiento tan inesperado.

— No entiendo. -me limite a decir, no entendía nada.- ¿Que acontecimiento?

Sentí a Vladimir de pie detrás de mi.

— Tu amigo Valkyon y tu amigo Ashkore... -finalmente despegó los ojos de sus uñas y me miro a la cara.- Se han unido para putearme.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora